Bermejo y el olvido de la historia petrolera de Bolivia

Bermejo fue uno de los lugares donde comenzó la historia petrolera de Bolivia. Hoy enfrenta problemas para acceder al gas que necesita. La respuesta no puede limitarse a pedir paciencia

Hay lugares que tienen derecho a reclamar algo más que una explicación. Bermejo es uno de ellos.

La ciudad y su región forman parte de la historia misma de la industria petrolera boliviana. Allí se encuentra el pozo Bermejo-1, perforado en 1924, una referencia fundamental en el nacimiento de la explotación de hidrocarburos en el país.

Cien años después, resulta difícil aceptar que una región con ese legado tenga que preocuparse por si llegará o no el gas necesario para atender las necesidades de su población, pero eso es exactamente lo que está ocurriendo.

La disminución del caudal que recibe Bermejo ha encendido nuevamente las alarmas y ha obligado a la Gobernación de Tarija, al Comité Cívico y a YPFB a sentarse a buscar una salida. La Gobernación ha informado que existe predisposición de la estatal petrolera y que se estudia incluso un mecanismo de intercambio con Argentina, un swap, como alternativa para garantizar el suministro.

Bermejo estuvo en el comienzo de nuestra historia hidrocarburífera. No merece estar en el final de la lista de prioridades.

Puede ser una solución. Pero no puede convertirse en una excusa para esperar 50 días. La población necesita gas ahora. Si los campos que tradicionalmente abastecieron a Bermejo están en declinación, corresponde al gobierno resolver la logística necesaria para que la ciudad no quede desabastecida mientras se define una solución definitiva. No se puede trasladar a las familias el costo de una transición productiva que corresponde gestionar al Estado. Y mucho menos utilizar la escasez como argumento para elevar las tarifas. Bermejo no puede pagar más simplemente porque sus pozos se agotaron.

Hay algo profundamente contradictorio en esa posibilidad. Durante décadas, Bolivia extrajo hidrocarburos de Tarija y Bermejo fue parte de esa historia. Hoy, cuando la producción declina, el territorio que ayudó a construir la industria nacional no puede quedar relegado a la última fila del abastecimiento.

El agotamiento de un campo es una realidad geológica. El abandono de una región es una decisión política. Y ambas cosas no deben confundirse. Por eso el problema de Bermejo exige una respuesta en dos tiempos.

Primero, una solución inmediata. Se debe garantizar el suministro de gas a los hogares, comercios e industrias de la ciudad. Si para ello hay que recurrir temporalmente a un intercambio con Argentina, importar volúmenes o reorganizar la red, debe hacerse.

Segundo, una solución estructural. La discusión sobre Churumas y sobre el proyecto Bermejo-X46D debe dejar de ser una sucesión de anuncios y convertirse en decisiones. Si un proyecto no es económicamente viable, hay que explicar por qué. Si otro ofrece mejores perspectivas, hay que evaluar seriamente su desarrollo. Y si existen alternativas de exploración, deben analizarse con información técnica, económica y ambiental transparente.

Porque la verdadera pregunta ya no es solamente de dónde saldrá el gas de Bermejo durante las próximas semanas. La pregunta es qué futuro energético tendrá Bermejo durante los próximos años.

Un país que recuerda su historia petrolera solamente cuando necesita extraer más de sus campos es un país que todavía no ha aprendido a administrar su riqueza. Bermejo estuvo en el comienzo de nuestra historia hidrocarburífera. No merece estar en el final de la lista de prioridades.


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