Mediterráneo: La moral de la campaña, la protesta de la Gen Z
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Estimados y estimadas
La agonía final del gobierno de Luis Arce está siendo aún más decepcionante que su gestión, orientada desde el principio a la guerra interna nunca fue capaz de tomar las medidas necesarias para revertir la falta de dólares, lo que acabó llevándose por delante lo construido, o al menos el relato que lo sustentaba. Desde que a principios de año confirmó que no sería candidato, el gobierno entró en una parálisis general, y, al parecer, en una suerte de remate y sálvese quien pueda. Lo que no esperaba (casi) nadie es que esto se combinara con una descomposición moral expresada en la conducta de los miembros de la familia presidencial, empezando por el propio Arce que se niega a hacerse la prueba de ADN para no reconocer a un hijo que una ex subordinada le atribuye; lo que se suma a los suculentos créditos concedidos a sus hijos menores, que pasaron de la burocracia estatal a la agroindustria en un abrir y cerrar de ojos, y se corona con la vergonzosa huida de Marcelo Arce Mosqueira, el perejil de todas las salsas de los grandes negocios de esta legislatura, acusado de darle tremenda golpiza a su concubina y dejarla con 13 días de impedimento, y que además se ha dado modos para que retire la denuncia…
Los asuntos de la moralidad en la política han ido cambiando con el tiempo. Si en las primeras democracias modernas no se podía aspirar a nada sin tener una familia modélica y una trayectoria intachable, los cánones se fueron ampliando por pura necesidad social y se naturalizaron personajes como Silvio Berlusconi, la historia de los Clinton o el matrimonio ni más ni menos que del Rey de España con una divorciada. En Bolivia también hay colección de romances en los ámbitos del poder que han roto consensos conservadores y moldes de todo tipo.
Con el siglo XXI bien asentado y las redes sociales operando, lo moral – que siempre fue político – volvió a ocupar un rol clave en las luchas electorales: las redes mueven emociones y censurar al rival por su conducta – social, empresarial, familiar, etc., - más allá de la propia corrupción siempre ha dado réditos.
Hacer apuestas de ese tipo suelen dar frutos para ganar elecciones. Siempre hubo mensajes mesiánicos y campañas basadas en la llegada del apocalipsis, pero necesitaban acompañar esos diagnósticos con propuestas contrastables de que llegarían tiempos mejores. Hoy ya no. Las campañas son cada vez una cuestión de fe.
Eso sí, ese tipo de campañas necesitan de mucha autenticidad para sumar adeptos. Por eso a Edman Lara le salió bien y a Doria Medina no, por ejemplo. Ahora, lo difícil viene después, cuando un gobierno constituido en base a rigideces conductuales y censuras totalitarias debe ejercer el poder y tomar decisiones.
A Javier Milei en la Argentina, por ejemplo, le está costando demasiado mantener sus promesas y sus electores ya le han dado muestras de que su amor no era tan sólido como reflejaban los datos. Hoy en el Mediterráneo hablamos precisamente de otros líderes que construyeron sus victorias en base a promesas de máximos como Petro, Seinhbaum o el propio Donald Trump, que construyen desde entonces su propio relato para asegurar su legado, siempre en riesgo por las dinámicas de la indignación, y que al parecer ya ha encontrado forma para volver a la calle de la mano de la “Generación Z”, curiosamente la generación nativa y mejor formada en lo digital, pero que parecer haber aprendido que en su cuarto no cambia el mundo – también hablamos de eso -.
Con la degeneración del gobierno de Arce, la promesa de los candidatos se hace común. Aún así tanto unos como otros apelan a las emociones y a la “rectitud” moral con mayor o menor éxito y coherencia. Unos abusan de teatralidad, otros de datos. La vara está muy baja y aún así, ninguno firmará un cheque en blanco con los votantes que los elijan. Así son las segundas vueltas. Así son las cosas ahora.
Petro, el siguiente
¿Qué pasó?
Gustavo Petro “se quedó” sin visa para entrar en Estados Unidos por decisión unilateral de la secretaría de Estado de Estados Unidos luego de que el presidente de Colombia, a las puertas de la sede de Naciones Unidas y ante una manifestación propalestina llamara a los soldados de Estados Unidos a desobedecer.
