Sentirnos bien

es la creciente sensación de angustia y malestar por los problemas socioeconómicos, por escasez de puntos de referencia, por el desconcierto frente a los cambios vertiginosos, contrariedades, enfermedades psíquicas y físicas, epidemias, etc.  Ninguna de estas realidades es ajena a nuestra...

es la creciente sensación de angustia y malestar por los problemas socioeconómicos, por escasez de puntos de referencia, por el desconcierto frente a los cambios vertiginosos, contrariedades, enfermedades psíquicas y físicas, epidemias, etc.  Ninguna de estas realidades es ajena a nuestra cultura.En el mundo, la liturgia cristiana aparece como un lugar privilegiado de esperanza.Nuestro genuino deseo de sentirnos bien puede llevarnos a bajar nuestras expectativas, nuestro objetivo al asistir a celebraciones litúrgicas, como la celebración de la santa misa, a grupos de oración, etc., puede convertirse en una búsqueda de un analgésico, de una aspirina a convertirlos en una fuente de milagros.Toda liturgia es terapéutica porque es un encuentro con Cristo y Cristo es nuestro Salvador que está siempre esperando nuestro acercamiento a El.Cristo es el que siempre espera, el que perdona, el que consuela y fortalece, por eso todas las celebraciones son una comunicación entre la criatura con el Creador, entre la comunidad de fe con su Salvador.Un encuentro con alguien que te ama te alegra el corazón y ¿Cómo no causarnos alegría, esperanza y consuelo un encuentro con Jesús?.Si verdaderamente tenemos fe, si creemos en su presencia real en la Eucaristía y en los grupos que se reúnen para orar, porque Jesús lo prometió cuando dijo: “Dónde haya dos o tres reunidos en mi nombre allí estaré Yo”.¿Cómo no sentirnos bien? porque toda liturgia se hace mensaje, todo acto de fe, toda oración es un vehículo de salvación que nos lleva al encuentro amoroso con nuestro Padre.La reunión de hermanos unidos en la misma fe, para orar, la fuerza de sentirnos unidos en el peregrinar de cada día, el recibir el mensaje del evangelio, la proclamación de la palabra, contribuyen a unir a los fieles en una dimensión espiritual de unión con Dios, esto nos hará equilibrar nuestros estados de ánimo en la paz, que se encuentra en la longitud de onda del amor de Dios.La liturgia, la piedad, son fuente de bienestar y esperanza, allí tendremos una visión positiva de nuestra vida afirmándonos en Jesús, Quien nos ofrece su ayuda y nos dice en: (Mt. 12 – 28, 30) “Vengan a Mi los que se sientan cargados y agobiados porque Yo los aliviaré”.El encuentro con El Señor en las celebraciones y en la oración, no nos cura del dolor de un modo mágico,  mas bien es el signo más elocuente de la presencia solidaria de Dios y de los hermanos en el camino doloroso de la vida, es el encuentro entre el sufrimiento humano y el misterio de Dios Redentor.Ese Dios que no explico el dolor, no lo extirpó de la faz de la tierra, sino que se dejó  clavar en la cruz.Hoy no nos vamos a poner a considerar el por qué del dolor, el por qué de la existencia de los males en nuestra sociedad, tampoco pretendemos justificar un sistema probablemente inhumano, pero si una cosa es cierta; que nuestra liturgia, nuestra piedad, nuestra oración es una Buena Noticia para nosotros, para nuestra comunidad y para el mundo entero y esta certeza nos ayudará a sentirnos bien.

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