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Jorge Lara Castro (excanciller paraguayo): “El riesgo mayor es que se priorice la violencia”

El ex canciller paraguayo se halla preocupado por el giro que toma  Sudamérica. También alerta sobre las debilidades del “modelo paraguayo” tan elogiado por algunos políticos y empresarios bolivianos.

Nacional
  • Rafael Sagárnaga López
  • 07/11/2025 21:16
Jorge Lara Castro (excanciller paraguayo): “El riesgo mayor es que se priorice la violencia”
Ex canciller Jorge Lara Castro

Jorge Lara Castro es miembro de una singular familia aristocrática de Paraguay. Sus ascendientes siempre se alinearon en las causas populares sea enfrentando a dictaduras como la de Stroessner, sea aportando en vastas obras sociales. Es asimismo un respetado académico dada su formación como jurista, diplomático y sociólogo. En 2011, siendo canciller del Gobierno de Fernando Lugo, fue parte destacada en las negociaciones que permitieron a su país multiplicar los ingresos procedentes de las ventas de energía hidroeléctrica a Brasil y Argentina.    

Hace contadas semanas, Lara Castro recibió en su casa a El País y rompió un silencio mediático de más de un año. Cuestiona lo que sucede en Paraguay y la región, y demanda una urgente toma colectiva de consciencia.    

El País (EP)- ¿Cómo interpreta el juego de fuerzas a nivel mundial?

Jorge Lara (JL)-Son los nuevos desafíos, algunos dicen, de la recomposición del Orden Mundial, otros del multilateralismo, después del largo periodo hegemónico de Estados Unidos. Hay un debilitamiento de esa hegemonía, lo cual no significa que pueda seguir esa tendencia. Hay una recuperación rusa y, lo más importante, la emergencia de China con su gran capacidad de desarrollo económico, pero, sobre todo, una gran visión estratégica.

Otro elemento importante, y nos toca a los latinoamericanos, es la creación del BRICS, por la presencia de Brasil. Y ahí suma el relacionamiento que tiene la política china en relación a América Latina. Un relacionamiento diferente a la política de EEUU que históricamente se ha movido en base a la doctrina Monroe, esa de “América para los americanos”. Doctrina orientada a bloquear cualquier intento transformación seria, productiva y democrática en Latinoamérica.

EP- ¿Sumamos a ese escenario el bajón de Europa?

JL- Sí, hay un bajón de Europa que se empieza a subordinar básicamente a la estrategia de la política estadounidense. Fortalece la concepción militarista que se traduce en hechos concretos, como la idea de tensar las relaciones con Rusia en el caso de Ucrania. Rusia había condicionado las relaciones bilaterales con Ucrania en base a que se respete ese territorio como un área neutral. Pero se forzó la situación acompañando, como Europa, a posicionar la OTAN, para que Ucrania sea una avanzada orientada a dificultar el crecimiento y transformación de Rusia. O sea, una visión imperialista, en otras condiciones, pero decadente.

Europa, teniendo otras posibilidades, a través de su historia, del desarrollo de la Unión Europea, podía haber fortalecido otro espacio de equilibrio y mediación. Sin embargo, fue adquiriendo un pensamiento que va en defensa de las élites, de las transnacionales, que hoy superan a las decisiones de un Estado. Los Estados acompañan, tienen fuerza estratégica y política, y la lógica se vincula más a los términos de las ganancias internacionales. Eso deriva en mayores niveles de confrontación, para acompañar este modelo, y de inestabilidad internacional.

Eso se traduce, básicamente, en una muy preocupante pérdida de la capacidad internacional de respetar los mecanismos de negociación y mediaciones diplomáticas. Primero está el acompañar estos procesos de transnacionalización económica del paciente financiero y, por otro lado, acompañar, vía apoyos militares. Entonces se piensa más en la lógica de la fuerza que en la lógica de una nueva concepción, más pensada del desarrollo colectivo de la humanidad y la paz internacional.

O sea, hay una concepción, una práctica, que estamos viendo con mucha claridad en el caso de Ucrania, con un costo increíble de vidas. Nos aporta estos efectos y dificultades como los problemas migratorios y la debilidad que se observa en un organismo tan importante como la ONU. Allí las potencias del Consejo de Seguridad deberían tener la responsabilidad de garantizar la paz, sin embargo, potencian las salidas de fuerza. Y las salidas de fuerza implican básicamente el desarrollo lucrativo de la industria militar.

