Crónica política de la semana
Las escapadas de Paz y el tablero de Evo y Nilton
El periplo en la ONU del presidente ha reabierto debates y generado contradicciones. La institucionalidad cruceña arropó a Lara mientras Morales le abrió espacio a Nilton Condori en el Chapare
El pulso por el “nuevo orden económico” en Bolivia está a punto de entrar en la segunda fase. El gobierno se la jugó con el diésel minutos después de aprobarse el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y dos días después de ampliar el Estado de Excepción. Firmar y desaparecer – literal -, para aparecer cuatro días en Naciones Unidas y después volver a desaparecer – literal -, pudo ser una buena estrategia: el transporte fue el primero en lanzar el grito al cielo, pero son un sector predecible.
Los alcaldes dieron un paso al frente para tratar de contener un incremento de tarifas urbanas mientras, a cambio, el gobierno vía FAM negociaba algunos ajustes al presupuesto y deudas de los alcaldes. La mayoría ya ha logrado acuerdos “transitorios” entre 0,50 y un boliviano según el caso. Con los interdepartamentales funciona una estrategia de negación inicial y sistema de bandas de mínimos y máximos que ya sabemos como acaba funcionando: el que puede, puede y si no caminando. La estrategia con los fletes y demás es que simplemente pase lo que tenga que pasar. La capacidad de resiliencia boliviana es mítica.
El problema es que la aparición después de la desaparición fue ruidosa: Bibi, Cata, “soy producto del TikTok” y “gasté 50.000 dólares en mi campaña sin asesores internacionales”, gobernar “sin ideología”, los 53 días y demás eran asuntos casi domésticos, pero reunirse a puerta cerrada, pero con fotos con Netanyahu, sin duda, ha puesto los ojos del mundo en Bolivia. Lo simbólico golpea y la clase media no lo ve nada claro.
La posición camba
Hubo más movimientos telúricos, por ejemplo, por primera vez se cuestionó casi al unísono el decreto 5515, aquel que en diciembre instauró la presidencia cibernética y permitió a Paz Pereira salir del país sin entregar el bastón de mando al vicepresidente Edmand Lara, sobre quien para entonces se había construido toda una imagen de melómano cuasi esquizofrénico.
Su rehabilitación parece funcionar, y coincidiendo con el aniversario de Santa Cruz, la institucionalidad cruceña, incluyendo al fiscal general Roger Mariaca, salió a arropar a Lara y exigir respeto a la Constitución, que dice que en caso de salida temporal se debe entregar el bastón de mando. Hasta ahora funcionaba el equilibrio semántico, pero esta semana Juan Pablo Velasco, Tuto Quiroga y hasta los cívicos del Comité recordaron que la Constitución está por encima de un decreto que no se puede analizar en el TCP porque no hay quorum.
Por si las moscas, Lara también salió del país, lo que hizo más fácil la crítica. Ahora, lo de desaparecer los fines de semana puede acabar pasando factura.
Segunda fase en marcha
Las reacciones en estos casos son más lentas de lo que se podría prever, pero si se supera el escollo del transporte, llega a la sociedad civil y los movimientos sociales. Calcular el momento es complejo y el gobierno también lo sabe.
En estas semanas tres voces venían advirtiendo sobre el impacto y llamando más o menos veladamente a la movilización. En la Asamblea los diputados de Alianza Popular, sobre todo Claudia Herbas y Rolando Pacheco, han manifestado sus rechazos y advertido consecuencias, pero su peso en insuficiente.
El segundo ha sido el vicepresidente Edmand Lara, que combina una oposición formal con el respeto institucional de su cargo.
El tercero es el senador Nilton Condori, expulsado de la Asamblea y de la bancada de Unidad a la que entró como cuota de los Ponchos Rojos con Samuel Doria Medina. Condori tiene una extraña capacidad para agitar emociones, como demuestran las redes, y aunque de entrada parecía otro “iluminado”, va centrando su posición y su imagen.
Como sea, ningún frente acababa de dar el paso y le tocó el turno al de siempre: Evo Morales convocó un ampliado en Lauca Eñe y hasta allí llegó don Nilton además de otros sectores que habían discrepado de las posiciones del expresidente.
Nilton Condori se robó el show con unas ideas muy concretas: pidió unidad, condenó el socialismo, habló de racismo neoliberal y acusó a Álvaro García Linera de haberles utilizado para ganar “plusvalía simbólica”. Ningún tajalápiz.
La cuestión no es tanto que Nilton se robe el show como que Evo Morales le deje. Y lo dejó. Y después lo abrazó. La convocatoria oficial era para armar un programa de gobierno para el partido y Nilton puso una base: el nuevo MAS de Evo va a dejar de ser de izquierda, o sea, también en el discurso y no solo en los hechos.
La convocatoria no oficial pedía plazos de acción, y ahí fue Morales el que tomó la palabra: 3 de octubre para bajar el dieselazo o movilizaciones desde el 13.
Algunos presionaron mucho con el valor simbólico de octubre. Veremos si hay capacidad acumulada y si los pueblos indígenas están dispuestos a poner el pecho contra unas medidas que afectarán más a la población urbana.
Como sea, quienes deseaban tener a Evo Morales en el centro del tablero para aprovechar sus “negativos” y explotar el relato del “narcoterrorismo”, etc., ya lo tienen. Y detrás también está Condori.











