¿Hasta cuándo el desprecio por los animales?
Esta frase se convirtió en un poderoso programa de acción, reduciendo el espíritu al cerebro del hombre. El resto es materia inerte, un animal no es más que un puñado de células, que Descartes compara con un mecanismo de ruedas y muelles, cuyos dolores no son más que el chirriar de una...
Esta frase se convirtió en un poderoso programa de acción, reduciendo el espíritu al cerebro del hombre. El resto es materia inerte, un animal no es más que un puñado de células, que Descartes compara con un mecanismo de ruedas y muelles, cuyos dolores no son más que el chirriar de una máquina. Este desprecio por los animales tiene su continuación en el Catecismo de la Iglesia católica, que subraya el derecho al dominio inmisericorde del hombre sobre las demás criaturas y da vía libre sin limitación a que los animales sean utilizados para la alimentación y vestuario, que permite los experimentos con animales y que sólo condena el sufrimiento de éstos “así éste contradiga la dignidad humana”. Como consecuencia de esto, no existe ninguna Encíclica contra el cruel trato a los animales en laboratorios, en jaulas de granjas de cría, transportes o mataderos. En su lugar los altos dignatarios eclesiásticos disfrutan de las sangrientas corridas de toros y defienden los crueles juegos durante las celebraciones festivas de la Iglesia. En ellas se arrojan cabras desde la torre de una iglesia, y se sacrifican como oráculos vivientes a palomas atadas a explosivos, como se hace cada año en Orvieto (Italia), en Pentecostés. Y en Navidad tiene lugar en todas partes una matanza que supera todo récord, para celebrar la “Fiesta del amor” convenientemente.De la publicación gratuita: “La Fundación Gabriele, nº 2”


