Crónica política de la jornada
El plan “pelea FMI”, la patria de Urioste y la bomba de Lupo
El gobierno trata de pasar página a la polémica intervención en la Fiscalía centrándose en el tema económico, mientras Doria Medina vuelve a acusar a Paz de estar en manos de un grupo “palaciego” corrupto
No hay táctica más efectiva para pasar página en esto de la política que abrir en canal la discusión por la “platita”, y para ello el inefable Viceministro de Tesoro y Crédito Público, Oscar Navarro, que ya ha dejado en otras ocasiones declaraciones jugosas tocó dos temas específicos que van en contra ruta del propio acuerdo con el FMI, justo ayer que se “celebraba” el primer desembolso de 211,3 millones de dólares: la subvención a la gasolina y el incremento salarial.
Navarro pertenece a esa casta especial. La de los economistas de la nueva vieja escuela, la que se formó en el neoliberalismo ortodoxo y anidó de forma gris en los organismos monetarios y fiscales durante la hegemonía de Luis Arce, pero que en pleno naufragio económico, al contrario de lo que parece dictaría la lógica, en lugar de saltar del barco, se ha mantenido.
Salario El viceministro del Tesoro habló de una reposición salarial en relación a la inflación, que actualmente ronda el 5,8%
Navarro, viceministro de Crédito Público, no parece ser el más adepto al financiamiento del FMI. Hace unas semanas ya provocó un momento incómodo cuando señaló que el primer desembolso permitiría llegar mejor al final de la gestión pagando sueldos y aguinaldos. Sacrilegio verbal pero que los economistas entienden como un “bicicleteo”.
Ayer salía de una de esas reuniones tediosas donde se explican los elementos sustanciales del Presupuesto General del Estado – precio del petróleo, previsión de crecimiento, previsión de inflación, etc. – y que condiciona todo lo demás, cuando fue abordado por los periodistas.
El acuerdo con el FMI es bastante claro respecto a la subvención a los combustibles. Dice: “seguiremos protegiendo a los bolivianos de la volatilidad internacional de los precios del combustible, manteniendo para ello los precios internos del combustible fijos hasta diciembre de 2026 (…) Por tanto, el presupuesto de 2027 no incluirá disposiciones tendentes a la concesión de subvención a los combustibles —ni del Tesoro ni de empresas estatales— y los precios nacionales del combustible alcanzarán el nivel de recuperación de costos a partir de enero de 2027 (DS 5652). Para apoyar esta transición y garantizar su credibilidad”, sin embargo, Navarro no consideró oportuno levantarla e insistió en que el presupuesto está armado con la gasolina a 6,96, eso sí, recalcando que se debe hacer “con el precio vigente al momento de su elaboración”.
Más taxativo resultó al respecto del incremento salarial que sindicatos y familias empiezan a demandar luego de un año con salarios congelados pese a que la inflación de 2025 fue de 21% - Navarro dixit – y la actual ya acumula 5.8% (el Banco Mundial prevé que ronde el 10% en diciembre. Navarro consideró necesaria la negociación y planteó el 5,8% como base, sin embargo, el acuerdo con el FMI vuelve a ser claro: “Medidas estructurales para reducir los gastos de remuneración del sector público: Las medidas incluyen limitar la contratación y mantener el crecimiento nominal de la masa salarial por debajo del crecimiento del PIB nominal en los próximos años”. En 2026 el “crecimiento” se prevé negativo, y en 2027 según el Banco Mundial, también.
Lo cierto es que es demasiado pronto para considerar una primera crisis de confianza del FMI, aunque el momento de la verdad será precisamente el de la presentación de un Presupuesto General del Estado – fecha tope 31 de octubre – que está teniendo ya varios problemas también en las Entidades Territoriales Autónomas (ETA). En cualquier caso, la “renegociación” de condiciones durante la implementación del programa, que en el caso de Bolivia es de 36 meses, forma parte de la dinámica habitual del Fondo. Otra cosa son las condiciones que se apliquen con cada incumplimiento.
Lupo, Samuel y el aterrizaje de Urioste
Y es que dadas las condiciones políticas actuales, hablar de economía puede ser realmente una vía de escape para el gobierno.
El aterrizaje del nuevo Fiscal General, Armando Urioste, no está siendo tan armónico como se preveía, sobre todo en el lado de Libre que se intentó adjudicar el éxito. Urioste dio una conferencia de prensa ayer en la que repitió multitud de consignas propias del presidente Rodrigo Paz – sobre todo con las referencias a la Patria -, invocó al Escudo de las Américas y explicó que se va a recibir asistencia extranjera para evaluar sistemas y tomar decisiones en este periodo de transición no ayuda a su mentada defensa de la independencia. Como sea, el presidente del Senado Diego Ávila apremió para instituir la comisión mixta para lanzar la convocatoria para elegir al nuevo fiscal.
Nadie Beller celebró que al menos en apelación se mantuvo la probabilidad de autoría en el caso de tentativa de feminicidio de Fernando Cerimedo y por ende, las medidas cautelares, pero de momento el cántaro ya va a la fuente.
El otro escándalo lo protagonizó José Luis Lupo, el exministro de la Presidencia que dejó el gobierno en medio de un pulso extraordinario entre el núcleo duro del presidente y lo aliados de Samuel Doria Medina. En lo que parecía una compensación, se le nombró embajador en la OEA, pero justo ayer decidió no asumir el cargo. Justo ayer, cuando las relaciones no estaban peor que cuando salió del gobierno.
Samuel lo resumió en un tuit que vuelve a ser munición de grueso calibre: “La desorganización y la corrupción en el gobierno han alejado a Lupo primero del gabinete y ahora del servicio exterior. Ahora el Ejecutivo está en pocas manos, bajo control de un grupo palaciego que no quiere abrirse y que se vanagloria porque logra mayorías parlamentarias que luego no es capaz de traducir en una gestión coherente y eficaz. Ojalá la decisión de José Luis los lleve a tomar conciencia de los problemas que tienen y de su divorcio de la gente”. Casi nada.








