Crónica política
La sonrisa de Lara; el diluvio de Paz
Los discursos del Presidente y Vicepresidente dieron por iniciada una nueva etapa donde la batalla cultural y el respeto serán elementos centrales para complementar unas reformas de fondo que parecen consensuadas
De entre todos los momentos que ofrece una ceremonia de transmisión de mando hay una que suele acaparar las portadas, que es el momento en el que el Vicepresidente posesiona al Presidente y, normalmente, después, se abrazan.
Esta foto era especialmente perseguida en esta jornada por la cantidad de versos que se han recitado sobre la relación entre Rodrigo Paz y Edmand Lara a pesar de que en cada encuentro, ambos, sin mucho esfuerzo, dejan constancia de su complicidad basada en el respeto y ayer no fue la excepción. “Lo lograste” parece susurrarle el expolicía. “Tú también” le responde el exalcalde y sí, se abrazaron.
Los ojos de Lara
Además de por lo evidente, Edmand Lara reunía mucha expectación por toda la comidilla sobre su atuendo y el reciente descubrimiento de sus capacidades oratorias que cierta parte de la sociedad – la más crítica – le había reconocido el viernes.
El “Sí, lo juro” absolutamente marcial arrancó una carcajada general y contenida en la plaza Murillo donde los invitados y periodistas soportaban la intensa lluvia, pero al excapitán el grito le sirvió para relajarse. Subió a la testera para dirigir el acto sin complejos y se emocionó al pedir un minuto de silencio por las víctimas que habían luchado por la democracia. Con la voz quebrada dejó caer una lágrima, pero arrancó el discurso con plantazo afeándole a Luis Arce ciertas descortesías con su familia llegada del interior del país.
Lara representa muy bien a la bolivianidad, nacida y crecida por todo el país, pero además tiene una capacidad genuina para dominar la comunicación. Su seriedad se convirtió rápidamente en sonrisa mientras explicaba quién era y qué decisiones tomaba. Pasó “lista” a las autoridades presentes con autoridad y tono. Saludo a los expresidentes presentes por su nombre y “también a los ausentes” con más educación que ironía, pero que también arrancó sonrisas. También citó a los movimientos sociales que algunos insisten en ignorar. Explicó con naturalidad el por qué se ponía el uniforme pese a ser un expulsado – el compromiso se lleva por dentro, no por fuera – agradeciendo la autorización y diciendo que sería seguramente la última vez. Los jovencitos de la Policía Militar calados hasta los huesos y otros policías tiritando en Murillo sonreían sentidamente al reconocer a uno de los suyos ahí, siendo la Policía, como es, una de las instituciones peor valoradas del país. Habló de Dios, de la Familia, de Rodrigo y se comprometió con lo suyo: luchas contra la corrupción. No hay muchas más pistas de su futuro, pero desde luego tiene muy claro que su rol es tan importante como los demás, algo que no todos tienen tan claro.
El sueño de Paz
Rodrigo Paz, por protocolo, fue el último en incorporarse a la ceremonia. Salió de Palacio Quemado tan sonriente como concentrado. La lluvia arreció en ese preciso instante. Una vida entera soñando con algo, no era para menos.
Su dominio de la escena fue general. Paz domina todos los recursos del orador: implicar al público en sus consignas con preguntas: “¿Dónde está el gas? Arce, Evo, ¿Dónde está el litio?”; canalizar los imprevistos a su discurso - "la lluvia se lleva lo malo y es muy necesaria, así que es un gran presagio"; explicar: “se respetan todos los símbolos, pero usemos los que nos unen a todos”; dejar titulares fáciles: “Bolivia vuelve al mundo, el mundo vuelve a Bolivia”; usar recursos efectistas como proyectar imágenes de supuestas cisternas llegando a Bolivia para entregar el combustible necesario; resumir: “Dios, Patria y Familia”, para acabar también con algunos de los gags de la campaña: “Estado tranca”, “Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia (muchas veces) y citando la Biblia.
Para algunos dedicó demasiado tiempo a criticar la herencia de los 20 años del Movimiento Al Socialismo (MAS) pero no deja de ser la mejor estrategia para enfrentar las urgencias conteniendo las demandas.
Después resumió su programa de gobierno convocando a la bolivianidad a trabajar por el país, incluso con una figura que dejó pensando: “El ser y estar boliviano”, que probablemente fue una apelación directa a las fortunas y los negocios nacionales que hace tiempo se han instalado – con sus dólares – en países vecinos; habló de una hoja de ruta hacia el federalismo insistiendo en el reparto de fondos al 50-50 y aunque no dio muchas pistas de su gabinete, dejó caer que “lo verde”, lo medioambiental, sería una línea base para ordenar sus políticas.
La batalla cultural
Tanto Paz como Lara insisten en una serie de ideas básicas que han conectado mejor con el conjunto de los bolivianos: Patria, Familia, Dios. Paz prometió mano dura y castigo a quienes hayan perjudicado al país y pidió a su manera permiso para reponer los elementos tradicionales. Ambos son conscientes de la necesidad de dar la batalla cultural conectando con los de abajo, para que el cambio no suponga en realidad una reposición del viejo orden donde unos estaban por encima de los otros. Unos tienen más claro el diagnóstico, otros no tanto. Como sea, ya no es el tiempo de análisis sino de la acción, y mucha gente, al acabar los discursos y a pesar de la lluvia, ya copaban los accesos a Murillo para, al fin, pasar página y empezar a escribir la siguiente.





