Modesto Omiste Tinajeros, el padre de la educación en Bolivia

Nació en la ciudad de Potosí el 6 de junio de 1840. Muy joven, a los 15 años, egresó del Colegio Nacional Pichincha con recomendaciones en artes literarias. A los 20 años se graduó de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca de abogado. Poco después, regresó a su ciudad natal de Potosí y comenzó a enseñar ciencias naturales en el Colegio Nacional Pichincha.

Desde muy temprana edad se había preocupado por el sistema educativo, defendiendo el derecho a la enseñanza primaria pública gratuita. Como concejal, creó las primeras escuelas públicas del país, una para niños y otra para niñas. También se movió en la política, fue embajador en Estados Unidos y fundó el Partido Liberal. Como periodista y escritor, fundó el periódico El Tiempo el 1 de enero de 1885, que imprimió con una prensa que había traído de Filadelfia, Pensilvania. Escribió varios libros, incluyendo Historia de Bolivia y Caracas, cuna del Libertador, entre otros.

Omiste también tradujo varios textos del francés y del inglés al español, los imprimió a su costo, y los distribuyó gratuitamente en las escuelas municipales de Potosí. Acuñó una frase inspiradora que dice: “Nunca dejaremos de ser esclavos, mientras no sepamos hacernos libres por la cultura”.

Algunos escritores como Luis Subieta Sagárnaga lo llamaron “El Sarmiento Boliviano” por su consagración a la enseñanza libre en todos sus grados y la influencia que tuvo en la Ley de Libertad de Enseñanza aprobada un 22 de noviembre de 1872. Al margen de sus dotes de educador, Omiste fue periodista, abogado, historiador, diplomático y político.

La provincia de Modesto Omiste en el departamento de Potosí, lleva su nombre en su honor. La primera escuela de profesores en Sucre también fue nombrado en su honor.

Fue considerado precursor del periodismo nacional debido a las múltiples tareas que desempeñó como funcionario de gobierno. Cuando fundó en la ciudad de Potosí el periódico El Tiempo en su imprenta tuvo la opción de publicar libros traducidos del inglés y del francés, cuya distribución fue gratuita en las escuelas municipales. Como historiador sobresalió con obras como “Crónicas Potosinas”, “Caracas Cuna del Libertador”, “Historia de Potosí 1811 y 1812” y “Monografía del Departamento de Potosí”; este último fue presentado en la Feria Internacional de Chicago en conmemoración del primer centenario de la creación de los Estados Unidos.

La voluntad que impuso en su tarea educadora lo llevó a erigirse como un ejemplo para las generaciones posteriores. En tal sentido, con motivo de la fundación de la Primera Escuela Normal de Maestros de Sucre, el Gobierno Constitucional del Presidente Ismael Saracho encomendó a los doctores Misael Saracho y Daniel Sánchez Bustamante, entre otros, establecer la fecha para tal designación.

Como reconocimiento por la gran dedicación de Omiste por el avance de la educación y la cultura en Bolivia, el presidente Bautista Saavedra anunció en 1924 que se celebrará el “Día del maestro” en Bolivia en la fecha de su nacimiento, el 6 de junio.

Como presidente del municipio de Potosí, Omiste creó las escuelas: 1 de abril para los niños y Juana Azurduy de Padilla para las niñas en el año 1883. Gracias a la implementación de las Asambleas de Maestro de la que fue gestor, pudo impartir sus modernos métodos pedagógicos a través de conferencias, convirtiendo a las escuelas municipales en las abanderadas del país.

La primera Escuela Nacional de Maestros
A fines del siglo XIX dos sucesos capitales sacuden la conciencia nacional: la guerra del Pacífico (1879) y la denominada Revolución Federal (1898). A través de ésta, sin nada de federal, la naciente burguesía criolla desplaza del poder a la oligarquía conservadora del sur. Declina la explotación de la plata y comienza el auge del estaño. El gobierno liberal, después de instalarse en La Paz, “proclama su fe en la educación porque considera que de ésta depende, en gran parte, su consolidación o su fuga del poder”.

