El pecado de Roger Mariaca
El Fiscal General desafió al gobierno pero no calculó todas las variables
Roger Mariaca logró sumar 115 votos en una Asamblea Plurinacional que por aquel octubre de 2024 estaba muy dividida. Arcistas y evistas no votaban juntos hacía meses y no lo volvieron a hacer, mientras que buena parte del camachismo y algunos de Comunidad Ciudadana también apoyaron al cruceño en su carrera para ser Fiscal General. Tal como estaban las cosas era imposible que ganara alguno muy identificado con nadie y Mariaca, que había sido nombrado Fiscal Departamental por Juan Lanchipa – el Fiscal General que sobrevivió a Jeanine Áñez – jugó sus cartas. El vocero José Luis Gálvez habló de elección corrompida con dinero del narcoterrorismo el viernes por la mañana, cuando la estrategia del gobierno parecía ser anular por ilegítima aquella elección del 2024, pero exigía demasiadas pruebas y algún que otro aliado de hoy podría salir lastimado.
Mariaca siempre jugó sus cartas. No es un decir. Cabe recordar sus acciones en el periodo postelectoral de 2025, cuando Luis Arce aún no se había ido, pero Rodrigo Paz no había llegado, pues entonces sí empezó a investigar BoTrading, allanó YPFB varias veces y puso en figurillas a los hijos del presidente. Con todo ese acervo acumulado, recibió a la nueva administración, que llegaba con ganas de cambiar las cosas y que pronto empezó a tener problemas en la Justicia hasta el punto de cerrar el Ministerio. Se tantearon. Se midieron. El gobierno de Paz, como cualquier gobierno, necesitaba conocer todos los resortes, y de esa misión se encargó un ruidoso Fernando Cerimedo, consultor argentino experto en campañas sucias en redes encantado con su ascenso a estratega general de un gobierno que dice que es producto del TikTok. Un cargo que le consolidaba como peso pesado de la apuesta del Escudo de las Américas apadrinada por Donald Trump y que es, esencialmente, un alineamiento sin fisuras.
Hubo roces previos, como lo de las 32 maletas “perdidas”, pero la armonía se rompió el día que Sebastián Marset, el uruguayo “gerente de la hidrovía” y narco más buscado de América fue detenido en una operación en Santa Cruz de la que no se avisó al Fiscal General.
Después vinieron los bloqueos; después el caso de las narcomaderas en Chile que parecían apuntar a otros renombrados empresarios vinculados al gabinete; después se desató la guerra territorial en el oriente con sicariatos casi diarios, y finalmente el caso Fernando Cerimedo, que empezó como una tentativa de feminicidio contra la abogada Nadia Beller, operadora de larga data; siguió como un enriquecimiento ilícito y que incluyó la investigación del rol del asesor principal en el caso “narcovuelos”, donde avionetas pagaban grandes sumas para cruzar la frontera.
El caso se puso al rojo vivo a finales de agosto, cuando una comisión de fiscales en La Paz evaluó si abrir causa contra la esposa del presidente, María Elena Urquidi, confidente habitual de Cerimedo, también por enriquecimiento ilícito.
Urquidi no fue imputada y unos días después, la cabeza del comandante general de la Policía, Mirko Sokol, incómodo para todos, rodó por las escaleras de la Casa Grande del Pueblo. Los peor pensados creen que Mariaca se sintió vencedor con aquella componenda. La élite cruceña lo invitaba a churrasco y le daban reconocimientos. La soberbia suele ser el peor de los pecados en política.
Un mes después Mariaca fue aprehendido en un operativo apadrinado por el Escudo de las Américas de Donald Trump, una alianza militar que dice querer proteger al continente del narcotráfico.








