Reflexiones desde el Cursillo ¡Gracias!

Al entrar a un pueblo, diez hombres leprosos le salieron al encuentro. Se quedaron a cierta distancia y gritaron: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”.Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban quedaron sanos. Uno de ellos, al verse sano, volvió de...

Al entrar a un pueblo, diez hombres leprosos le salieron al encuentro. Se quedaron a cierta distancia y gritaron: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”.Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban quedaron sanos. Uno de ellos, al verse sano, volvió de inmediato. Llegó alabando a Dios en voz alta y echándose a los pies de Jesús, con el rostro en la tierra, le daba gracias. Este era samaritano. Jesús entonces preguntó: “¿No sanaron los diez? ¿Dónde están los otros nueve?¡El único que ha vuelto a alabar a Dios a sido este extranjero!” En seguida dijo al hombre: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”.Son pocas las personas agradecidas porque no se trata de decir gracias en el momento de recibir un beneficio, sino en ser o estar siempre agradecidos con quienes nos han ayudado, con quienes nos han puesto el hombro o nos han dado la mano en momentos críticos de nuestra vida, debemos ser personas agradecidas, primero porque la gratitud nace de un corazón noble; saber reconocer el bien recibido es de personas de una conciencia recta, de buenos principios y de buenas inclinaciones, el agradecido es un ser noble.¿Y que puede pensar el que nos ha hecho un bien si el día de mañana nos olvidamos del favor recibido y no sabemos devolver un favor sino por el contrario devolvemos mal por bien?La gratitud es una virtud que nos debe acompañar a través de toda nuestra vida.Por eso hasta Jesús se extrañó de la ingratitud de los nueve leprosos que no volvieron a darle las gracias.Eso ocurre también con quienes nos ayudan y nosotros los olvidamos, la ingratitud provoca resentimiento en las personas benefactoras.Muchos dan gracias en una carta o por medio de  una tarjeta, es bueno, pero allí falta la emoción de la mirada húmeda, falta el apretón de manos, el abrazo estrecho con los ojos cerrados, o la devoción silenciosa del que se pone en la presencia de alguien que nos ha llegado al corazón, por eso los poetas han escrito hermosas palabras, como dice el poeta Wlfred B.M. Galán: ¡Gracias le digo al viento y a la nube! Y a la flor del camino y a mis hijos, a quienes doy lo que yo nunca pude conseguir con fortuna o sacrificio. A todo lo que he visto y he sufrido digo  en la tarde de mi vida ¡Gracias!No todos son capaces de agradecer, muchos ni siquiera pueden sentir la felicidad de percatarse de aquello recibido como un don, como un regalo, tanta es su tristeza, su amargura, su rencor, o su ruido interior que la felicidad pasa por sus manos acaricia su piel y ellos no se dan cuenta; no pueden atraparla ni disfrutarla, menos todavía agradecerle al autor de su dicha. Alguien dijo que solo puede agradecer el que ha descubierto la felicidad.Debemos reconocer lo que Dios ha creado para los hombres la belleza de la creación en sus flores en sus campos en sus mares y sobretodo la belleza del alma del hombre, la alegría de sentirse hermano, de tener una familia, un amigo, este reconocimiento nos hará aprender a dar gracias con el corazón.El Señor a través de los textos bíblicos nos invita una y otra vez a la felicidad, por eso nos propone ser agradecidos con el Señor y cantar sus alabanzas con el salmo 118 ¡Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor!

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