Un Encierro desde casa

En este año fallido, el Encierro de San Roque no va a ser la excepción. Lo importante es vivir la promesa y marcarse desafíos para el año que viene, desde la Fe o desde cualquier otra convicción que ha hecho de este día el emblema tarijeño

Este martes vamos a vivir el Encierro de San Roque más extraño tal vez de toda la historia en la que la tradición se ha ido arraigando en la ciudad de Tarija y los feligreses la han convertido en la Fiesta Grande.

La pandemia lo ha cambiado todo, al menos por este año. El riesgo de que el covid-19 se siga multiplicando entre los ciudadanos ha aconsejado suspender las tradicionales procesiones y el efusivo acto del martes, en el que el Santo vuelve al templo arropado por los chunchos dispuestos, un año más, a cumplir con su promesa.

La tradición de San Roque tiene que ver además con la salud, la lepra y la solidaridad de un pueblo con sus enfermos, en ese sentido, no parece que haya que explicar demasiado a los chunchos promesantes, plenamente conscientes de que la Fe y el cumplimiento de la promesa va más allá de la presencia física en el templo o la procesión, que hacen al rito y no al significado.

Más preocupa, sin embargo, la curiosidad y la tradición arraigada de salir y asistir físicamente, que puede llevar a muchos ciudadanos a la plaza Campero y alrededores a pesar de las circunstancias. San Roque en Tarija ha trascendido incluso las fronteras de la Fe y se asocia indisolublemente a la cultura chapaca.

Hace 366 días, nadie podía imaginar, ni en el más lejano pensamiento, que íbamos a atravesar un año como el que hemos vivido.

Es así que el ciclo de la vida en Tarija también se asocia con el propio encierro. Un acto al que le sigue la llegada de la primavera y que, como con el fin de año o con el entierro del diablo en Carnaval, las familias hacen sus propósitos para la nueva temporada, hasta el siguiente año cuando San Roque vuelva a salir a la calle.

Hace 366 días, nadie podía imaginar, ni en el más lejano pensamiento, que íbamos a atravesar un año como el que hemos vivido. A estas alturas debía haber un nuevo Gobierno Nacional, pero también subnacional, pero sin embargo, nos encontramos atrapados en una crisis multipolar a la que se le ve poca solución.

La crisis política arrancó en octubre, aunque en realidad había empezado antes. Inicialmente pareció encaminarse pronto hacia una salida democrática, que se complicó por momentos, pero la irrupción de la pandemia del Covid – 19 acabó por ponerlo todo patas arriba.

La crisis sanitaria ha ahondado las diferencias sociales y sobre todo, ha generado una crisis económica sin precedentes en el país, pues es diferente a las anteriores y el país también ha cambiado, por mucho que nos jactemos de haber resistido a todas. Las consecuencias son, por el momento, imprevisibles.

En este año fallido desde marzo, el Encierro de San Roque no va a ser excepción. Como todo últimamente, lo aprenderemos a vivir desde casa y rodeados de los más allegados. Lo importante en momentos como estos es no desfallecer, desde la Fe o desde otras convicciones, ser capaces de marcarnos retos, desafíos, promesas y metas para el próximo año y trabajar incansablemente por alcanzarlas. La pandemia sigue fuerte en Tarija y no es momento de cometer irresponsabilidades.


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