Un escándalo sexual en crecimiento
¿Qué es el “caso Epstein” y por qué molesta tanto a Trump?
Las nuevas revelaciones y los intentos de la Casa Blanca por impedir su difusión alimenta las teorías. El bloque más conservador del partido Republicano censura al presidente
Jeffrey Epstein fue uno de los personajes más enigmáticos y perturbadores del poder global contemporáneo: un hombre que pasó de enseñar Matemáticas y Física en una escuela privada de Nueva York a manejar fortunas millonarias, relacionarse con presidentes, príncipes y celebridades, y dirigir durante años una red de explotación sexual de menores, sin llegar nunca a enfrentar un juicio definitivo.
Nacido y criado en Nueva York, Epstein estudió ciencias en la universidad, aunque nunca se graduó. A mediados de los años 70 comenzó a enseñar en la prestigiosa Dalton School, donde el padre de uno de sus alumnos lo conectó con el banco de inversión Bear Stearns. En apenas cuatro años se convirtió en socio de la firma y, en 1982, fundó su propia empresa, J. Epstein & Co., dedicada a la gestión de grandes patrimonios. La compañía administró activos por más de US$1.000 millones, lo que le permitió construir un estilo de vida de lujo extremo y adquirir propiedades emblemáticas en Florida, Nuevo México y Nueva York.
Epstein se movía con comodidad en las élites económicas, políticas y culturales. Donald Trump lo describió en 2002 como “un tipo estupendo”, aunque luego afirmó haberse distanciado de él antes de su primer arresto. También mantuvo vínculos con Bill Clinton, Kevin Spacey, Chris Tucker, Harvey Weinstein y el político británico Peter Mandelson, entre otros. En las últimas publicaciones han aparecido nombres de políticos sudamericanos como Andrés Pastrana. Estas relaciones, aunque no implican delitos por sí mismas, contribuyeron a construir una red de influencia que durante años pareció blindarlo.
A la par de esa vida pública selectiva, Epstein cultivó un perfil reservado y una personalidad descrita por quienes lo conocieron como “enigmática”. Nunca se casó, pero tuvo relaciones con mujeres influyentes, entre ellas Ghislaine Maxwell, hija del magnate de los medios Robert Maxwell, quien más tarde sería clave en su caída.
Las denuncias que marcaron su destino comenzaron a aflorar en 2005, cuando los padres de una niña de 14 años denunciaron abusos sexuales ocurridos en la mansión de Epstein en Palm Beach, Florida. La investigación policial y periodística reveló un patrón sistemático: niñas, en su mayoría de entornos vulnerables, eran reclutadas con la promesa de dinero a cambio de masajes que derivaban en actos sexuales. Más de 50 víctimas relataron versiones coincidentes. Epstein utilizó su jet privado —apodado por la prensa “Lolita Express”— para trasladar a menores entre estados durante años.
Pese a la gravedad de los hechos, en 2008 Epstein alcanzó un controvertido acuerdo de culpabilidad con la fiscalía federal que le permitió evitar cargos federales y una posible cadena perpetua. Fue condenado a 18 meses de prisión con un régimen excepcional que le permitía salir a trabajar diariamente. El Miami Herald calificó este pacto como “el acuerdo del siglo”, señalando que ocultó la magnitud de los crímenes y frenó investigaciones más amplias. El fiscal Alexander Acosta, responsable del acuerdo, renunció en 2019.
En julio de 2019, Epstein fue nuevamente arrestado y acusado de dirigir una vasta red de tráfico sexual de menores. Sin derecho a fianza, fue recluido en una prisión federal de Nueva York. El 10 de agosto de ese año murió en su celda, oficialmente por suicidio, antes de que el caso llegara a juicio, lo que alimentó una ola de sospechas y frustración pública.
Tras su muerte, la atención se centró en Ghislaine Maxwell, acusada de colaborar activamente en el reclutamiento y manipulación de las víctimas. En 2021 fue declarada culpable de tráfico sexual de una menor y otros delitos, y condenada a 20 años de prisión. Su apelación fue rechazada por la Corte Suprema de EE.UU.
El caso Epstein dejó al descubierto no solo una red de abusos, sino también las fallas estructurales de los sistemas judiciales y políticos para enfrentar delitos cometidos desde el corazón del poder, así como la persistente demanda de verdad y justicia por parte de las víctimas.
La controversia arrincona al bloque Maga en EEUU
El caso Jeffrey Epstein continúa siendo una fuente de incomodidad política para Donald Trump, pese a sus reiterados intentos por marcar distancia. El propio presidente de Estados Unidos reconoció en el pasado haber sido amigo del multimillonario y haber viajado en su jet privado en más ocasiones de las inicialmente conocidas, según confirmó en 2020 el fiscal del distrito sur de Nueva York. Tras la detención de Epstein, Trump trató de desvincularse públicamente del escándalo y llegó a afirmar que “no era fan” del financiero.
La controversia ha generado un profundo malestar dentro del movimiento MAGA, base electoral clave para las victorias de Trump en 2016 y 2024. La negativa reiterada de la Casa Blanca a hacer públicos todos los documentos del caso provocó desconfianza y críticas entre sus seguidores. Figuras influyentes del trumpismo, como la congresista Marjorie Taylor Greene, exigieron la publicación completa de los archivos, lo que derivó en tensiones internas dentro del Partido Republicano y presiones directas al Departamento de Justicia.
Finalmente, Trump promulgó en noviembre una ley que obligó a desclasificar toda la documentación del caso Epstein. Desde entonces, la fiscal general Pam Bondi ha liberado millones de documentos, aunque solo una fracción mínima del total. Las revelaciones han tenido impacto internacional: se conocieron contactos posteriores a la condena de Epstein con la princesa Mette-Marit de Noruega y derivaron en la renuncia del exembajador británico Peter Mandelson, además de una investigación policial en Reino Unido.
El nombre de Trump aparece miles de veces en los archivos, incluyendo correos con acusaciones no verificadas, lo que ha reavivado la polémica. La desclasificación masiva también ha sido cuestionada por exponer datos personales de víctimas. Junto a Trump, los documentos mencionan a numerosas figuras públicas —desde el príncipe Andrés hasta Bill Clinton, Elon Musk o Stephen Hawking—, sin que ello implique automáticamente responsabilidad penal alguna.





