Seis semanas de bloqueos
Tras semanas de desgaste, el pulso entra en fase decisiva
La COB posterga otra vez su ampliado en medio de fracturas internas y creciente desgaste del conflicto social y el Gobierno sigue apostando exclusivamente a esa estrategia
La crisis social que atraviesa Bolivia ingresó este domingo en una nueva fase de incertidumbre después de que la Central Obrera Boliviana (COB) suspendiera nuevamente, y esta vez sin fecha definida, su ampliado nacional de emergencia, una reunión considerada determinante para definir el futuro de las movilizaciones y bloqueos que desde hace 45 días mantienen paralizado al país y comienzan a generar un desgaste visible tanto en la población como dentro del propio movimiento sindical, pero también en el gobierno.
El encuentro debía realizarse en instalaciones de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros, en la ciudad de La Paz, luego de haber sido postergado ya una primera vez el sábado bajo el argumento de garantizar una mayor participación de las organizaciones afiliadas. Sin embargo, tampoco pudo concretarse este domingo.
Según reportes preliminares, varios dirigentes sindicales fueron recibidos con insultos, recriminaciones e incluso lanzamiento de tomates por parte de ciudadanos que se concentraron en el lugar para expresar su rechazo a las medidas de presión que mantienen bloqueadas rutas estratégicas del país y han comenzado a afectar seriamente el abastecimiento de productos básicos, medicamentos e incluso el traslado de pacientes en diferentes regiones.
“Se ha suspendido el ampliado sin fecha por falta de garantías. Este ampliado era muy importante”, declaró Berno Mamani, dirigente del sector minero de Oruro, mientras delegaciones empezaban a abandonar el lugar sin que siquiera se lograra instalar formalmente la reunión.
Divisiones
Pero más allá del incidente que terminó frustrando el encuentro, la nueva suspensión deja entrever un problema político mucho más profundo: las crecientes divisiones internas dentro de la COB y el debilitamiento progresivo de una estrategia de confrontación que empieza a perder respaldo entre sectores históricamente alineados con la organización matriz de los trabajadores. Actores del pasado como Álvaro García Linera no ha perdido la ocasión para reaparecer, denostando la movilización.
Durante las últimas jornadas comenzaron a evidenciarse movimientos de salida. Uno de los casos más visibles fue el de la Confederación General de Trabajadores Fabriles de Bolivia, que decidió suscribir un acuerdo con el Gobierno y dar por cerradas sus demandas sectoriales, desmarcándose de la lógica de confrontación que venía impulsando la dirigencia nacional.
En paralelo, organizaciones campesinas comenzaron a asumir posiciones divergentes frente al conflicto y varias juntas vecinales de El Alto iniciaron agendas paralelas de negociación con autoridades gubernamentales. Además, las centrales obreras de Sucre, Santa Cruz de la Sierra, Cochabamba, Potosí y Tarija hicieron llegar formalmente a la dirigencia nacional un pedido para abrir un proceso de diálogo y replantear el rumbo del conflicto.
En ese contexto, el ampliado suspendido este domingo debía resolver justamente la principal disyuntiva interna que atraviesa hoy la COB: mantener la línea dura de movilización o avanzar hacia una eventual “tregua social”, propuesta que algunos sectores comenzaron a plantear para aliviar el creciente impacto económico y social que el conflicto está provocando en la ciudadanía.
Interlocutores
La suspensión indefinida del ampliado deja ahora en suspenso el futuro inmediato de las medidas de presión, que se pondrán a prueba este lunes, pero sobre todo expone una realidad política cada vez más evidente: la dirigencia nacional de la COB enfrenta crecientes dificultades para sostener una posición unificada mientras aumentan las voces internas que consideran que el conflicto, tal como está planteado hoy, comienza a perder viabilidad.
En la salida, el conflicto tampoco deja bien parado al gobierno, que en seis semanas no ha logrado restablecer el orden, y aunque la estrategia de forzar la división parece haberle dado frutos, no implica mucho más que una tregua.
En un escenario nacional ya marcado por la fragilidad económica, la escasez de combustibles y el creciente malestar ciudadano, la incapacidad de consensuar una estrategia común añade un nuevo factor de incertidumbre a una crisis que sigue profundizándose sin una salida clara en el horizonte.








