Tras la final, algunos levantaron los brazos, otros besaron la lona

Terminaron los fastos de este exotismo que fue trasladar la final de la Copa Libertadores a España. Dentro del resultado deportivo hubo quien levantó los brazos y quien besó la lona. Y en los escritorios, también hubo ganadores y perdedores. Y quien salió hecho.

Alejandro Domínguez: El estropicio que impulsó en Núñez forzando a que el partido suspendido se jugara lo antes posible, quedó empatado. Hizo un negocio económico formidable para la Conmebol y no dejó fuera a River y a Boca. Como la final salió bien, ensanchó la espalda ante la FIFA.

Florentino Pérez: Quedó como un magnifico anfitrión, a la altura de la historia del Real Madrid que preside. Colgó una medalla en las vitrinas de su club y quedó como embajador del fútbol español. No se sabe si también tuvo influencia económica y si el Madrid obtuvo rédito económico.

La Liga: Co-organizó el partido con la Conmebol. Y salió redondo. No hubo una mancha en lo deportivo. Ganó en imagen y le sirve para expandirse como referente en el mundo. Tiene proyectado jugar Girona-Barcelona en Miami el 6 de enero, aún en litigio con la Federación. Tiene un buen argumento con el impacto publicitaria del River-Boca.

España y Madrid: Como país reforzó los vínculos históricos con Argentina. La capital dio muestra de su capacidad para garantizar seguridad a un evento que venía precedido de tambores de guerra. Y Madrid recogió alrededor de 20 millones de euros de ganancia por la llegada de público durante el fin de semana.

Marcelo Gallardo: Segunda Libertadores en cuatro años. Esta, nada menos que ante Boca. Incuestionable para el hincha de River. No haber ganado un torneo local no es una deuda sino un próximo objetivo. Ahora es más apetecible para clubes del exterior.

Rodolfo D’Onofrio: Puede jactarse de que lleva la Copa a los hinchas, aún en las peores condiciones. No tuvo margen para negociar la localía y debió aceptar la mudanza. El triunfo borra todo. Y es un espaldarazo si quiere lanzarse a la política.

Guillermo Barros Schelotto: Le tocó perder en la apuesta más importante. Puede pasar. No debería ser evaluado por la final del Bernabéu, solamente, pero seguro que pesará en forma adversa.

Daniel Angelici: Perdió por nocaut. Se le rebeló el plantel. Declarar una cosa con firmeza y debió aceptar otra, superado por la relación de fuerzas con el Conmebol. Esas circunstancias previas, el 1-3 y el crecimiento de un río paralelo a su gestión en la boca del gobierno político para el año que le queda por mandato.

Chiqui Tapia: Presidente de la AFA. En la cena de gala en el restaurante del Real Madrid dijo que se abstuvo en la votación que decidió traer la final a España. Por lo bajo, las dirigencias de River y de Boca lo acusan de haberle dejado servido el negocio a Domínguez, Pérez y a los intereses de la TV que emitía la final.

Lucas Pratto: Costó 12 millones de dólares, una fortuna para el mercado argentino. Lo que se acaba de hacer en las dos finales con las palabras clave en la Bombonera y el Bernabéu.

Leonardo Ponzio: Cierra un ciclo estupendo en River, club al que regresó cuando el equipo jugaba en la B Nacional. Se corona como capitán del campeón de la Libertadores.

Esteban Andrada: Símbolo de una situación que terminó en derrota. No confiaban en Rossi y lo trajeron para la Copa. Por su lesión ante Cruzeiro no pudo jugar la ida en la que Rossi anduvo muy bien. En el Bernabéu tuvo un fallo clave que derivó en el gol de Quintero. No perdió él la Copa, pero es el reflejo del momento de Boca.

Nahitan Nandez: Cuestionado porque juega menos de lo que pone, en la final dejó la vida y fue ejemplo para un grupo que en algunos pasajes dio muestras de flaqueza anímica. Si alguien no tiene nada que reprocharse, es el uruguayo.

Mauro Zárate: Dejó al club que lo formó y en el que era muy querido, seducido por jugar (y ganar) la Copa. No pudo ser campeón, responsabilidad repartida con todo el grupo. De las dos finales solo jugó unos minutos en la ida, en el Bernabéu no fue tenido en cuenta.

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