Tiempo de petroquímica
En esa condición y con comprensible inquietud, en uno de sus últimos análisis se ocupó del reiterado anuncio de Petrobras de “no incrementar sus importaciones de gas boliviano por el momento”, que se puede interpretar también como probable disminución de tales importaciones.Basando su...
En esa condición y con comprensible inquietud, en uno de sus últimos análisis se ocupó del reiterado anuncio de Petrobras de “no incrementar sus importaciones de gas boliviano por el momento”, que se puede interpretar también como probable disminución de tales importaciones.Basando su análisis en muy buenas fuentes, Prado, al ocuparse del asunto indicado también se preocupa, porque, en sus palabras, que preferimos reproducir textualmente: “No debería preocuparnos toda esa cadena de perjudiciales equivalencias si en Bolivia se hubieran desarrollado mercados externos alternativos e interrumpibles y/o un mercado interno que pueda absorber los volúmenes que Brasil deje de importar… El Mutún, la industrialización en todas sus formas, la generación de energía termoeléctrica para su exportación, etc. son todos proyectos que bien podrían demandar los volúmenes “despreciaditos” por Brasil pero lastimosamente todos esos son proyectos que todavía están en pañales o en papeles dependiendo el caso”.Compartimos plenamente la honesta preocupación de Prado Liévana, quien concluye su análisis preguntándose: ¿Qué hacer? ¿Qué no hacer?Lo que se debe hacer y lo que no se debió haber hecho con el gas no son secretos. Se ha clamado hasta la necedad por la industrialización de ese recurso, no solo en las páginas de este periódico, sino en muchos otros espacios, pero siempre infructuosamente.Hemos denunciado una y otra vez el perjuicio de exportar gas con hidrocarburos líquidos que bien pudieron destinarse a iniciar a Bolivia en la ruta de la petroquímica, puesto que desde hace más de medio siglo esa posibilidad existe y tuvimos, inclusive, ventajas adicionales para hacerlo cuando apenas comenzaba a funcionar el pacto andino, allá por los años 60 del siglo pasado.Con esa ilusión hemos aplaudido la nacionalización del gas y del petróleo y con la misma intensidad hemos criticado, de frente y sin eufemismos, la mala conducción que el Estado ha realizado del tema, inmediatamente después de ese histórico decreto 28701, firmado por Evo Morales y sus ministros el 1 de mayo del 2006 y en el cual muchos bolivianos pusimos tantas esperanzas que lamentablemente, se han ido desvaneciendo.Entonces, el gobierno sí sabe lo que hay que hacer, pero no ha tenido la voluntad política para hacerlo y cada día que pasa el costo de oportunidad es más alto. Creemos, sin embargo, que el tiempo para industrializar el gas, el tiempo de la petroquímica boliviana, todavía no se ha agotado. Tenemos reservas internacionales significativas que podrían solventar parte de ese desarrollo.No vamos a resignarnos a que audaces especuladores sin patria puedan lograr emprendimientos empresariales que todo un país, con la firme voluntad de hacerlo, no pueda sacar adelante inclusive con ventaja.Aquí, rotundamente, se debe cumplir eso de que querer… es poder.