¿Y ahora qué?
Gustavo Petro fue uno de los nombres clave la semana pasada en la Asamblea General de la ONU, donde cargó contra Estados Unidos y Donald Trump y trazó un hilo discursivo uniendo la operación de Israel en Gaza con Venezuela por la operación especial contra el narcotráfico que EEUU opera en el mar Caribe. Petro recordó que Israel mata indiscriminadamente palestinos como “daño colateral” en la lucha contra Hamás, como EEUU ha empezado a matar a jóvenes – que probablemente sí transportaban droga – pero que no son ni de lejos los grandes narcotraficantes del mundo, y en ese marco recordó que hay otras formas de hacer las cosas, que todos merecen un juicio justo y que la unilateralidad y la impunidad con la que se opera a la vista de todo el mundo es vergonzante.
Perder la visa luego de haber sido “descertificado” la semana anterior porque según EEUU no hace los suficientes esfuerzos por luchar contra el narcotráfico era un “daño colateral” previsto y menor. Petro está en campaña abierta – aunque no puede optar a la reelección -, y una posición firme contra Estados Unidos le suma en su círculo.
Lo curioso de la descertificación es que EEUU no retira los programas que financia y que administra fundamentalmente el Ejército, lo que da argumentos a los que aseguran que también EEUU está en campaña en Colombia y a más, los que recurrentemente hablan de Golpe de Estado.
Las elecciones en Colombia son el 31 de mayo de 2026 y probablemente se defina en una segunda vuelta el 21 de junio. Queda un mundo pero no tanto. Petro electoralizó el país desde el primer día y ha apostado ala movilización permanente para presionar al Congreso, donde está en minoría, para aprobar las principales reformas que ha introducido: previsional, salud, empleo, etc.
Petro fue el primer presidente de izquierda de toda la historia de Colombia, por lo que “desmontar” un estado conservador y semicolonial, atravesado por la violencia, en solo cuatro años era esencialmente imposible. Aun así, una vez que descartó acudir a un referéndum para cambiar la Constitución y se avino a algunos ajustes, logró avances sociales bien ponderados por la comunidad, pero que pueden tener las horas contadas si no logran darle continuidad al Gobierno.
Petro llegó al poder liderando el Pacto Histórico, que viene a ser un frente muy muy amplio plagado de centenares de partidos, movimientos, agrupaciones y líderes carismáticos que comparten los grandes principios generales, pero como en todo lado, se “sacan la madre” en cualquier pequeña discusión interna o programática. Petro aspira a convertir al Pacto Histórico en una sola fuerza, liderarla, y desde ahí poder ejercer una suerte de tutoría para quien fuera elegido presidente por su fuerza, si se da, o coordinar la oposición en caso contrario. Esto sigue estando difícil, pero el 25 de septiembre logró que se reconociera la personería jurídica, que ya es algo.
Un día después, al filo de la medianoche el Pacto Histórico cerraba una de esas discusiones agrias y sangrientas precisamente para elegir candidato precandidatos y acudir a primarias el 26 de octubre.
Ya con el esquema claro, la senadora María José Pizarro, el exsenador Gustavo Bolívar y la exministra de Ambiente Susana Muhama declinaron sus aspiraciones para impulsar la candidatura del senador Iván Cepeda, quien a priori es el delfín oficial de Petro, aunque este está haciendo esfuerzos por mantenerse neutral.
Cepeda competirá solo con el exalcalde de Medellín Daniel Quintero y la exministra de Salud Carolina Corcho. Quintero, de perfil populista y con base fuerte, es la “principal amenaza” hacia el petrismo y una suerte de bomba de relojería, pues sobre sus espaldas pesan diferentes denuncias de corrupción no aclaradas. Por su parte, Corcho representa el ala más a la izquierda, pero leal al pacto.
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No está menos disputada la pelea en la derecha, donde dos referentes históricos como Álvaro Uribe – sentenciado recientemente – y Germán Vargas Lleras están acercando posiciones. Líder uno de Centro Democrático y otro de Cambio Radical, simbolizan mucho más que eso. Vargas Lleras fue elegido vicepresidente por Juan Manuel Santos, que como tantos, pasó de delfín de Uribe a enemigo íntimo. Las diferencias han llegado hasta el inicio del gobierno de Petro. La magnitud del cambio y el cambio de clivajes ha operado para que estos dos grandes referentes se reúnan.
