Las bandas de El Carrizal

El proyecto de la megarepresa maneja números astronómicos de beneficios y hectáreas regadas en Villa Montes, pero hay dudas sobre la viabilidad de su mantenimiento

Después de una década, el proyecto de El Carrizal vuelve a estar en vigencia impulsado fundamentalmente por la ejecutiva de Desarrollo de Villa Montes, Karen Sánchez, y también, obviamente, por la Empresa Nacional de Electricidad, que son quienes se quedarían con la parte más sensible del negocio.

El proyecto es ambicioso a la par de sencillo de explicar y complejo de ejecutar: trancar uno de los afluentes principales del río Pilcomayo para crear una enorme masa de agua artificial en los cañones que hacen de frontera entre Tarija y Chuquisaca. De la parte del salto de agua se ocuparía Ende, mientras que la capacidad de almacenamiento permitiría sostener el riego durante todo el año en miles de hectáreas del Chaco villamontino hasta el Paraguay. Aunque los datos no son definitivos y han ido cambiando en los últimos años, las cifras son grandes.

Evidentemente, poder regar el inmenso Chaco supone uno de esos cambios estructurales importantes que no dejan indiferente a nadie, ya que se uniría a su clima ideal y sus fértiles tierras el componente imprescindible para que una buena cosecha esté garantizada, el agua, por lo tanto, no debe haber un villamontino infeliz con el proyecto.

El salto de agua previsto es, de nuevo, “magnifico”, por lo tanto, Ende se frota las manos con los que será una nueva hidroeléctrica en territorio tarijeño con docenas de megavatios para insertar el Sistema Interconectado Nacional, que apenas distribuye en Tarija, pero que, entre la termoeléctrica, la fotovoltaica y las represas, se lleva un pico.

Los problemas vienen por el lado más sensible, claro, que es el del impacto ambiental y el del propio mantenimiento. Bofetadas de realidad y de discurso, del que suele ser opacado por las urgencias y las necesidades. El área es de especial cuidado por ser hábitat del jucumari, pero por el momento parece que los impulsores sortearán el asunto de las áreas naturales.

Otra cuestión tiene que ver con el mantenimiento. El Pilcomayo es uno de los ríos que arrastra más sedimento del mundo, sus nacientes en las cabeceras de los Andes dan cuenta de larguísimos recorridos atravesando zonas escarpadas y también numerosos nichos mineros. Ese sedimento es el que después se ha ido depositando constituyendo la inmensa pampa chaqueña y argentina mientras ha fluido libre. ¿Qué pasará cuando tope con la represa?

Ya hace una década, cuando los socios chinos empezaron con el estudio, se advirtió que la colmatación de la represa podría ser acelerada y que su mantenimiento adecuado podría costar millones cada año, y que esto no sería eludible bajo amenaza de catástrofe. Una década después, poco ha cambiado en ese aspecto.

El problema, una vez más y como cada vez que este gobierno apuesta por un proyecto, es que no se limita a explicar sus virtudes y analizar sus riesgos, sino que rápidamente organiza a la opinión pública entre los que están a favor y los que están en contra, y como si de un partido de fútbol se tratara, cada cual trata de imponer su criterio a base de gritos o amenazas.

El proyecto, efectivamente, requiere de mucha más información para que Tarija en su conjunto sepa lo que está sucediendo y lo que se pretende. No es difícil.


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