Los secretos de la Virgen del Rosario y la fe de El Molino
Cuenta la historia que hubo una época en la que los musulmanes habían arrasado con la cristiandad en el norte de África, en el medio oriente y otras regiones. Que la amenaza se cernía una vez más sobre toda Europa, pues los turcos se preparaban para dominarla y acabar con el cristianismo.
Sin embargo, en 1571, El Papa San Pío V pidió a todos que rezaran, particularmente el rosario, para obtener la victoria y así lo hicieron. Una vez conseguido el triunfo y salvado a Europa, instituyó la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.Por este motivo la iglesia católica celebra esta fiesta en todo el mundo cada 7 de octubre y Tarija no es la excepción, teniendo como principales impulsores a los vecinos del barrio El Molino, el más antiguo de la ciudad. Según José Paz Garzón, molineño e historiador, la Fiesta de la Virgen del Rosario es conocida en Tarija como la Fiesta de las Rosas o la Fiesta de las Flores por acontecer en primavera. La actividad tiene lugar cuando la plaza Uriondo está adornada con hermosas rosas, mientras que la campiña del río Guadalquivir se viste de un verde follaje, que invita al visitante al paseo y a la recreación.
La capilla de la Loma de San Juan y la VirgenLa historia cuenta que la Capilla de La Loma de San Juan, ubicada en el barrio El Molino, fue una de las primeras en ser construida en Tarija por los Jesuitas de la Compañía de Jesús, fundada en 1632 y erigida en una loma, donde se podía divisar gran parte de lo que ahora es la ciudad. Se trataba de una ermita y fue el lugar donde se firmó la rendición de los españoles, decretándose el triunfo del ejército de liberación nacional. La Virgen del Rosario fue la primera imagen que tuvo la capilla y es la misma que actualmente sale en procesión. Se cree que fue traída por los españoles y tiene más de 400 años.La infraestructura es de adobe y está estratégicamente construida. En la antigüedad tenía tres santos: la Virgen del Rosario, la Virgen de Santa Lucía y San Juan Evangelista. El templo sólo se abría una vez al año para la fiesta de la Virgen. Antiguamente la fiesta de la Virgen del Rosario la preparaba la familia Grandchant y en la misma participaban todos los fieles devotos, incluidos matacos y chiriguanos, pero también bailaban los chunchos. La celebración duraba siete días y era una semana de regocijo, en la que invitaban comida y chicha a los participantes.Relatan, los historiadores, que cuando llegó la familia Grandchant ésta trajo una Virgen que salía únicamente ese día en procesión y la otra Virgen más antigua se quedaba en el altar mayor. Empero, la gente del pueblo comenzó a tenerle más fervor a la antigua Virgen de la capilla, por lo que entre los pobladores decidieron que esta imagen es la que debería salir. Uno de los pobladores, en su humilde condición, pidió colecta para que se haga un manto para la figura y limpieza a la capilla en la que moraban algunos murciélagos. A consecuencia de esto, durante muchísimos años, la imagen de la Virgen estuvo al cuidado de la señora Carmen Galarza Uriondo, quien la tenía bajo su custodia en su casa ubicada en la calle Bolívar entre Ramón Rojas y Ballivián. Para la fiesta la engalanaban con un traje y adornaban su arco con rosas como es tradicional, luego la Virgen era acompañada con banda de música hasta la iglesia, donde concluye la novena y comienzan las vísperas. Edith Paz Zamora, nieta de Carmen, relata que esta labor la realizó durante muchos años por devoción a la santísima Virgen del Rosario con la ayuda de su familia y devotos. En otro avance, el padre Bartolomé Attard, logró que la capilla se reabriera y que la Virgen sea repuesta allí en el altar todo el año. Cuando llegaron los padres carmelitas en 1956 se hicieron cargo de la capilla de La Loma de San Juan, fue entonces cuando el padre refaccionó la iglesia, la hizo revocar, colocó el piso de mosaico e instaló la iluminación.Posteriormente, la tradición y la religiosidad del barrio continuaron, por lo que la familia Grandchant hizo construir el altar de madera que tiene actualmente la capilla de La Loma de San Juan. La familia Ichazo también colaboró mucho en esta fiesta con las flores, pues la actividad se llamaba la Fiesta de las Flores, sobretodo porque la capilla era un vergel de rosas y estaba repleta de amancayas.
Los festejosPaz Garzón explica que en la actualidad, la tarde del sábado de fiesta, miembros del comité de festejos y familias del barrio adornan la plaza Uriondo y calles inmediatas con banderitas y cadenitas de papel de seda de colores. Al llegar la noche, es tradición colocar y encender farolitos plisados multicolores. A las siete de la noche, la plaza del Molino se llena de vecinos y gente de otros barrios, que se reúnen para presenciar las populares vísperas con juegos pirotécnicos, retreta de gala y serenata folclórica. Paz relata que incluso, años antes, el público que asistía sabía tocar los tradicionales instrumentos como el erque, la quena y la caja (melodías de la camacheña) o bailar en las quintas al son de guitarras y orquestas. “La gente mayor del barrio añora con nostalgia aquellos lindos tiempos de fiesta cuando en las suaves y sedosas tardes de octubre se solía visitar las bellas huertas de El Molino y de la vera del río Guadalquivir. En esas paradisiacas huertas con ceibos, sauces llorones, naranjos, durazneros y membrillares, citadinos y mozas bien ataviadas bailaban la rueda chapaca”, recuerda. El organizador, explica que este año se intentó dar más fuerza a los festejos y por ello se preparó un nutrido programa que empezó el pasado 3 de octubre con la presentación de la fiesta. A esta actividad le siguieron actos eucarísticos, un concierto sinfónico, la procesión y otras. También está previsto realizar la carrera de cochecitos sin motor, una exposición fotográfica, el festival intercolegial de canto, la coronación de la Reina de las Rosas (María José Vargas Garzón) y la Kermese, entre otros.
El barrio El Molino Los datos históricos indican que hasta la mitad del siglo pasado, la ciudad de Tarija era pequeña, tranquila y tenía sólo cuatro barrios bien delimitados con sus calles empedradas, además poseía cuatro plazas y dos parques. Había también casas y casonas de adobe de rojos tejados con salas, corredores, patios soleados y parras, habitadas por unas 20 mil personas.El Molino, fue el primer barrio de la Tarija colonial, contaba con casas, huertas y árboles frutales que cercaban su actual plaza. Algunas situadas al pie de la Loma San Juan y otras tendidas hacia la campiña del río Guadalquivir. Según José Paz Garzón, los molineños son orgullosos de su identidad y posesión histórica, pues en su barrio se ubican monumentos nacionales como: la Capilla y Loma de San Juan (Ley 374/12 septiembre 1927), la Casa Dorada (Ley 1321/10 abril 1992) y el Archivo Histórico, (Ley 2464/2 de mayo 2003). Pero además son Patrimonio Histórico y Cultural de la Nación: La Catedral, (Ley 2852/27 septiembre 2004), el colegio San Luis; el museo Paleontológico Arqueológico (21 abril 1994) y la Biblioteca Municipal, (Ley 2653/23 abril 2004).A estos se suman edificios de valor histórico como: El Cabildo, el Banco Nacional, el Castillo de Beatriz, la Gobernación, el Palacio Consistorial y la casa de Octavio Campero Echazú.





