¡Qué año tan intenso!

Porque ese debería ser el procedimiento y no simplemente fungir de “analistas” con conocimiento superficial de los temas.Los sucesos llegan precipitadamente y hay que esforzarse para no tomarlos a la ligera. Porque no merecen eso y, además, hay que ser consecuentes a la hora de exponer los...

Porque ese debería ser el procedimiento y no simplemente fungir de “analistas” con conocimiento superficial de los temas.Los sucesos llegan precipitadamente y hay que esforzarse para no tomarlos a la ligera. Porque no merecen eso y, además, hay que ser consecuentes a la hora de exponer los resultados de los análisis.Vemos, en cambio, inconsecuencias a diestra y siniestra. Sin ir más lejos en las declaraciones de nuestro presidente, que fue de los pocos que dejaron explícita su oposición a la intervención militar “contra” Libia, que los medios informativos internacionales se empeñan en llamar intervención militar “en” Libia.La postura presidencial es respetable, pero sería mejor si fuera consecuente y se opusiera también a la ocupación militar de Haití donde, como agravante, Bolivia mantiene un contingente de soldados “cascos azules” en la eufemísticamente llamada Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH), que entre otras desgracias llevaron a la isla una epidemia de cólera que ya casi nadie menciona.¿Pero cómo podemos insistir en la importancia de ser consecuentes si todos los protagonistas del ataque militar repiten cada vez que tienen oportunidad que lo están haciendo, es decir están bombardeando Libia, “para proteger a la población civil”? O sea que los civiles que maten las bombas de la OTAN (en la primera andanada se lanzaron más de cien misiles) ¿son civiles que morirán “protegidos”? Esas bombas no diferencian civiles inocentes de beligerantes. No lo hacen en Irak, no lo hacen en Afganistán y no hay manera de que lo hagan en Libia. Pero tenemos que tragarnos entero, una y otra vez, ese absurdo de “proteger a los civiles”. No hay derecho.Ahora, con seguridad que el bombardeo de Libia desplazará a informaciones de tanta importancia como el desastre en Japón, las guerras de alta intensidad en Irak y Afganistán, las elecciones en Haití donde insistimos no hay argumento para mantener soldados bolivianos. Uno de esos temas, nacional, además, es otra muestra de la incoherencia o inconsecuencia (ya ni sabemos cómo llamarla) de mantener prestados a los tesoros públicos, bancos y entidades financieras preciasmente de los países agresores de Libia, como Estados Unidos, Francia, España, Inglaterra, “ganando” intereses miserables, una alta proporción de las reservas internacionales de Bolivia. Después de mucha presión el Banco Central de Bolivia comprometió utilizar parte de esas reservas en créditos para proyectos nacionales, pero hasta la fecha, eso es mínimo, casi imperceptible.Tenemos los informes al 31 de diciembre que confirman esa falta de coherencia y tendrán que ser explicados más temprano que tarde por el gobierno. Por el propio presidente Morales, mejor, quien, para concluir con una moraleja, debería advertir con la lección de Gadafi que de nada le sirvió revertir la nacionalización del petróleo libio, porque igual le están cayendo ahora con todo. Esas potencias ahora se quedarán con el petróleo y con la misma cabeza de Gadafi, además de con el resto de ese país. Tendrán la soga y la cabra.Es algo que aquí se debería tener muy presente. Y, con más calma y análisis, nosotros seguiremos ocupándonos de estos temas.

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