Al Japón, gracias
Y nos ocupábamos para elogiar a esa nación oriental, que no solamente puso recuperarse de los catastróficos efectos de dos bombas atómicas que lanzaron allí los Estados Unidos, con el argumento (todavía cuestionado) de que era para rendir al Japón, terminar la guerra entre ambos países y...
Y nos ocupábamos para elogiar a esa nación oriental, que no solamente puso recuperarse de los catastróficos efectos de dos bombas atómicas que lanzaron allí los Estados Unidos, con el argumento (todavía cuestionado) de que era para rendir al Japón, terminar la guerra entre ambos países y evitar más muertes. Pero el Japón pudo recuperarse de eso, como se había recuperado antes de la intimidación del Comodoro Perry, que con el despliegue de los cañones yanquis no intimidó a los japoneses sino, al contrario, los estimuló a modernizarse para competir y finalmente ganar a la pretenciosa revolución industrial occidental. Porque la ganaron. Detroit, y sus emporios automovilísticos nacidos allí, eran actualmente en alta proporción de los japoneses, que pudieron no solo imitar bien sino mejorar los rendimientos de quienes, teniéndolos ya rendidos y ocupados por las fuerzas de Mac Arthur no pudieron, sin embargo, humillarlos ni vencer su orgullo nacional.Eso admiramos del Japón, y esta difícil prueba a la que ahora está sometido, por golpes de la naturaleza y por amenazas de la ciencia que tuvieron que emplear para compensar su carencia de recursos naturales, tampoco los doblegará.Porque hay que tener el espíritu japonés, el espíritu Meiji, para utilizar la misma fuerza que los mayó y mutiló por varias generaciones – la fuerza del átomo- para producir la energía que no podían obtenerla, con relativa facilidad, de carbón o hidrocarburos que a sus tierras les fueron negadas. Es difícil entender no siendo japonés, el infierno de la radiactividad, que destruye violentamente todo, de inmediato, o destruye la vida también lentamente, célula por célula, provocando muertes inimaginables y daños inclusive en los hijos y los nietos.Eso conocieron los japoneses y a eso mismo tuvieron que apelar, por falta de petróleo, de gas o de carbón propios, para desarrollar la industria que los transformó en una generación de ser un país devastado, literalmente, en la tercera economía del mundo.Como si fuera poco, con esa gentileza inimitable que tienen los orientales, su embajador, el embajador japonés en Bolivia ha dicho que no nos preocupemos, porque los proyectos de cooperación diseñados para el litio y otros recursos se mantendrán.¡Que no nos preocupemos por nosotros! Porque ellos cumplirán. ¡Qué bien nos conocen los japoneses! Que ganas de decirles que muchos, en Bolivia, estamos realmente preocupados por ellos, por las explosiones en sus reactores nucleares. Por ver a sus nietos pasando por lo mismo que pasaron sus abuelos.Y por eso, una vez más, y esta vez con emoción inocultable, debemos admirar la cultura japonesa y agradecerle por las lecciones de nacionalismo que ya nos han dado y que seguramente nos seguirán dando, por mucho tiempo.Muchas gracias. Domo arigató


