En el principio ya existía la palabra

Dios se hizo palabra, una palabra que lo dice todo, que asombra, una palabra clara, nueva, esperanzadora.Su palabra nos trajo la buena noticia que abrió el horizonte de la esperanza.Su palabra hizo caer el velo que cubría los ojos de los incrédulos y pudieron ver y pudieron creer, su palabra...

Dios se hizo palabra, una palabra que lo dice todo, que asombra, una palabra clara, nueva, esperanzadora.Su palabra nos trajo la buena noticia que abrió el horizonte de la esperanza.Su palabra hizo caer el velo que cubría los ojos de los incrédulos y pudieron ver y pudieron creer, su palabra destapó los oídos de los sordos y pudieron escuchar sus promesas y sus bienaventuranzas.Su palabra devolvió la vida, la salud, la paz y la alegría.Fue su palabra la que nos abrió el camino que nos lleva a la dicha eterna, porque nos señala cada paso que debemos seguir y como debemos avanzar.Su palabra es la luz que rompe las tinieblas y penetra los corazones y las conciencias, por eso su palabra es luz que guía y camino que orienta.La palabra de Dios es la espada de doble filo que penetra en lo profundo del corazón y nunca vuelve vacía, hay una respuesta en cada hombre que la escucha, ya sea aceptando o rechazando pero interpela, cuestiona, llama, conmueve, explica, enseña, consuela.Su palabra está en la Biblia, en ese libro maravilloso, allí nos encontraremos respuesta a muchos interrogantes que nos hacemos y que quedan sin respuesta, allí están los consejos de un Padre que ama de verdad, allí las promesas de perdón, allí están las enseñanzas para encontrar la paz, la armonía, allí nos enseña lo que significa amar, que es el amor y cómo es el ser que ama.La palabra de Dios nos ayuda a descubrir el sentido de nuestra vida, a encontrar lo que realmente tiene valor, como es el cariño, la comprensión, la solidaridad.  La palabra de Dios nos muestra que los tesoros olvidados hoy por los hombres son las virtudes de la humildad, de la pureza, de la justicia, de la caridad.Dice el Señor: “La humanidad no encontrará paz sino se vuelca a mi misericordia”.Él es la respuesta, Él es la esperanza, Él es el sol cuyo calor necesita el mundo frío para aprender a dar calor a los demás.Él es el agua cristalina que necesita el mundo, para calmar su sed de justicia, de libertad y de paz.El Señor se hizo palabra para salvarnos, para enseñarnos, para darnos todo lo que pedimos desde el fondo de nuestro corazón.Su palabra es la respuesta al grito angustiado de la humanidad que hoy se debate en la pobreza, en el dolor, en la inmoralidad.Todos los males que azotan a la humanidad pareciera que en estos últimos tiempos han crecido tanto, como zarzas que se enredan y tapan las flores de la moral y de la justicia.Escuchemos a ese Jesús que vino a nosotros haciéndose hombre, como un pequeño niñito para traernos la buena noticia de la salvación.Hoy como hace 2011 años resuena sobre la tierra los cánticos de los ángeles que decían:”Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombre de buena voluntad” (Lc. 2-14).

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