En ese lado del tablero también se perfila César Gaviria, jefe del Partido Liberal, junto a los jefes de los partidos Conservador y La U; aunque la “estrella emergente” es Vicky Dávila, periodista activista que hadado pasos hacia una futura candidatura.
¿Y qué hay de lo nuestro?
Colombia y Bolivia tienen muchas similitudes demográficas y sociales, pero no tantas políticas. Una de las principales diferencias es la madurez de sus partidos políticos, que aunque como en Bolivia crecen ligados a un líder carismático, por lo general son capaces de desarrollarse, tener cuadros formales, defender ideas de forma estable y defender su modelo de país.
El proceso llevado adelante por Petro seguramente es también una envidia para los intelectuales que formaron parte del Movimiento Al Socialismo en Bolivia. Un presidente que respeta la Constitución, que promueve la renovación democrática de cuadros y aunque tiene dificultades para definir ideológicamente el partido abarcando a todos, al menos logra fijar una serie de prioridades de gobierno en pase a principios y valores y que promueven la unidad y la acción. Cualquier similitud con los 20 años de Morales – Arce son coincidencia, y siempre vale recordar que Petro no es precisamente un líder dócil, sino un megalómano empedernido con toda la vocación de poder que se puede tener, ni más ni menos. Toda.
Un año de Sheinbaum
¿Qué pasó?
La presidenta de México Claudia Sheinbaum cumplió esta semana un año en el poder lo que propició una catarata de análisis y reflexiones empezando por la propia, pues Sheinbaum ha mantenido la estrategia de Manuel López Obrador de presentarse cada mañana ante los medios para hablar básicamente de todo. Transparencia absoluta.
¿Y ahora qué?
La presidencia de Sheinbaum es continuidad de la de AMLO, que se retiró con una alta popularidad y permitió una victoria muy holgada dela ex jefa de gobierno de México DF. Las encuestas señalan que mantiene su popularidad extraordinariamente alta para lo que se acostumbra en la gestión.
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En un solo año, Sheinbaum, ya saca músculo de las reformas: logró llevar adelante la elección judicial, aunque con discretos resultados y baja participación, y modificó el régimen energético con la intención de rescatar PEMEX y CFE para darle un mayor papel al Estado y su rol de servicio.
Sheinbaum ha hecho de la lucha contra la corrupción su bandera y le está poniendo el máximo esfuerzo en ello, aunque sea difícil, más en un momento en el que la violencia del narcotráfico ha vuelto a rebrotar.
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El tema judicial – la independencia después de la elección -y la propia naturaleza discursiva de Sheinbaum ha instalado un debate sobre el autoritarismo como forma de gobierno. Lo cierto es que su tono y mando no se distingue demasiado del de Milei o Noboa y seguramente el debate no existiría si no fuera mujer.
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Como sea, el gran fantasma que planea sobre su gobierno es el gobierno de Estados Unidos y las antojadizas decisiones de su presidente Donald Trump, que sin embargo Sheinbaum, ha demostrado ser capaz de combatirlas con firmeza y llegar a acuerdos dignos. Sin duda es la líder que mejor se ha parado frente a Trump y ahí reside buena parte de su éxito. La gestión de la migración, sin embargo, puede ser su gran piedra en el zapato.
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¿Qué hay de lo nuestro?
Al igual que con Colombia, los resultados de las gestiones de AMLO – Sheinbaum son poco comparables con los de las dos décadas del Movimiento al Socialismo en Bolivia por motivos obvios. Bolivia ha tenido mejores datos en la reducción de la pobreza, pero dentro de una economía que, al final, se ha mostrado inestable y poco sostenible, seguramente porque nunca se han tomado algunas de las medidas nacionalistas que sí se están tomando en México para darle sentido a la intervención del Estado.
A Sheinbaum y a AMLO se les ha acusado más o menos de lo mismo que a Morales y Arce: de autoritarismo y de sectarismo en sus decisiones, la diferencia es que los mexicanos han logrado explicarlo con éxito y los segundos han acabado descarrilando. La sucesión, por cierto, también es para estudiar. AMLO sí se fue a su chaco.
