Desastres no tan naturales
Y comencemos con las riadas e inundaciones que son en estos días los desastres de mayor mención.En Bolivia llamamos “avenida “ a lo que en otros lugares se denomina también como crecida, riada o aguas altas, que es la elevación del nivel de un curso de agua significativamente mayor que el...
Y comencemos con las riadas e inundaciones que son en estos días los desastres de mayor mención.En Bolivia llamamos “avenida “ a lo que en otros lugares se denomina también como crecida, riada o aguas altas, que es la elevación del nivel de un curso de agua significativamente mayor que el flujo medio de éste. Durante la crecida, el caudal de un curso de agua aumenta en tales proporciones que el lecho del río puede resultar insuficiente para contenerlo. Entonces el agua lo desborda e invade el lecho mayor, también llamado llanura aluvial.Precisamente hace dos días el Gobierno nacional aprobó un Decreto Supremo por el cual declaró la emergencia nacional y destinó 20 millones de dólares para iniciar acciones de ayuda humanitaria, además de reparación de daños provocados por riadas e inundaciones, a las cuales llama, como decíamos, “fenómenos naturales”. Tarija le destinará otros 24 millones de bolivianos.Es evidente que la intensidad de las lluvias puede aumentar y provocar riadas e inundaciones, pero siempre, para ello, habrá algunas situaciones agravantes, que no son nada naturales. La deforestación, principalmente.La falta de vegetación, especialmente cuando existe una pendiente, así sea ésta leve, permeabiliza el suelo y hace que el agua discurra velozmente y no se infiltre.Pero casi de nada han servido hasta ahora las campañas realizadas para por lo menos frenar la deforestación que especialmente en topografías como la tarijeña ya ha creado las condiciones para sucesivas riadas e inundaciones. Ni siquiera es necesario que llueva demasiado.El otro factor que no es nada “natural” para que los desastres se sucedan cíclicamente es la ocupación inadecuada de tierras poco aptas para agricultura, ganadería y especialmente para asentamiento de viviendas. O sea, las laderas de los cerros y las riberas de los ríos.Eso es flagrante inoperancia de los planes de ordenamiento territorial (POT) o simplemente carencia de ellos, siendo que a ningún municipio debería faltarle uno para tener así un crecimiento mínimamente “ordenado”.Pero en la práctica los asentamientos espontáneos o invasiones seguirán mientras la tierra sea considerada un bien productor de rentas lucrativas y no un derecho elemental de todos los ciudadanos. Y ahí entramos en la parte más profunda y más importante de los cambios que tanta falta todavía hacen en nuestro país, donde la brecha entre unos y otros sectores de la sociedad (para no llamarlos “clases”) es aún abismal. Es decir, todavía hay unos cuantos que viven de las “rentas” o alquileres, mientras muchos, muchísimos, tienen que invadir las laderas de los cerros ya totalmente “pelados” y con inminente riesgo de derrumbes, deslizamientos y otros desastres.Y el que crea que esos son desastres “naturales” o que hay que rezar para que deje de llover (o inventar una contradanza de la lluvia) está totalmente despistado.