  • Lea también: Lara es aplaudido en foro empresarial con un discurso proinversión, ventajas impositivas y seguridad jurídica

EP-Algo que se ha destacado superlativamente en Palestina, ¿no es cierto?           

JL- La política de Europa y EEUU en ese caso nos permite ver también con mucha claridad cómo se expresa esta concepción de deshumanización, de despojo, de violencia. En el caso de Gaza es la concepción sionista de la política. La falta de respeto a la consciencia mundial. Ahí la vemos con mayor claridad porque ya tuvimos una experiencia con el nazismo en Alemania y esto prácticamente la supera. Bombardeos a la población civil, la muerte de niños, de mujeres el hambre y la indiferencia de la comunidad internacional.

Más allá de las declaraciones, no se actuó para detener esas acciones. El mundo se vuelve demasiado inestable por ese lado. A eso tenemos que sumar otros personajes que emergen en esta situación crítica, es el caso, así como Netanyahu, de Trump. Trump tiene una condición totalmente individualista, prepotente, racista, con un gran poder como es la potencia norteamericana. Es una posición de una élite que es la dominación per se, que conlleva la fuerza, el sometimiento de los otros pueblos.

EP-¿Qué tanto poder ha alcanzado esa élite que trasciende el poder de los Estados? ¿Históricamente es este su momento cumbre?

JL- Sí, porque el Estado finalmente debe defender un proyecto de nación, pero lo que hace es que estos proyectos actúen de manera autónoma. Una conducta que condiciona la concepción de un Estado-nación porque trasciende todas las fronteras, sigue en la formulación de las leyes y la designación de las autoridades. Entonces eso, en nuestros países, que ya de por sí son países vulnerables, refuerza la vulnerabilidad.        

Por eso es que para los sectores sociales en general es de enorme importancia la reflexión colectiva. Hay que entender cómo funciona la sociedad para transformarla, no basta con interpretarla porque hay muchos intérpretes. El desafío no es solamente interpretar o denunciar, el desafío es cómo transformar. Cuando uno piensa en cómo transformar, uno tiene que identificar quiénes son los sujetos comprometidos en esta transformación. 

EP-¿Qué rol juega Latinoamérica en ese contexto?

JL- Nosotros nos encontramos en una situación un poco paradójica. Tenemos una serie de condiciones, historia, tradiciones, identidades culturales… Tenemos fuertes raíces, sin embargo, estamos en una ambivalencia de no poder asumir nuestra propia historia. Entonces quedamos atrapados en una serie de contradicciones. La tendencia dominante se vuelve la subordinación a la política de EEUU y la pérdida de nuestros propios intereses nacionales, de nuestros pueblos y regiones.

Eso después de haber vivido una época muy interesante. Tiempo cuando teníamos al presidente Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Pepe Mujica, Kirchner, Lugo en Paraguay…Teníamos además otros gobiernos que acompañaban esta visión latinoamericana de redefinir el concepto de la integración. Recordemos que en una primera etapa post dictaduras surgió la idea de la integración. Fue una integración con buenas intenciones y serias limitaciones. Sucede que el concepto de integración era integrar la región por el lado de la racionalidad del mercado y la competencia.                  

Era un enfoque con más contenido económico que político, como por ejemplo la experiencia del Mercosur. Pero también eso permitió sentar las bases del desarrollo de la línea que busca profundizar la integración de nuestras regiones. De ahí vino UNASUR, el CELAC y, en el caso de países más afines como Bolivia, Ecuador y Venezuela más Cuba, el ALBA. Entonces, a través de estas visiones e implementaciones, avanzamos de una manera muy importante: como un proyecto de integración en la perspectiva de un desarrollo compartido.

Eso implicaba un cambio cualitativo en nuestra visión. Se buscaba avanzar saliendo un poco del área de la integración del mercado y abordando más una intencionalidad de integración de pueblos y de cooperación. Fue una época muy interesante la de esta experiencia en Latinoamérica. Época de fortalecimiento de nuestras posiciones, de intercambio, de diálogo. Todo eso, a su vez, permitió enfocar el desarrollo sobre una concepción de democracia, o sea: integración, desarrollo y democracia.

EP-Va llegando una contra ola de gobiernos muy distintos, con Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, en Bolivia, tal vez también en Chile… ¿Qué efectos prevé que traerá en ese escenario?           

