Hacer más y decir menos

Ese convencimiento nos hace percibir las acciones que se hacen en busca de las integraciones ya vislumbradas, muy débiles, insuficientes, dispersas y a veces, sinceramente, ineficaces. Preferimos creer que es nuestra natural impaciencia la que nos hace percibir eso, aunque tampoco descartamos...

Ese convencimiento nos hace percibir las acciones que se hacen en busca de las integraciones ya vislumbradas, muy débiles, insuficientes, dispersas y a veces, sinceramente, ineficaces. Preferimos creer que es nuestra natural impaciencia la que nos hace percibir eso, aunque tampoco descartamos que existen fuerzas antagónicas que hacen todo lo posible (y harían lo imposible) para evitar o perjudicar la integración.El anhelo y la necesidad de esa integración no son nuevos, pues a Simón Bolívar le debemos esfuerzos concretos para lograrla. Era un propósito claro y explícito, pero fue mañosamente combatido en su tiempo.Las instituciones creadas para el mismo objetivo con ya muchas, aunque algunas fueron inventadas precisamente para desviar los esfuerzos hacia objeticos diferentes, engañosos y el caso más notable es el de la OEA y otras entidades “panamericanas” que incorporan precisamente al poder que pretenderá a toda costa mantenernos subordinados, como “cosas” de su patio trasero.Alba, Mercosur, Banco del Sur, Unasur están en la línea integracionista correcta o al menos proclaman estarlo, pero los hechos son amores y no sólo las buenas razones y últimamente estamos sintiendo que nos faltan hechos concretos.Vamos al grano. Los recursos financieros de nuestros países se siguen manejando, directa o indirectamente, en los parámetros dictados por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, los tres pilares fundamentales del poder subordinante del cual decimos que vamos a liberarnos.Es evidente que en muchos casos lo que dice, lo que se proclama, lo que se firma inclusive, no corresponde con lo que se hace y ahí sí hay que actuar, enmendando esa contradicción, que no es sólo impresión nuestra, sino un hecho demostrable.No es sin motivo que el saber popular está colmado de expresiones que se aplican a esto como anillo al dedo: Obras son amores y no buenas razones, es la más conocida, pero mucho hemos utilizado también la de hechos y no palabras y hasta en el ámbito religioso se suele decir que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.Deben ser más visibles y más contundentes las acciones concretas y menos los discursos y las promesas. El Banco del Sur debe comenzar a operar realmente, es prioritario. El uso del SUCRE en reemplazo del decadente dólar debe notarse y eso quisiéramos percibirlo día a día. Seguimos teniendo confianza en la insubordinación fundante de nuestros países y por eso criticamos con mucha cautela a los organismos que están a cargo. Porque la integración latinoamericana tiene sus propios enemigos, que son muchos y muy fuertes.Nosotros somos sus amigos.

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