La emergencia como endemia
Es una constante tragedia a la que, hasta ahora, no hemos sabido combatir. Rectifico: todo indica que los pobladores de estas vastas regiones, antes de la llegada de los europeos, tenían métodos eficaces para enfrentar este clima tan irregular y salir bien librados. No, no se trata de la usada...
Es una constante tragedia a la que, hasta ahora, no hemos sabido combatir. Rectifico: todo indica que los pobladores de estas vastas regiones, antes de la llegada de los europeos, tenían métodos eficaces para enfrentar este clima tan irregular y salir bien librados. No, no se trata de la usada y abusada argumentación de que todos los males nos vinieron cruzando los mares. Para eso, para justificarnos ante la historia, nos han traído la muestra de arte española con un bien pensado título: “Principio Potosí”. Es bueno visitar la exposición que estará hasta abril y obtener el prospecto que nos dirá muchas de esas razones, explicando la expoliación de que fuimos víctimas.El tema es cómo enfrentamos hoy esta recurrencia de malos tiempos atmosféricos, ya sea que estemos en bonanza o en catástrofe económica o política. Diciembre y enero han sido meses lluviosos y, en este febrero, los aguaceros no amainaron. Vale decir que, desde hace dos meses, sabíamos que las aguas bajarían torrenciales por los ríos que llegan a las extensas tierras bajas del norte boliviano. Se han tomado medidas de emergencia este 22 de febrero, posibilitando recién ahora que, gobernadores y alcaldes, recurran a fondos de reserva para atender a las víctimas de las crecientes.Cierto que, similares casos, están ocurriendo en otros países. No ha habido semana en estos meses, que no hubiésemos recibido noticias de torrentes que han causado grandes pérdidas económicas y muertes. Casi todos estos casos están ocurriendo en países donde no hay antecedentes y, si los hay, son muy lejanos. Nosotros aquí, en Bolivia, debemos enfrentar estos fenómenos todos los años. En cada ocasión, es decir cada doce meses, se declara emergencia y se atiende a las víctimas. No es posible seguir en esa rutina de atraso y de miseria. Algo debemos hacer para estar preparados.Desde tiempos muy antiguos hubo un sistema de pisos ecológicos por el que, los ayllus, cultivaban en la puna, en el valle y en los yungas tropicales al mismo tiempo. Esto permitía asegurar el sustento de la gente, pues aunque el clima irregular arruinara la cosecha en dos zonas, había una al menos que se salvaba. Los Incas, cuando conquistaron este territorio, respetaron esa sabia tradición. Los conquistadores la extirparon y la república no supo reponerla. Aún la reforma agraria de 1952 fue una medida contraria a ese saber ancestral. Seguramente que no es posible reponer el sistema en su antiguo modo, pero puede recuperarse el sentido del mismo y usarlo en provecho de todo el pueblo. El Estado podría promover mayores cultivos en las distintas regiones del país, asegurando la compra de las cosechas y creando un fondo de reposición para resarcir las siembras que se pierdan. Por supuesto, esto requiere de una estructura de previsión altamente tecnificada y, sobre todo, absolutamente transparente. Pero se puede hacer mucho más. Las aguas que inundan la zona norte de Bolivia, alimentan el enorme cauce del río Amazonas. Son aguas que permiten la grandeza de esa inextricable selva que se extiende por 4 millones de kilómetros cuadrados, lo que representa más de la mitad de los territorios selváticos del planeta. El río Madeira, que es el principal afluente del Amazonas, recibe principalmente las aguas de los ríos bolivianos. Pero, en nuestro país, esas aguas sólo son una amenaza por falta de políticas de Estado. ¿Qué puede hacerse? Partamos del hecho de que, Estado, somos todos y no sólo la estructura de gobierno. Es cierto que éste tiene el poder suficiente para planear y poner en ejecución las políticas nacionales; pero la empresa privada, las organizaciones sociales y nosotros personalmente, tenemos responsabilidad. Sobre tal base, es posible diseñar una política que, gradualmente, nos lleve de ser víctimas de las lluvias a ser beneficiarios de éstas.Las primeras acciones serán de prevención. Las zonas anegadizas deben contar con resguardos: espacios de alguna altura donde se hagan construcciones básicas pero sólidas que sirvan de refugio a las personas y otras donde se guarezca el ganado. En la extensión del departamento del Beni, donde es más constante la inundación, es posible encontrar aquellas pequeñas pero numerosas elevaciones que puedan usarse con tal propósito. En otras zonas, como el Chapare, las posibilidades son mucho mejores porque hay alturas cercanas donde construir resguardos e incluso proyectar, en un futuro próximo, el traslado de poblaciones que así tendrían mejores condiciones de vida. Se precisa, además, trabajar en el mantenimiento de los ríos. El dragado de los sistemas Ibare-Mamoré y Beni-Madre de Dios, requiere de inversiones importantes, para las que hay que lograr el compromiso del Brasil. Por muchas consideraciones, entre ellas la construcción de las represas sobre el Río Madeira, que ya están avanzadas, hay una necesidad de contribuir al mantenimiento de esos ríos que, según las propuestas del gobierno brasileño, deben garantizar el caudal de agua suficiente en cantidad y en calidad para la provisión de sus represas. Hay, por tanto, interés específico del vecino país en mantener esos caudales de forma adecuada. Habrá que trabajar en una planificación interna y, a la vez, en una gestión bilateral para concretar esta tarea. No olvidemos, además, que el dragado de los ríos permitirá la recuperación de la fauna fluvial y posibilitará el uso de esos cauces como vías de comunicación de forma permanente y no sólo estacional. Después, hay otros pasos que dar. Pero, estos son los primeros. Si no los damos, seguiremos lamentando porque llueve y porque no llueve.


