El 41% de los jóvenes bolivianos no tiene un empleo estable
Según el estudio “Jóvenes y Empleo”, elaborado por la Red de Líderes por la Democracia y el Desarrollo (Relidd), el 41% de los jóvenes en Bolivia no tiene empleo estable, 85% de los que tienen trabajo no aporta a las AFP para su jubilación y el 78% ha tenido que buscar un puesto laboral...



Según el estudio “Jóvenes y Empleo”, elaborado por la Red de Líderes por la Democracia y el Desarrollo (Relidd), el 41% de los jóvenes en Bolivia no tiene empleo estable, 85% de los que tienen trabajo no aporta a las AFP para su jubilación y el 78% ha tenido que buscar un puesto laboral durante más de seis meses.
Utilizando datos del PNUD, Relidd estima que cada año buscan incorporarse al mercado de trabajo unas 100.000 personas, la mayoría jóvenes. Al no encontrar empleo formal y estable, éstos terminan “engrosando la informalidad”.
La situación que atraviesan los jóvenes les obliga a migrar en busca de oportunidades laborales, en primer lugar en regiones o municipios próximos, y luego, con un movimiento creciente hacia países como Argentina, España, Brasil y Chile, advierte Relidd, una iniciativa juvenil con actores de distintas regiones del país que emergió de procesos de formación impulsados por Fundación Jubileo y Fundación Hanns Seidel.
Bolivia, juventud
con formación
Es bien sabido que Bolivia es un país predominantemente joven. Según las proyecciones del INE para 2018, el 42% de la población boliviana es menor a los 19 años de edad. Otros países de la región tienen menos población joven en términos relativos: el 26% en Chile, 29% en
Argentina y 30% en Brasil, según el PNUD (2014).
A esta situación se la denomina “primavera poblacional” o “bono demográfico”, y es una de las características demográficas de Bolivia desde hace 15 años.
El 60% de los bolivianos tienen entre 15 a 64 años de edad y una cuarta parte de la población está entre los 18 a 25 años. “Son jóvenes con mejores niveles educativos y con una fuerza de trabajo mejor calificada que generaciones anteriores, con una potencialidad para aportar al desarrollo si se les brinda oportunidades”, agrega la Red.
Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en países más desarrollados, “haber logrado un mayor nivel de educación no es una garantía para acceder a un buen trabajo, frustrando peligrosamente las expectativas de las nuevas generaciones”, afirma Relidd.
Por tanto, “si no se transforma la matriz productiva en el país no se generarán nuevas oportunidades; consecuentemente, habrá miles de jóvenes con mejores niveles de estudio, pero trabajando en el sector informal, en tareas no calificadas”.
Pero, como se vio anteriormente, además de engrosar el sector informal, esta población joven y calificada se va del país, un fenómeno que no es únicamente boliviano, sino latinoamericano.
Y además, “lejos de ser un fenómeno en declive, ha aumentado en todas las regiones del mundo en las últimas décadas y, de manera más acentuada en América Latina y el Caribe. Éste es uno de los patrones que caracterizan el escenario contemporáneo de los movimientos internacionales de población”, afirman los investigadores de la UNAM Fernando Lozano (México) y Luciana Gandini (Argentina).
Según estos expertos, las tendencias globales más destacadas sobre el tema son: “crecimiento sin precedentes de la migración de recursos humanos calificados; este incremento se ha dado a un ritmo mayor respecto a otro tipo de migrantes (de calificación media y baja). Las mujeres con alta calificación son las que más han aumentado su participación en los movimientos internacionales de población”.
Efectos de sociales
Otro estudio, titulado “Maternidad Transnacional: Transformaciones y Vulnerabilidades”, muestra que las mujeres que son madres y migran a Europa el principal destino es España e Italia, y la mayoría de ellas tiene una situación de casada y divorciada. Y que la separación con los hijos(as) y parejas tiene efectos en ambos lados (“Aquí y Allá”), especialmente afectivos y de comunicación al interior de la familia.
Por su parte, el investigador Yuri Torrez, que analiza la migración de jóvenes y el aspecto intercultural, explica que la migración se ubica en espacios territoriales determinados, donde “se refuerzan las expresiones socioculturales”, pero también se diferencia el origen de estos jóvenes, “dejando marcados aspectos de discriminación social a los que se ven expuestos”.
Enfoque administrativo
La Escuela de Formación para la Democracia y el Desarrollo (ESFORDD), que organizó seminarios sobre el tema migratorio en La Paz, Cochabamba, Montero, Santa Cruz, Sucre, Potosí y Tarija, considera que en las políticas públicas sobre migración, existe un “enfoque administrativo. No hay acompañamiento del Estado para cualificar la migración y la población migrante está expuesta a trabajos de explotación y sin seguridad. La falta de información sólo permite hacer aproximaciones a esta realidad”.
De cualquier manera, se ha encontrado que en general el acceso a mejores oportunidades de educación y trabajo son las principales razones que motivan la migración de la población joven en Bolivia.
Y según datos del Censo 2012, entre 2007 y 2012, en Bolivia hubo un cambio de residencia o migración interna de 661.786 personas, de las cuáles casi la mitad (45%) eran jóvenes entre 15 a 29 años.
