Elecciones en Colombia
Colombia: el desafío de gobernar tras Gustavo Petro
Quien suceda a Petro enfrentará una Colombia marcada por la inseguridad, la polarización y la crisis fiscal, pero también un país donde las clases pobres y populares han entendido que hay otra forma de hacer las cosas
"Quien gane la presidencia no podrá gobernar sin ceder poder". Con esa advertencia, Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis, describe a Deutsche Welle el escenario que enfrentará el próximo presidente de Colombia: un país polarizado, con deterioro de la seguridad, crisis fiscal y un Congreso fragmentado y que recién concluye la primera legislatura de izquierda desde su independencia con notables avances sociales.
Con la campaña entrando en su tramo final, tres candidatos concentran las mayores probabilidades de llegar al poder: Iván Cepeda, del izquierdista Pacto Histórico y heredero político de Gustavo Petro; Paloma Valencia, senadora uribista y representante de la derecha tradicional; y Abelardo de la Espriella, abogado y empresario de ultraderecha que busca capitalizar el voto de descontento.
Ninguno, sin embargo, parece cerca de ganar en primera vuelta. "Es altamente improbable que un candidato alcance 12 millones de votos", dice Guzmán a DW aunque varias encuestas han dado ese margen a Cepeda, aunque parece más realista un balotaje entre el representante del Pacto Histórico y el que gane la pugna por la derecha.
Sin luna de miel
El próximo gobierno tampoco tendrá demasiado tiempo para acomodarse. "El entorno doméstico se asemeja a una policrisis y el gobierno no tendrá luna de miel, sino expectativas de mejoras inmediatas, algo que nadie puede realmente cumplir", sostiene el director de Colombia Risk Analysis.
A quien llegue a la Casa de Nariño le espera además un escenario complejo: crecimiento económico moderado, profundas desigualdades sociales y un clima político cada vez más tensionado, señala a DW Ricardo García Duarte, politólogo y exrector de la Universidad Distrital de Bogotá.
"En Colombia no siempre coinciden el color ideológico del Gobierno y las mayorías parlamentarias", explica. Por eso, subraya, será muy necesaria "la capacidad para la construcción de consensos".
En ese contexto, el enfoque frente a la seguridad y los diálogos de paz también variaría según quién llegue al poder.
Modelos en pugna
"Si gana la derecha, se espera un giro hacia la confrontación militar y el abandono de diálogos. Si gana la izquierda, tendrá un enfoque más pragmático frente a los diálogos de paz", agregó Guzmán.
Cepeda representa justamente la continuidad —aunque con ajustes— del proyecto político iniciado por Petro. El senador y defensor de derechos humanos ha participado en distintos procesos de negociación con grupos armados y promete profundizar reformas sociales impulsadas por la izquierda.
Pero, según Viviana García Pinzón, investigadora bogotana del Arnold-Bergstraesser-Institutde Friburgo, enfrentaría enormes limitaciones. "El desafío para Cepeda es cómo continuar esa agenda amplia de reformas en un contexto donde las finanzas públicas están deterioradas y crece la inseguridad", comenta a DW.
Desde la derecha tradicional, Paloma Valencia promete recuperar el legado político del expresidente Álvaro Uribe. La senadora del Centro Democrático propone endurecer la política de seguridad y revertir parte de las reformas impulsadas tanto por Petro como por el acuerdo de paz con las FARC.
Sin embargo, García Pinzón advierte que el uribismo ya no tiene la capacidad de imponer su agenda legislativa como en el pasado. "Muchas de las reformas que quiere implementar requieren una mayoría en el Congreso que hoy no tiene", sostiene.
El fenómeno más disruptivo de esta campaña es quizá Abelardo de la Espriella. El abogado y empresario, conocido por casos judiciales de gran repercusión mediática y por sus posiciones ultraconservadoras, busca capitalizar el malestar ciudadano con discursos de "mano dura", nacionalismo y defensa de la familia. Es esencialmente el modelo Bukele adaptado a Colombia con unas ligeras dosis del modelo Milei.
Pero su principal debilidad podría ser justamente la falta de estructura política. "No tiene una base partidaria o de movimiento social que lo respalde", señala García Pinzón, quien prevé fuertes choques entre un eventual gobierno suyo y el Congreso.
"Va a tener que hacer muchas alianzas con distintos partidos y seguramente enfrentará una oposición férrea", dice la investigadora. A eso se suma, según advirtió, el riesgo de "una creciente militarización" que "puede llevar a un escalamiento de distintas formas de violencia y conflicto".
¿Un plan económico de choque?
La economía tampoco ofrece margen de error. "El próximo gobierno no podrá eludir la crisis fiscal", alerta Guzmán a DW. Según cifras de Colombia Risk Analysis, la deuda fiscal ronda el 65 por ciento del PIB y es "altamente probable" que el nuevo presidente deba lanzar "un plan económico de choque" en sus primeros 100 días, incluida una reforma tributaria.
Más allá de quién gane, los analistas coinciden en que el próximo presidente heredará un país atravesado por tensiones acumuladas: violencia persistente, desconfianza institucional, polarización política y crecientes demandas sociales. Todo ello, además, con un margen de maniobra cada vez más estrecho. El próximo mandatario no recibirá un cheque en blanco, sino un país cansado y con poca paciencia.
La despedida de Petro
Por su parte, el mandato de Gustavo Petro llega a su recta final marcado por avances en reformas, pero también por fuertes críticas en seguridad y gobernabilidad.
Mientras sus detractores cuestionan el deterioro de la seguridad y la polarización política, otros consideran que el primer gobierno de izquierda del país abrió debates inéditos y rompió con décadas de alternancia entre sectores liberales y conservadores.
El economista Leopoldo Fergusson, de la Universidad de los Andes, señaló a Deutsche Welle que el balance del Gobierno tiene “claros y oscuros”, aunque considera que predominan las preocupaciones. Destacó, sin embargo, la reforma tributaria, la aprobación de la reforma pensional y la reducción gradual de subsidios a la gasolina.
Otros analistas consideran que Petro deja como legado haber ofrecido una alternativa política distinta en Colombia y haber impulsado debates sobre derechos humanos y el papel internacional del país. Según una encuesta de Guarumo y EcoAnalítica publicada en mayo de 2026, la percepción positiva de su Gobierno alcanza el 45,3 % a pocos meses del final de su mandato.





