1 de mayo: Sostener a las Mypes, levantar al país

El mundo entero conmemora este viernes uno de los 1 de mayo más tristes que se recuerda, y también más incierto. El día destinado a reflexionar sobre los derechos laborales y otras conquistas sociales se ha vuelto este año en un recuento de víctimas del Covid-19, no en su vertiente médica,...

El mundo entero conmemora este viernes uno de los 1 de mayo más tristes que se recuerda, y también más incierto. El día destinado a reflexionar sobre los derechos laborales y otras conquistas sociales se ha vuelto este año en un recuento de víctimas del Covid-19, no en su vertiente médica, sino en la laboral.

Todos los países están padeciendo una destrucción del Producto Interior Bruto (PIB) y una destrucción de empleo por el frenazo del consumo. El orden de los factores responde a cuestiones más ideológicas, pero lo cierto es que los datos corroboran esa tendencia absoluta.

Bolivia no es la excepción. Con el 70 por ciento del empleo informal según el reporte del Fondo Monetario Internacional y que va más allá de “los que viven del día”, ya que engloba a muchos trabajadores profesionales y no profesionales: peones, meseros, mozos de almacén, choferes, limpia autos, cuidadoras, profesoras de guarderías, dependientas de tiendas de ropa, cocineras, empleadas del hogar y tantos otros rubros que han perdido su salario tan pronto como han dejado de tener actividad, que lo recuperen dependerá del dinamismo que se le pueda imprimir a la economía en el próximo semestre, y para ello, el sector público y el sector privado formal resultarán fundamentales.

El país ha sufrido un frenazo en casi todos los rubros, pero de poco valor agregado. A falta de que se muestren las cifras, en un país acostumbrado a vivir en crisis permanente, quién más quién menos ha tirado de estoicismo, de ingenio, y está aguantando en sus casas, de sus ahorros y de los pequeños ingresos que hayan podido llegar. Es posible que este sector recupere su empleo una vez pase la pandemia y que no tenga mayor impacto que el de postergar un poco más los sueños. Para este sector, el Gobierno ha diseñado algunos bonos sin pretensión de ser equitativos – todos cobran igual – y que puede tener su efecto en la atención de la emergencia social.
El Gobierno ha dedicado una mínima parte de recursos para sostener la empresa formal, pues ni el aplazamiento del pago de impuestos, ni los créditos “blandos” pueden considerarse ayuda
Que ese sector se vuelva a poner en marcha depende, fundamentalmente, de que la empresa privada – fundamentalmente la mediana y pequeña – pueda sostenerse en su actividad después de dos meses funestos. Dependen de ello y no precisamente porque tengan opciones de ser contratados ahí, sino porque serán los asalariados que sigan siéndolo los que tendrán que mover la economía.

Al interior del propio Gobierno discrepan sobre lo que será este 1 de mayo en Bolivia, la fecha en la que el Movimiento Al Socialismo (MAS) acostumbraba a “regalar” incrementos salariales por encima de la inflación y que costó tantos despidos y quiebras en los 14 años de Gobierno. Este año la Central Obrera Boliviana - principal beneficiaria de los “regalos” de Evo, a quien abandono en el momento clave de noviembre pidiéndole incluso la renuncia – no ha levantado la voz.

Para unos será un día más, para otros se presentará un plan económico de salvataje empresarial, para otros, más bonos. Lo cierto es que hasta el momento, el Gobierno ha dedicado una mínima parte de recursos para sostener la empresa formal, pues ni el aplazamiento del pago de impuestos, ni los créditos “blandos” pueden considerarse ayuda, menos si se compara con las transferencias de capital y avales que en la mayoría de los países desarrollados se están haciendo hacia el sector privado.

Sin ingresos por impuestos y con el barril de petróleo por los suelos, el sector público – que sigue maltratando a su personal con contratos eventuales y de consultoría – implosionará pronto y los trabajadores expulsados se verán en la misma disyuntiva.

El Gobierno debe reflexionar sobre su estrategia económica y apoyar decididamente a la empresa que genera valor agregado y empleo, sin cálculos y sin condiciones. Es tiempo de la política gruesa y de pensar en el país, no de seguir con el populismo edulcorado, por mucho que diga que se ha lavado la cara.

 

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