Ofenden nuestra inteligencia

Ese es un absurdo más grande que el obelisco. El de Washington, por supuesto.El tráfico de cocaína crece porque ellos la consumen. La hoja de coca es la inofensiva materia prima que un farmacéutico italiano, Enrico Pizzi, se puso a manipular con sustancias químicas en 1858, para obtener (con...

Ese es un absurdo más grande que el obelisco. El de Washington, por supuesto.El tráfico de cocaína crece porque ellos la consumen. La hoja de coca es la inofensiva materia prima que un farmacéutico italiano, Enrico Pizzi, se puso a manipular con sustancias químicas en 1858, para obtener (con fines terapéuticos) ese polvito blanco que un siglo más tarde engolosinaría a los gringos que, desmesurados como son, lo utilizan para estimularse hasta niveles máximos, a fin de alcanzar esos extremos que buscan en todo.Ellos, que han pretendido teologizar el mercado, no pueden ser mínimamente honestos y reconocer que si no existiera demanda a nadie se le ocurrirá hacer la oferta. Si la demanda ansiosa de los gringos fuera de lagua de chuño y no de cocaína, a esta altura esa papita seca valdría como el oro, estaría satanizada y habría dado origen a fortunas escalofriantes.Porque satanizar la cocaína y supuestamente controlar su venta (porque la compra por el consumidor final casi no la controlan) solamente sirvió para aumentar estratosféricamente su valor de mercado. Esa “guerra contra las drogas” inventada por Washington es más falsa y más inútil que un billete de tres dólares y medio.El grueso de las fabulosas ganancias que el invento produce gira allá, se maneja allá, en los Estados Unidos, donde, además, influye en las ridículas listas anuales de “Fortune” sobre quienes acumularon más millones de dólares. En esa lista se dio el lujo de estar el colombiano Pablo Escobar con sus más de 5.000 millones de dólares acumulados gracias a la cocaína, que por cierto tampoco la inventó él, pero supo “hacerla rendir”.Los que ahora quieren “santificar” a la DEA pretenden hacer olvidar las innumerables tropelías en las que esa agencia participó (acompañada casi siempre por sus semejantes) como el escandaloso “affaire” Irán-Contras, en el cual el polvito blanco sirvió para confabular contra los iraníes y comprar armas para la “Contra” nicaragüense.Entonces no nos engañemos con esas poses de “pureza” del Departamento de Estado, que se pretende dar el lujo de calificar el comportamiento ajeno con relación a las drogas, siendo que la viga de la demanda, el consumo, la especulación y el usufructo del polvito blanco está en los ojos de ellos. Y en sus narices.Tienen todo el poder militar del mundo (aunque no saben utilizarlo) mangonean en la geopolítica mundial con cualquier clase de pretextos, pero que no exageren pretendiendo, además, insultar nuestra inteligencia.En este tema de la cocaína, muchos estamos conscientes de que son ellos, los Estados Unidos, los “descertificados”.

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