Montes, Torres y Lea Plaza; el trío de casi siempre

Óscar Montes nunca reconoce un error; pero puede cambiar de relato. Johnny Torres lleva cuatro años en “terapia” para superar sus miedos. Mauricio Lea Plaza aspira a ser grande de nuevo. Los tres conforman una tríada desde siempre, condenados a entenderse en la coyuntura y con el alto riesgo de que las contradicciones de unos y otros acaben por exponerles ante el votante y dinamitar cualquier opción de futuro.

Los tres proceden de familias físicas y políticas tradicionales en Tarija, con multitud de vasos comunicantes entre ellas y sus intereses, y se desempeñan en un espacio cada vez menor por el inexorable paso del tiempo, pero que sigue teniendo un desmesurado espacio político en el departamento.

Las apuestas en solitario no han acabado de funcionar. Óscar Montes – líder de UNIR – le ha dado la espalda a Óscar Ortíz de Bolivia Dice No en el momento más delicado de su campaña, justo después de perder al Vicepresidente. Johnny Torres tiembla al ver los datos que arrojan las encuestas y que vaticinan el fin de la octogenaria sigla del MNR por la arriesgada idea de entregarlas en comodato al mirista Virginio Lema. Mauricio Lea Plaza no pudo acomodar tensiones en la campaña de Carlos Mesa y han optado por la prudencia de mantenerse al margen, como en 2014, a pesar de que en aquella ocasión le costó perder la centralidad del tablero.

Ante el inminente fracaso que prevén las encuestas, los tres han empezado a plantear estrategias centradas en lo local. Una especie de huida hacia adelante para tratar de desligar su suerte de lo que pueda pasar en el país. Los tres son conscientes de que todo pasa por lo que pase en octubre. Pero no importa.

Los tres han empezado una especie de baile entre ellos, en los que cada cual trata de mostrar sus credenciales para ponerse por delante del resto en cualquier carrera electoral. Los tres quieren adelantarse, aun creyendo que sus opciones pasarían por ir juntos; aun pensando que juntos, pueden acabar consumidos en el mar de la contradicción y unos por otros.

En Tarija todos los políticos de largo recorrido son amigos entre sí. Todos han compartido tortas de compadres. Todos han intercambiado puñales y espaldas.

¿A dónde van?

Montes fue el primero en mostrar sus intenciones, aunque la mayor parte de los analistas y seguidores de la coyuntura no le acaban de creer. Para el exalcalde, ganar la Gobernación “es fácil”, pero lo difícil es hacerlo con la gobernabilidad suficiente que da controlar la Asamblea, una cuestión casi imposible a la fecha mientras el MAS conserve el poder territorial que tiene.

Montes quiere seguir en política y a su edad ya no puede permitirse otra derrota. Cinco años más en el limbo lo acabarían por desterrar de la primera línea que a duras penas conserva gracias a una lucha fratricida con su sucesor, que no ha dudado en seguirle el juego. Con el MAS de pie y Oliva yendo a por la reválida, no parece probable que Montes se arriesgue, dicen los estrategas del oficialismo.

Torres fue el candidato con más alta votación en 2015 y su perfil es generalmente aceptado en las encuestas de bajo presupuesto que salen poco del centro. Tiene la habilidad de hablar más llano y oler mejor la política. El lunes, en la fiesta de su amigo y candidato Virginio Lema, Torres hablaba de ser gobernador, o alcalde, o gobernador, o alcalde. Daba al fin una prueba de vida para recordar que está en carrera y que esta vez no habrá juego sin él.

En 2015, Torres fue candidato a la Gobernación durante 20 horas. Lo que fue de la presentación del domingo junto a Roy Moroni a la media tarde del lunes en el que se presentaban las listas, cuando aceptó ser subgobernador. “Con poco hicimos mucho”, dice su propaganda.

Lea Plaza, por su parte, tiene una trayectoria tanto o más extensa que los otros dos, pero a diferencia de sus contrapartes, se ha expuesto ideológicamente mucho más que los demás. Lea Plaza podía haberse quedado al otro lado tranquilamente, pues viajaba del brazo de Juan del Granado, pero no lo hizo. Luego vio huir a Mario Cossío. Mientras eso pasaba, sus coyunturales aliados de siempre – si es que esto se puede entender – se ponían de perfil. Y siguen. Apoyando aquí o allá. Diciendo esto o lo otro. Ni Tariquía, ni mucho 21F, ni nada de eso. Ni crisis. La de verdad, no la del enfoque. Cualquier cosa que pueda oler a funcionalidad con el MAS puede acabar enrunando a Lea Plaza y todo Camino al Cambio por el resto de sus días.

Los tres se conocen demasiado. Los tres son conscientes del momento. Los tres han estudiado lo de las redes y la influencia, y los tres se creen más listos que los demás. De momento las cartas están marcadas.


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