Pero sin docencia profesional es inútil pensar en cambios. En opinión de Tamayo, “en Bolivia no hay excepción feliz: liceos y universidades son peores que si no existiesen…el mejor profesional está lejos de ser ni mediocre profesor” Entonces hay que pensar en algo serio. No hay una institución formadora. Este es el desafío inicial.

El 6 de junio de 1909 una misión especial contratada en Europa, a la cabeza del destacado pedagogo belga Georges Rouma, funda la primera Escuela Normal “Mariscal Sucre”. En el acto de inauguración, el presidente Ismael Montes expresa, entre otras cosas: “Abrigo la certidumbre de que este instituto tiene la noble y grande proyección de vivificar el alma nacional, de unificar nuestras aspiraciones y ligarnos con los lazos indisolubles de una verdadera y leal fraternidad”

Y para testimoniar con hechos su voluntad política, el Presidente acude a la estación ferroviaria de Oruro para despedir personalmente a los primeros becarios que salen hacia Chile. A su retorno, éstos serán los primeros catedráticos profesionales de la flamante institución. Ese singular gesto de adhesión presidencial no ha vuelto a repetirse en el país.
Al año siguiente (1910), en sucesivas editoriales de El Diario, Tamayo emprende una campaña periodística; critica varios aspectos importantes del proyecto en marcha. Hay respuestas de parte del gobierno. Se ventila en la prensa una memorable polémica. Más tarde, Tamayo reúne esas editoriales en un volumen que intitula “Creación de la pedagogía nacional”: “Este, lector, es doble libro. Libro de batalla y libro de reflexión”.

No cabe aquí ni siquiera sucintamente la reforma misma, pero uno de los principios básicos del nuevo sistema que los egresados de la Normal debían llevar a la práctica, decía: “Antes se creía que el niño giraba alrededor de los programas y de los maestros, hoy lo científico es que programas y maestros giren alrededor del educando”

Junto a la misión belga, dos egregias personalidades destacan su participación como pioneros en la transformación de la educación nacional de ese tiempo: Daniel Sánchez Bustamante y Juan Misael Saracho. “Por primera vez se consideró que la eficiencia y rendimiento del maestro está en relación directa con su economía”. Durante el periodo liberal se incrementó cinco veces el presupuesto de la educación y mejoró sustancialmente el monto salarial de los docentes, así como el pago puntual de los mismos.

Así, con esa fe y con ese ímpetu se inició el proceso de formación de maestros profesionales en Bolivia, hace casi exactamente un siglo. Pero vino luego, como furioso vendaval, la efervescencia política, la lucha por el poder y el descuido de los gobiernos -otra vez- en cuanto a sus deberes fundamentales con la educación.

Este aniversario, ¿cómo encuentra al magisterio nacional? ¿Sin horizontes ni expectativas?

Tres figuras de la educación Boliviana

Daniel Sánchez Bustamante
Daniel Sánchez Bustamante Vásquez fue educador, político, abogado, catedrático universitario, periodista, escritor y diplomático boliviano. Fue Ministro de Instrucción Pública y de Asuntos Exteriores de Bolivia en diversos periodos, entre 1909 y 1931. Se le considera el reformador e impulsor de la enseñanza pública en nuestro país, al haber sido el fundador de la primera escuela normal de formación de maestros.

Juan Misael Saracho
Juan Misael Saracho nació en Tarija el 27 de enero de 1857. Fue Periodista, político y pedagogo. Fundó el liceo Porvenir en Cinti, en 1879. Combatió en la guerra del Pacífico en calidad de segundo jefe del batallón Camargo, y poco después fue Rector del Colegio Nacional Pichincha y Rector también de la naciente Universidad Autónoma Tomas Frías de Potosí.

Gabriel René Moreno
Gabriel René Moreno del Rivero fue un historiador, bibliógrafo, crítico literario y educador, considerado por Enrique Finot como el “príncipe de los escritores bolivianos”. Moreno obtuvo una plaza de profesor en el prestigioso Instituto Nacional de Santiago (1864), el colegio más antiguo de Chile.