JL- Es evidente que, en aquella ola progresista, paradójicamente, no se logró dar un salto cualitativo que quizás planteaba nuevos desafíos. No se profundizó el concepto de la integración teniendo en cuenta, como referencia, por ejemplo, a la Unión Europea (UE). Recordemos que la UE logró desarrollar su proceso de integración superando la concepción simplemente económica. Pero acá, sobre esa base mencionada, se fue diluyendo la concepción progresista de transformación de la sociedad que implicaba la transformación productiva. La transformación productiva de la sociedad era una suerte de transformación democrática de la sociedad.

Entonces se produce un retroceso donde esta tendencia, pensada como una integración de pueblos y la profundización de la democracia, retoma una condición de reduccionismo. Termina en un reduccionismo de la democracia basado en una competencia electoral. Esa competencia electoral termina en la demagogia y el populismo, en la fuerte incidencia de los medios de comunicación, en el tema económico. En consecuencia, se refuerza un sistema político, dentro de una maquinaria de Estado, que termina afectando un proyecto de inclusión social y se refuerza un proyecto de exclusión social.

Entonces surge una competencia entre dirigentes y no una competencia entre proyectos. Menos una competencia entre proyectos dominantes y proyectos alternativos, que fue lo que se construyó en la época anterior. Época en que Lula pudo sacar de la pobreza a 40 millones de personas, pasó algo parecido en Chile y, de alguna manera, en Paraguay, con Lugo, también.

EP-Sin embargo, fue una mejora más coyuntural que estructural, ¿no es cierto?

JL-Sí era coyuntural, pero de ahí se podía trascender a lo estructural. Lo estructural es, otra vez, lo que permanece como estructura de poder. Y esas estructuras de poder son, a su vez, poderes que responden a los grandes intereses de poderes internacionales.

EP- En ese escenario, mientras Venezuela, Bolivia, Ecuador…caen en crisis, Paraguay, de acuerdo a los informes institucionales, mantiene una estabilidad y un crecimiento destacados. El “modelo paraguayo” es elogiado y tomado como un referente en varios análisis y evaluaciones. ¿Qué opina sobre el “modelo paraguayo” que, por ejemplo, ha sido muy elogiado por varios candidatos en la campaña electoral boliviana?                

JL- Si en Bolivia asumen el modelo de Paraguay, asumen un pensamiento de derecha. ¿Quién y de dónde va a recuperar ese modelo? Porque si observamos la experiencia paraguaya, veremos que este modelo se sostiene en una sólida estructura del poder oligarca. Basta un ejemplo: el tres por ciento de la población controla el 85 por ciento de la propiedad de la tierra. Es un modelo exitoso sí, pero exitoso para ese tres por ciento.

Este modelo del “agrobusiness” tiene que ver con la soya y la ganadería. Es un modelo de agroexportación con empresas como Cargill, Bayer-Monsanto… con alianzas de características transgénicas. Por supuesto, se basa también en la destrucción de la naturaleza y el despojo de tierras básicamente de los campesinos y los indígenas. Esas propiedades son transformadas en grandes propiedades latifundistas.

EP- ¿Y este modelo es sostenible?

JL- Es sostenible porque al modelo se le ha ido incorporando la transnacional del narcotráfico. A esto hay que sumarle otro elemento importante que es la corrupción, que es una especie de cemento económico y de cemento ideológico. Y además suma el monopolio del partido Colorado que tiene raíces en la dictadura de Stroessner.

Por eso, también, este modelo vigente es un modelo incompatible con un proyecto de transformación democrática. Porque es un modelo de la concentración y de la exclusión social. Un modelo, a su vez, subordinado políticamente a los intereses estratégicos que tiene que ver con la política de EEUU y específicamente con Marco Rubio. Ah, y también tiene que ver con la política sionista de Netanyahu viene a reforzar este modelo. A pesar de que EEUU cuestiona a aquellas personas sospechosas de estar vinculadas con el narcotráfico, les pone el rótulo de “significativamente corruptos”. Los grandes dirigentes del partido Colorado son “significativamente corruptos”.

EP-¿Cómo el caso de Horacio Cartes?

JL- Sí, ahí encabeza Cartes. Y entonces vemos una suerte de dualidad también.

EP- Entonces, en realidad es una burbuja, no va a ser sostenible este modelo. ¿No es cierto?

JL- Es una burbuja. Este modelo paraguayo será sostenible en tanto sea un modelo neocolonial. Porque es concentrador y es excluyente. Como es de concentración debe tener una fuerte componente de la lógica de la fuerza represiva.

EP-¿Cómo contiene el “modelo paraguayo” la pobreza y la desigualdad social?

