Alma y corazón
Se fue quebrando de a poquito.
Primero el desprecio, luego la indiferencia
en consecuencia, luego, la traición.
Rota la primera unión, quedaron pendientes
los hebras recientes, nuevas, que unían al alma y al corazón.
Trabajo lento y tenaz.
Trabajo de mujer rencorosa, persistente e hiriente.
Acabó trasvasando su odio y rencor
y un día dijeron adiós, el alma y el corazón.
Segundos, minutos, horas y días
fueron el campo en que socavó, la alegría y la ilusión.
Así estamos entonces, alegre ella con su festín de dolor,
silentes ellos, alma y corazón,
quebrado él, acusado por un delito no cometido,
condenado en una injusticia, sin razón
juzgado en un tiempo donde prevalece
la sentencia contra el hombre,
no importa si culpable o inocente, pero contra el hombre
“déjenlo sin alma ni corazón!”





