Dos muertos, dos huérfanos y una explicación de YPFB aún pendiente

Filomena Subia Ávila cerró los ojos para siempre ayer en la clínica Foianini de Santa Cruz. Tenía 35 años. Seis días antes lo hizo su marido, Dionisio Franco Méndez de 41. Lo hizo sin poder ver por última vez a sus dos hijos, que siguen en un tratamiento en una clínica especializada en quemaduras de Estados Unidos. La imagen de la familia calcinada se hizo tristemente viral hace trece días, cuando dos jóvenes socorrieron en un vehículo particular a las víctimas de la explosión del ducto Yacuiba – Santa Cruz que había estallado a la altura de la comunidad El Pelícano. A la fecha YPFB Transporte no ha logrado dar una explicación coherente de lo sucedido mientras los comunarios de la zona empiezan a revelar detalles que ponen en duda la versión oficial del accidente atribuido a terceros.

“YPFB Transporte S.A. lamenta informar el sensible fallecimiento de la Sra. Filomena Subia Ávila, a consecuencia de una disfunción multiorgánica que le ocasionó un paro cardíaco la tarde de este miércoles, quien estuvo recibiendo atención médica especializada en Terapia Intensiva de la Clínica Foianini, en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra”, describe el frío comunicado.

Felipe Centellas, gerente médico de la Clínica Foianini, dijo que el estado de salud de la paciente se deterioró mucho en las últimas horas de su vida y no pudo resistir más las heridas en su cuerpo, según el reporte de radio “Santa Cruz”.

“El 86% de su cuerpo estaba con quemaduras de segundo y tercer grado, eso generó una respuesta inflamatoria muy importante en todo su cuerpo y al final entró a una falla orgánica múltiple sin lograr estabilizarse”, señaló.

A esa hora Yoselín de 6 años y Martín de 11 seguían su tratamiento en el Hospital de Niños en la ciudad de Galveston, Texas, Estados Unidos con pronóstico reservado, ajenos al drama que se les ha sobrevenido por el accidente.

Una explicación pendiente
Mientras la situación se vuelve dramática, YPFB Transporte no ha avanzado nuevas informaciones sobre la investigación de lo sucedido en la Comunidad El Pelícano, donde explotó el ducto Yacuiba – Santa Cruz, entre las estaciones de compresión de Caigua y Taquipirenda.

El mismo 18 de octubre en el que se produjo la explosión, YPFB Transporte fue matizando su versión, desde entonces: silencio. Silencio incluso luego de que comunarios de la zona pusieran en duda la versión de la intervención de terceros al evidenciar que el ducto se encontraba enterrado y el único vehículo quemado producto de la explosión en la zona era una motocicleta.

El primer comunicado oficial de YPFB indicó que “informes preliminares del lugar reportan que existe daño al ducto por parte de terceros por la remoción de agregados, producto de ello se producen daños al ducto seguido de fuga y fuego”.

En su segundo comunicado, brindado por YPFB Transporte, dijo después que “se produjo una fisura en la tubería del GSCY (Gasoducto Santa Cruz-Yacuiba), en el tramo Taquiperendia-Caigua, lo que ocasionó una fuga de gas, seguida de fuego”, sin hacer mayor mención al origen de la fisura.

El vocero oficial de YPFB Transporte, Wilson Zelaya, que calificó entonces la situación de “crisis”, acabó por dejar todo en nebulosa al indicar que se investigaba lo que “mecánicamente ha sucedido con el caño” y lanzó la hipótesis de que un camión con una carga pesada hubiera podido fisurar el ducto; camión que nunca ningún comunario vio nunca en el lugar.

El Chaco exige más medidas de seguridad

Las diferentes comunidades del Gran Chaco mostraron su preocupación por el incidente, recordando que todo el Chaco está surcado por ductos de diferente data de los que se desconoce el estado de mantenimiento y conservación. En ese sentido, además de pedir medidas de seguridad en los lugares identificados, con señalética, vallas separadoras y otros, exigieron también una auditoría al sistema para garantizar que no habrá nuevos problemas.