MNR: El problema es para Torres

Con la candidatura de Virginio Lema en caída libre y la vieja guardia del MNR enervada hasta el tuétano, los nervios empiezan a cundir en los comandos departamentales, sobre todo por la fatídica fecha del 30 de septiembre, en la que se deben presentar alianzas para concurrir en las elecciones departamentales, salvo aquellos que consideren candidatear en solitario.

A los guardianes de la esencia del nonagenario partido, muñidores de lo imposible y artífices, para bien y para mal, de la Bolivia de hoy, resultado de un proceso histórico altamente político, les duele en lo profundo que su candidato de pasado mirista se la pase fustigando a “los políticos” como si la cosa no fuera con él, o planteando esas ideas de “cinco años y a su casa” con la foto de Paz Estensoro en el decorado.

Como todo boliviano guarda un emenerrista en el fondo del corazón, al que ama u odio, pero que lo acompaña en su día a día, los militantes confesos de alguna de sus últimas escisiones – que se llaman tendencias – confían en que el 20 de octubre voten mirando al cielo y al menos alcancen ese 3 por ciento que les permita conservar la sigla.

Si no lo logran, el lío mayor es para Johnny Torres Terzo, actual subgobernador de Cercado, emenerrista de siempre aunque a tortazos con casi todos los otros emenerristas de siempre de Tarija  (Alfonso Lema, el propio Mario Cossío, etc.) pero que logró hacerse con el poder orgánico y ha hecho y deshecho con la sigla en los últimos años. Evidentemente, Torres tiene todo que ver en que Virginio Lema sea el candidato nacional.

Con el cataclismo de los partidos tradicionales y la eclosión del MAS, Torres se ha convertido en un político hábil y sinuoso, capaz de aparecer y desaparecer, con dos poderes elementales: su habilidad para saber leer los momentos políticos y conjugarlo con sus apariciones públicas, lo que le vale un cierto reconocimiento en el electorado; y dos, la propiedad de la sigla, que le permitía no depender de nadie.

Lo que Torres no tiene, dicen, es plata, y eso le ha llevado a acercarse al establishment de Milcíades Peñaloza, Óscar Montes, Víctor Hugo Zamora, y sobre el que también planean otros necesitados de amor o reconocimiento como Mauricio Lea Plaza y otros.

Montes y Zamora, que de cálculos saben un rato, y visto que no han engañado a nadie con aquello de lanzarse a lo departamental porque “era fácil”, esperan agazapados a que pase el surazo nacional para lanzarse con todo a por la Alcaldía de Tarija, tapar su “desliz” con Óscar Ortiz, y mantenerse a lo suyo.

Torres puede ser alcalde, pero si pierde la sigla, sus poderes se reducen y su capacidad de influir en el reparto de cuadros se verá muy mermada hasta el punto de tener que verse obligado a asumir la candidatura a la Gobernación en una supuesta alianza “Todos contra Todos” con pocas posibilidades de éxito con el MAS revigorizado y sin Chaco luego de sus deslices con el 45% y otras lindezas sobre la autonomía regional.

Torres se ha visto en parecidas muchas veces. Le queda el camino del martirio bajo promesas vacuas, o rentar otra sigla: TPT, ISA, CDC… , pero el problema del MNR, de momento, es para Torres. ¿Quién querría darle vida a un rival político de esas condiciones?