¿Guardián, mediador o constructor?
La misión del Capitán Lara
El vicepresidente electo ha jugado un rol clave en la campaña y tendrá un rol no menos importante en la próxima legislatura
¿Cuál será ahora el papel del Capitán Lara? La incontestable victoria de Rodrigo Paz Pereira y Edmand Lara entraña ahora una compleja misión: gobernar. Sin tiempo para analizar la victoria los protagonistas ya están pensando en el siguiente paso, y también sus votantes, y sus no votantes.
Edmand Lara ha sufrido una constante campaña de erosión que tenía varios objetivos: principalmente desequilibrarlo y sacarle algunas reacciones autoritarias que ayudaran en “la campaña del miedo”, además de ridiculizarlo (entre las bases no votantes). Una campaña con más sazón clasista que racista, por aquello de que es blancón y de ojos verdes, pero que al final, es la misma.
La campaña del miedo se convirtió en meme y Edmand Lara salvó el tipo sin cambiar ni traicionarse a sí mismo. Se convirtió en ícono popular y quien lo ha escuchado más allá de los cortes de TikTok, entiende su coherencia.
Su papel, sin embargo, ha cambiado.
Edmand Lara: el guardián
Lara no es político. Tiene un equipo limitado alrededor de su partido no nato: Nuevas Ideas con Libertad, que funciona igual como puerta de entrada que como maquinaria electoral. No es exactamente un partido con sus cuadros y discusiones ideológicas, sino más bien un movimiento de libre adhesión sin exigencias ni compromisos temporales.
Por otro lado, Edmand Lara es el ancla moral de este gobierno, un tema que no es menor. El MAS ha acabado descompuesto desde dentro y Lara ha expuesto posiciones maximalistas sobre los asuntos de corrupción más allá de los guiños a pactar intereses sectoriales, sin embargo, es improbable que su rol sea exclusivamente el de patrullar en el gobierno a la caza del delito.
Varios analistas han coincidido en un “escenario prospectivo”, no exento de clasismo, en el que a Edmand Lara lo colocan en un rincón del gabinete encargado de asuntos grandes, pero aislados – reformar la Policía, por ejemplo – hasta que se le vengan encima o, peor, estalle un escándalo de corrupción que lo manche y lo obligue a alejarse. Evitar esto es la primera misión y casi exclusiva de su jefe de gabinete, pero hay muchos con los ojos puestos en él esperando su fracaso.
El mediador
Al capitán Lara se le atribuye cierta ascendencia sobre el voto popular que en realidad, no se ha probado científicamente. Las adhesiones por TikTok son frágiles y circunstanciales. Un avión de más o un traje caro puede acabar por arruinar la reputación construida.
El apoyo total brindado por Tuto Quiroga en la Asamblea, como ya hizo Doria Medina luego de los resultados de la primera vuelta, convierten el regalo en un caramelo envenenado: Más allá de la coincidencia general de los planteamientos de Rodrigo Paz con los de Tuto y Samuel, los necesita numéricamente y en un escenario en el que no se aprueben las cosas y no mejore la situación, el señalado va a ser inmediatamente el presidente. Lo ha sido en esta legislatura con un presidente sin poder en la Asamblea.
En esa tentación de sucumbir a los planteamientos de Tuto y Samuel, el rol de Lara pasa por recordar quién eligió gobierno para que las leyes tengan su cariz. Ahora, es arriesgado atribuirle a Lara una ascendencia con los movimientos sociales que no tiene.
Rodrigo Paz se jacta de haber recorrido el país y Lara es parte, pero no está claro que tenga el poder para que las cosas sucedan, como sí tenía Evo Morales. La negociación de intereses sectoriales no es fácil. Equilibrarlos tampoco, y quienes se sientan en la mesa solo reconocen a quien tiene el poder.
El constructor
De ahí que Lara pueda cumplir con un tercer rol, además de forma inmediata. Ni Paz ni Lara tienen base territorial y las elecciones subnacionales parecen brindarse como una oportunidad para asentarla, aunque es de nuevo un caramelo envenenado.
Los analistas coinciden en que Rodrigo Paz no debería exponer su liderazgo naciente en una campaña subnacional donde sus posibilidades de éxito son pequeñas y los resultados podrían amenazar su discurso en la raíz. Paz habla de construir un nuevo país y nuevos pactos, y la experiencia reciente del MAS, siempre interesado en dividir a los suyos y los otros, no invita a repetir la experiencia.
Sin embargo, Edmand Lara sí podría ocupar su tiempo en construir un aparato que precisamente canalice las pulsiones políticas y ordene la interlocución con los movimientos sociales. La posibilidad de que Lara busque liderazgos populares locales con los que construir, sin la presión de ganar y con el objetivo de fortalecer el binomio en la negociación con los otros “aliados” parece clave.
Edmand Lara ha sido uno de los grandes nombres de esta campaña y probablemente Rodrigo no podría haberlo hecho sin él. Conservar la dinámica pasa por cubrir objetivos básicos compartidos. Lo que seguro que Lara no va a ser es un elemento decorativo a la espera del suicidio.








