¡Salud, Compadres y Comadres!
Es cuando grupos de hombres y mujeres, por separado, se reúnen para festejar -en realidad-la naturaleza pródiga y dadora de bienes. En tales épocas la tierra nos regala mazorcas de granos dulces, uvas doradas, membrillos relumbrantes, duraznos ulincates, albahacas y comadritas...
Es cuando grupos de hombres y mujeres, por separado, se reúnen para festejar -en realidad-la naturaleza pródiga y dadora de bienes. En tales épocas la tierra nos regala mazorcas de granos dulces, uvas doradas, membrillos relumbrantes, duraznos ulincates, albahacas y comadritas multicolores..En Tarija y en todos los pueblos del sur se baila con la euforia que nos legaron nuestros antepasados y la nuestra, acumuladas. “A veces- decía mi santa abuela- hasta los muertos se resisten a seguir la ruta de los se van a la lejanía sin retorno.. Mi compadre Deterlino Ramírez decía: “Si me voy a morir, que sea después del carnaval. De otra manera, me daré modos de recular”.El caso ocurrió de esta manera:Don Deterlino Ramírez había “muerto” en San Lorenzo el día anterior a esta fecha tan celebrada. Tuvo una empachera bárbara porque comió guiso de karas, mote de habas y tunas con queso de cabra. Todo rociado con innumerables vasos de vino. Don Deterlino se echó en su cama retorciéndose de dolor y se finó: Los vecinos acompañaron a la viuda y los borrahines del pueblo también. Al día siguiente - Día de Comadres - “a las cinco de la tarde” salió el cortejo. La viuda, los hijos y nietos todos vestidos de negro, con los ojos lastimados de tanto llorar lo conducían, camino del cementerio. El féretro estaba presidido por un excelente curita que disfrutaba de los entierros. Podía morir un abuelo, un niño o una gran autoridad él iba feliz derrochando agua bendita.Bien, a esa hora, las comadres estaban bailando en la plaza del pueblo. Todo era alegría, música, cajas y erkes. Al pasar el cortejo por al río Chiquito, el muerto se movió. Los hombres que lo cargaban se asustaron y el féretro fue a parar al fondo de las aguas. Entonces se abrió la caja y de allí mismo salió don Deterlino sonriendo como un bendito. Los acompañantes se desparramaron y se desbandaron como almas correteadas por el diablo. ¡Se condenó! … ¡Se condenó! decían unos a otros y corrían despavoridos.Don Deterlino dejó el cajón. Aún no se le habían pasado, del todo, los antojos de la “mona” y al escuchar los sones de las Comadres que llenaban el aire, se fue, impávido, hasta el jolgorio. Fue el bailarín más alegre y el más elegante, vestido de terno nuevo y flor en el ojal.Ya casi al amanecer el compadre Deterlino se recogió a su casa cantando:Mi mujer me dio por muertoEl cura por condenado.Solo mi buena comadreMe dio un beso apasionadoAhora, permíteme, estimada lectora, enviar unas palabras y un recuerdo a mi querida comadre Chulacha Sucre Rodo.:Comadre del alma: ¡La pucha que la luna ha pintado de plata su cabello y el mío…! ¡Diantres que el vino de la vida lo apuramos casi entero…! Sin embargo de los años, en mi recuerdo está bien presente nuestro cumpa Juan Alberto.¿Se acuerda que una vez éste – de puro chivato - se había pavoneado- ante los changos de San Lorenzo- diciendo que a usted le robó un beso?¡Miércoles que la enjundia la confundió toda entera! De dos zancadas, llegó a mi casa, roja como una amapola y brava como el ají mala palabra… No pude poner cara de circunstancias y la risa salió a borbotones de mi boca.Usted comadrita, primero se enojó; luego, se unió al festejo de la burrada.Al final dijimos. No dejemos pasar el caso sin darle un escarmientoEntonces, ni cortas ni perezosas, planeamos la venganza.Jalito y yo conseguimos engatusarlo. Le dijimos:- Juan Albertito, dice la Cuma Chulacha que te quiere devolver el besito robado.Se puso encendido de gusto.- ¿Dónde? ¿Cuándo?- Se lo dijimos.En el lugar y a la hora indicada, escuchamos que el enamorado en ciernes se acercaba, nosotras tres - subidas al peral - lo esperamos con la decisión de pelear como la Juana de Arco por el honor de Francia.Juan Alberto, se sentó en la pirca… e inició una copla de amor. Fue cuando le caímos no como tres peras desprendidas del gajo si no con el peso de tres peñones de espanto.Realmente Juan Alberto estaba desprevenido porque no hizo nada por defenderse: ¡Mire usted la situación. !El iba a reclamar un besito y recibió los puños envenenados¡Dios mío la que se armó entre nuestras madres! Porque su carita quedó averiada por unos días.Pero la sangre no llegó al río porque el día de compadres Juan Alberto recibió tres tortas llenitas de albahacas, choclos y con sendas notitas. Una de ellas tenía esta coplita media tontina pero que a nosotras nos pareció digna del poeta Rodo Pantoja.El beso que tú me disteparecía quirusillala amistad que hoy te ofrezcova dentro de esta tortilla..Estas son las cosas con sabor a comadres y compadres que vivimos. Si no se acordaba del hecho, guárdelo ahora en su petaca de cosas del pasado.