JL- Una de las formas de resolver la exclusión social es la expulsión de gente. Entonces la migración se desplazó, como foco principal, hacia la Argentina donde vive cerca de un millón de paraguayos por razones políticas y económicas. Luego también muchos se han ido a Europa. El otro día pasó por acá el presidente español y dijo que sólo en España había cerca de 150 mil paraguayos. Entonces el modelo expulsa, desactiva el conflicto y, además, se compensa con las remesas, alrededor de 800 millones de dólares, que los emigrantes mandan.

EP- ¿O sea, están exportando soya, carne y seres humanos?

JL- Este modelo se sostiene por ese lado, exportamos mano de obra. Y la democracia se limita simplemente al juego electoral bajo un monopolio del partido dominante, el Colorado, que ya arrancó en 1954.

EP-En Bolivia se quiere imitar este modelo y se avanza en el mismo sentido. Uruguay, Brasil y Argentina hacen su parte. Entonces, ¿también Paraguay se vuelve una especie de foco de irradiación de la llamada “República transnacional de la soya”?

JL- Nos integramos por el lado de la soya, y nos desintegramos como proyecto de país y de región. Por eso, Paraguay está en contra del BRICS, teniendo al lado a Brasil, y prioriza la relación con Taiwán, al margen de su vinculación con China. Veamos el panorama: Paraguay refuerza la posición de Marco Rubio en la región apoyando a Milei, a Bolsonaro, a Novoa…Se alinea incondicionalmente a ese enfoque de los EEUU.

Por otro lado, se alinea a la política del sionismo y su limpieza étnica, con un apoyo incondicional a Israel. No solamente elogió literalmente la política de Netanyahu, sino que cambió la embajada paraguaya de Tel Aviv a Jerusalén. Las autoridades paraguayas fueron homenajeadas en Israel, por Netanyahu, empezando, curiosamente, por Horacio Cartes que recibió todos los honores.

Y ahí hay una contradicción: Cartes está calificado o imputado como “significativamente corrupto” por EEUU, no puede salir del país. Sin embargo, por sus buenas relaciones con Israel, Netanyahu logró que Cartes vaya a Israel. Eso implica también la vinculación de los sionistas y las fuerzas sionistas que tienen poder dentro de EEUU.          

EP- ¿Cómo funcionó eso con Horacio Cartes?

JL- Cartes no podía salir. Obviamente hubo una negociación porque, para llegar a Israel, Cartes tuvo que pasar por Portugal. Ahí tenemos otro elemento de la articulación.

EP- ¿Cuáles son los riesgos mayores que surgen en esta coyuntura para Paraguay y los otros países de la región?

JL- El riesgo mayor es que se priorice la violencia, porque para sostener este modelo no se contribuye a desarrollar la democracia. Ello hablando en términos de desarrollo de ciudadanía, de mejoramiento de la calidad de vida, de convivencia social y del fortalecimiento regional. También, de la necesidad de unificar nuestra integración como cooperación más que como competencia de mercados, cooperación suprarregional.

Necesitamos fortalecernos como bloque, de manera que podamos desarrollar una alianza estratégica para el desarrollo sostenible. Ello incluye también, fundamentalmente, la protección de nuestro medioambiente, nuestra naturaleza.

EP- Mencionó al narcotráfico, o sea, al otro suprapoder transnacional de esta coyuntura. ¿Quién lo acicatea?

JL- Pasa que no se lo combate completamente porque EEUU usa eso como pretexto para descalificar. Porque tampoco combate el consumo, solamente combate al que produce la droga. Y ahora se lo vincula políticamente con una palabra mágica: “Terrorismo”. O sea, nuevamente no hay una cooperación seria porque se vuelve parte de una estrategia política.

Es la estrategia de descalificar a los gobernantes y cualquier intento de cambio. La experiencia más concreta la tenemos en nuestros países y, por ejemplo, el mismo México.  

EP- ¿Qué esperanzas hay en que como región tengamos un mejor horizonte político, social y económico?

JL - Hay la necesidad de un pensamiento, de un debate colectivo, que permita la comprensión real de los problemas. Que esa labor permita también la recuperación de la política, no como un juego de poder y lucro personal, sino como una responsabilidad colectiva de la sociedad. Porque la política también está totalmente desnaturalizada.

EP- ¿Demasiado populismo y su opuesto?

JL- Sí. Toda esta exclusión social, esta falta de salud y trabajo, influye en la promoción del analfabetismo. Entonces, ¿en qué momento la gente va a pensar en la realidad si tiene que pensar en cómo sobrevivir y en cómo autodefenderse de todo?

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