Los plazos de Trump
¿Qué pasó?
De última hora y sin demasiados detalles: Hamás ha aceptado devolver todos los rehenes a Israel y negociar el resto de detalles. EEUU ha pedido a Israel que cese los ataques de inmediato.
¿Y ahora qué?
El asunto es complejo porque ya todo el mundo conoce cómo opera Israel y el propio Donald Trump, que esta misma tarde había formulado la enésima amenaza contra cualquiera (en este caso Hamás) para que aceptaran su propuesta o atenerse a las consecuencias. Son 9 meses de gobierno idénticos.
Hamás ha decidido aceptar el punto central de los 21 que contemplaba el plan propuesto por Trump el pasado fin de semana, luego de la Asamblea General de la ONU. Muchos de los que defienden la operación e Israel recurren a esta pregunta: Si quieren paz, ¿por qué no devuelve los rehenes? De momento ya hay promesa.
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Devueltos los rehenes – se estima quedan unos 50 aunque sedes conocen si vivos o muertos -, EEUU garantiza la desocupación total de la Franja de Gaza y el inicio de una nueva era. Pero nadie se fía del otro. Las presiones dentro del gobierno de Israel para completar la ocupación, incluyendo Cisjordania – que Trump ha negado y criticado con sus clásicas amenazas – son fuertes y la continuidad de Netanyahu dependen de ello.
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El asunto ha vuelto a poner en evidencia la incapacidad de Trump para gestionar los plazos y hacer efectivas sus amenazas: los aranceles de México y de China, la guerra de Rusia y Ucrania y el asunto de Israel minan a diario su credibilidad. La operación en el Caribe no tiene fechas concretas, pero mientras sigue destruyendo barcas con balseros a bordo con misiles de alto calibre crece la sensación de que, de nuevo, no pasará nada.
Para seguir: El momento de la Gen Z
Lo hablábamos al comienzo y algo se mueve en el mundo de punta a punta
Protestas en Marruecos: "No queremos el Mundial, la salud es prioritaria": las protestas de los jóvenes en Marruecos que ya dejan 3 muertos y más de 350 heridos
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Además de lo que ya se vivió en países como Serbia, Sri Lanka o Nepal pueden dar cuenta de algún parámetro. Una buena hipótesis es que los jóvenes se han cansado ya de intentar cambiar el mundo desde sus redes, donde no cambia nada, y se están lanzando a la calle, como siempre fue, a conseguir sus cosas.
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Hay denominadores comunes, como lo de que son jóvenes conectados, lo que a la prensa, que nos gusta mucho lo de las etiquetas, nos sirve para llamarlos “Generación Z” resumiendo así el asunto. Algunos minimizaron lo de Nepal a una protesta por cortar sus redes, pero hay asuntos de fondo que no tienen tanto que ver con la libertad, sino con la justicia.
La mayoría de las protestas tienen como eje la corrupción de una u otra manera que ha desencadenado en desastres y ha servido como disparador, pero hay otros asuntos de fondo: los jóvenes de los países periféricos están viendo en sus redes que otra forma de vida es posible y la quieren, y no se trata de viajes o fiestas, sino de servicios y oportunidades. La corrupción es el enemigo común.
El asunto es clave en las reflexiones del nuevo orden mundial. Toca seguirlo.
LAS RECOMENDADAS
Entre las recomendadas para este fin de semana y tal vez el siguiente, pues es posible que la actualidad electoral me impida cumplir con esta cita:
- Esto de la BBC sobre nuestros amigos del sur y sus problemas: Qué es un "swap" de monedas como el que negocia Argentina con el gobierno de Trump (y las dudas que genera)
- Esto de Nueva Sociedad de por qué la IA china es espía y las demás no… (ironía off): DeepSeek y la batalla por el control de la inteligencia artificial
- Esto de Diálogo Político sobre los extremos: ¿Por qué se necesita la centroderecha?
- Esto de Nueva Sociedad también sobre estos temas: ¿Cómo se desmoronan las democracias?
- Y esto de BBC para conectar con la otra Generación Z: Cómo Taylor Swift se convirtió en la reina del pop mundial y qué podría destronarla
Muchas gracias por leernos.
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Nos vemos en las calles