Los municipios del área metropolitana de Santa Cruz, La Paz y Cochabamba, en ese orden, registraron 66% de los migrantes internos. El 70% de los jóvenes residen en las ciudades principales e intermedias del eje troncal.
Finalmente, Relidd observa que todavía hay pocos estudios e información sobre la migración relacionada a la “fuga de cerebros” por falta de oportunidades de empleo bien remunerados y sobre los efectos de la migración rural sobre la seguridad alimentaria, entre otros.
Utilizando datos del PNUD, Relidd estima que cada año buscan incorporarse al mercado de trabajo unas 100.000 personas, la mayoría jóvenes. Al no encontrar empleo formal y estable, éstos terminan “engrosando la informalidad”.
La situación que atraviesan los jóvenes les obliga a migrar en busca de oportunidades laborales, en primer lugar en regiones o municipios próximos, y luego, con un movimiento creciente hacia países como Argentina, España, Brasil y Chile, advierte Relidd, una iniciativa juvenil con actores de distintas regiones del país que emergió de procesos de formación impulsados por Fundación Jubileo y Fundación Hanns Seidel.
Bolivia, juventud
con formación
Es bien sabido que Bolivia es un país predominantemente joven. Según las proyecciones del INE para 2018, el 42% de la población boliviana es menor a los 19 años de edad. Otros países de la región tienen menos población joven en términos relativos: el 26% en Chile, 29% en
Argentina y 30% en Brasil, según el PNUD (2014).
A esta situación se la denomina “primavera poblacional” o “bono demográfico”, y es una de las características demográficas de Bolivia desde hace 15 años.
El 60% de los bolivianos tienen entre 15 a 64 años de edad y una cuarta parte de la población está entre los 18 a 25 años. “Son jóvenes con mejores niveles educativos y con una fuerza de trabajo mejor calificada que generaciones anteriores, con una potencialidad para aportar al desarrollo si se les brinda oportunidades”, agrega la Red.
Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en países más desarrollados, “haber logrado un mayor nivel de educación no es una garantía para acceder a un buen trabajo, frustrando peligrosamente las expectativas de las nuevas generaciones”, afirma Relidd.
Por tanto, “si no se transforma la matriz productiva en el país no se generarán nuevas oportunidades; consecuentemente, habrá miles de jóvenes con mejores niveles de estudio, pero trabajando en el sector informal, en tareas no calificadas”.
Pero, como se vio anteriormente, además de engrosar el sector informal, esta población joven y calificada se va del país, un fenómeno que no es únicamente boliviano, sino latinoamericano.
Y además, “lejos de ser un fenómeno en declive, ha aumentado en todas las regiones del mundo en las últimas décadas y, de manera más acentuada en América Latina y el Caribe. Éste es uno de los patrones que caracterizan el escenario contemporáneo de los movimientos internacionales de población”, afirman los investigadores de la UNAM Fernando Lozano (México) y Luciana Gandini (Argentina).
Según estos expertos, las tendencias globales más destacadas sobre el tema son: “crecimiento sin precedentes de la migración de recursos humanos calificados; este incremento se ha dado a un ritmo mayor respecto a otro tipo de migrantes (de calificación media y baja). Las mujeres con alta calificación son las que más han aumentado su participación en los movimientos internacionales de población”.
Efectos de sociales
Otro estudio, titulado “Maternidad Transnacional: Transformaciones y Vulnerabilidades”, muestra que las mujeres que son madres y migran a Europa el principal destino es España e Italia, y la mayoría de ellas tiene una situación de casada y divorciada. Y que la separación con los hijos(as) y parejas tiene efectos en ambos lados (“Aquí y Allá”), especialmente afectivos y de comunicación al interior de la familia.
Por su parte, el investigador Yuri Torrez, que analiza la migración de jóvenes y el aspecto intercultural, explica que la migración se ubica en espacios territoriales determinados, donde “se refuerzan las expresiones socioculturales”, pero también se diferencia el origen de estos jóvenes, “dejando marcados aspectos de discriminación social a los que se ven expuestos”.
Enfoque administrativo
La Escuela de Formación para la Democracia y el Desarrollo (ESFORDD), que organizó seminarios sobre el tema migratorio en La Paz, Cochabamba, Montero, Santa Cruz, Sucre, Potosí y Tarija, considera que en las políticas públicas sobre migración, existe un “enfoque administrativo. No hay acompañamiento del Estado para cualificar la migración y la población migrante está expuesta a trabajos de explotación y sin seguridad. La falta de información sólo permite hacer aproximaciones a esta realidad”.
De cualquier manera, se ha encontrado que en general el acceso a mejores oportunidades de educación y trabajo son las principales razones que motivan la migración de la población joven en Bolivia.
Y según datos del Censo 2012, entre 2007 y 2012, en Bolivia hubo un cambio de residencia o migración interna de 661.786 personas, de las cuáles casi la mitad (45%) eran jóvenes entre 15 a 29 años.
Los municipios del área metropolitana de Santa Cruz, La Paz y Cochabamba, en ese orden, registraron 66% de los migrantes internos. El 70% de los jóvenes residen en las ciudades principales e intermedias del eje troncal.
Finalmente, Relidd observa que todavía hay pocos estudios e información sobre la migración relacionada a la “fuga de cerebros” por falta de oportunidades de empleo bien remunerados y sobre los efectos de la migración rural sobre la seguridad alimentaria, entre otros.