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Una extraña epidemia

La noche blanca

Un oftalmólogo que atiende en su consultorio a algunos pacientes

Cántaro
  • Heberto Arduz Ruiz
  • 11/07/2021 00:00
La noche blanca
José Saramago Foto: Heberto Arduz Ruiz

Un oftalmólogo que atiende en su consultorio a algunos pacientes, tras cumplir con el horario del día conduce su automóvil camino a casa y en una de las esquinas advierte que el semáforo marca rojo, pero ¡vaya estupor! en seguida sólo observa una mancha blanca y no puede arrancar en su coche. Está ciego.

Así desarrolla José Saramago el argumento de una de sus novelas, que guarda cierta similitud a lo que acontece en la actualidad, bajo una atmósfera de miedo e inseguridad que ha creado el colapso de los servicios de salud, así como un elevado número de fallecidos; de donde surge la expectativa por saber qué tiempo más durará este mal que afecta a todo el planeta, sin que nadie pueda precisar este dato.

Veamos algo más del texto. Ante el barullo que se arma en la avenida debido al atasco del auto que no avanza, entre los transeúntes del lugar alguien se brinda a conducir el motorizado y lo lleva al médico hasta su domicilio. Después de una espera, larga para el oftalmólogo, le confiesa a su recién llegada esposa la ceguera que le sobrevino sin aparente causa. A la mañana siguiente el médico hace varias llamadas telefónicas a objeto de dar aviso de que no podrá ir a su fuente laboral; nadie entiende su situación como funcionario público y, por fin, resuelven enviar una ambulancia para que lo recojan, y de esta manera se pueda determinar lo sucedido. En el momento en que su esposa pretendía ser desalojada del asiento de compañía por el conductor, indicándole que sólo debía llevar al paciente, ella manifiesta que también está ciega. Más tarde aclara a su esposo que no perdió la visión y que todo lo hizo por acompañarlo y ayudarlo, aunque ella piensa que podrá contagiarse el mal. Y así en cadena indisoluble surgen los sucesivos contagios masivos.

Después las autoridades confinan a centenares de personas en lo que antes era un manicomio, dándole este nuevo uso. Sin embargo, a decir verdad, continúa siendo una casa de locos debido al modo de vivir de los ciegos en el lugar, sin ayuda alguna ni personal médico que los atienda; recinto establecido “mientras no se encontrara para aquel mal, tratamiento y cura y quizás una vacuna que previniera la aparición de casos futuros”. También se dispone la cuarentena de la población, al igual que en la vida real aconteciera.

El libro que motiva este comentario, titula Ensayo sobre la Ceguera, escrito el año 1995; habiendo merecido su autor el Premio Nobel de Literatura tres años más tarde. Lo importante es mencionar que el escritor portugués describe con pelos y señales situaciones de incertidumbre como las que vivimos durante la pandemia por el covid 19, además de otras más dramáticas aún en atención al tipo de epidemia que provocaba la ceguera blanca; llamada así porque las víctimas no veían todo negro, según sucede con los ciegos de nacimiento o los que llegan a ese estado por alguna enfermedad. La noche y el día eran blancos.

La historia se va haciendo hasta cierto punto escabrosa, al menos en cuerpo y alma para la esposa del oftalmólogo, que todo lo veía, sin que los demás ciegos lo supieran. No es libro aconsejable de leer en esta época, porque influye en el ánimo tanto así como al prender el televisor y mirar los noticiosos, que únicamente dan cuenta de malas noticias: muertos por falta de atención médica, feminicidios, asaltos, o aglomeraciones de gente sin barbijo, ya en las puertas de los bancos, lugares de expendio de alimentos, festejos populares, ferias, en fin, una pena por la ignorancia de mucha gente.

Cerca al final de la obra menudean frases y pensamientos con tono existencialista: “Tanto nos cuesta la idea de que tenemos que morir, que siempre buscamos disculpas para los muertos, es como si anticipadamente estuviésemos pidiendo que nos disculpen cuando nos llegue el turno”. O este otro, “unas cosas se olvidan, es la vida, otras se recuerdan”. Grande Saramago, mago de las palabras.

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