Los sueños del Guadalquivir: Estamos haciendo (escribiendo) historia
Una escuela académica no se define por la institucionalidad ni por el edificio arquitectónico que la alberga. Una escuela académica se define por la huella intelectual que deja en la sociedad que la cobija.



Cuando pienso en mi investigación de los chunchos y de la fiesta de San Roque no puedo dejar de verla como mi herencia intelectual para Tarija. Es tanto lo que estamos descubriendo y tan radicalmente profundo el cambio en la matriz de conocimiento local que se está generando que fácilmente podemos hablar de un antes y un después. Y no soy el único: hay académicos y académicas tarijeñas que están planteando una nueva forma de ver nuestra realidad cuyo efecto no puedo si no admirar profundamente.
Por eso cuando me preguntan de qué sirve lo que estamos haciendo, puedo decir que estamos haciendo (y escribiendo) historia. Si quieres ver nuestros trabajos con los mismos ojos de antes que comience todo esto (apenas 14 años atrás, el 2009) entonces estás perdiendo el tiempo. Ya nada es lo mismo. Estamos a años luz. No solo es la cantidad, sino la calidad. ¿Te puedes imaginar que ahora en Tarija ya formamos parte del discurso académico no solo de Bolivia, sino de Latinoamérica?
Tengo el extraño antojo de desbancar a La Paz como centro intelectual de Bolivia. De producir más y de mejor calidad. De que cuando hablen de investigación en Bolivia no vean solo al eje central, sino también al sur. Y no estoy hablando al aire. Es increíble, pero mi editorial académica independiente La Pluma del Escribano sigue llamando la atención como una alternativa real y de calidad para la publicación académica a nivel regional. Ya son varios doctores que me han buscado para publicar conmigo. Eso es algo que no viene de a gratis; es tiempo, aguante y esfuerzo permanente para alcanzar la excelencia. Estamos pensando en abrir posgrados de alto nivel, como también nuevas carreras académicas y trabajar desde abajo para mejorar la formación intelectual de colegios de secundaria y de los mismos profesores del magisterio, tanto urbano como rural. La creación de una escuela de excelencia en Tarija ya no es una idea del otro mundo.
Como autor académico veo lo que pasa afuera y no me da ganas de publicar fuera de Tarija. Lo cual es raro. Normalmente debería estar rogando para que alguien me publique. Pero no es así. Y eso me hace pensar que no lo estamos haciendo tan mal en Tarija. De hecho, cuando pienso en la publicación internacional de mis trabajos son pocas las editoriales a nivel latinoamericano a las que les entregaría mi trabajo. Diablos, eso es fuerte señor.
Una de las características de la nueva forma de hacer investigación es, precisamente, que no se parece en nada a la vieja forma a la que estábamos acostumbrados. De hecho, creo que deberíamos ir todavía más lejos: Tarija debería ser un espacio intelectual y académico que no solo acepte, sino que fomente el desarrollo de formas científicas experimentales capaces de participar del debate científico mundial. Deberíamos abrir nuevas carreras, desarrollar programas de posgrado de alto nivel, fomentar la participación de nuestros investigadores e investigadoras en congresos científicos internacionales, deberíamos pechar para ser sede de congresos científicos de alto nivel, publicar toneladas de libros académicos y exportar conocimiento en forma de artículos científicos en las mejores revistas académicas del mundo. Debemos tomar lo mejor que tenemos y potenciarlo hasta el infinito. Nunca vas a saber cuán lejos puedes llegar si no lo intentas con todas tus energías.
Cuando estaba comenzando a estudiar mi carrera, nadie en Tarija sabía qué era la antropología. Ahora nadie duda de la importancia de tener un antropólogo en tu ciudad. De hecho, creo que a muchos tarijeños, chaqueños y campesinos chapacos les duele que no haya suficientes antropólogos para trabajar directamente con ellos, para rescatar su historia, sus tradiciones y su patrimonio cultural. Antes no se conocía qué era un antropólogo; ahora los y las jóvenes quieren convertirse en investigadores.
Ha cambiado algo fundamental: la ciencia y la investigación se han convertido en una puerta al futuro, en la aventura de lo desconocido y en la frontera al conocimiento. La ciencia ahora es un símbolo y los símbolos son importantes. Ahora, si en Tarija quieres descubrir y entrar en contacto con las mayores mentes del mundo, el camino que debes seguir es bastante claro. Ahora más que nunca no es ningún orgullo ser mediocre. Estamos marcando época, y esta época que estamos viviendo marcará profundamente a la Tarija de los siguientes 50 años. Estamos haciendo (escribiendo) historia en más de un solo sentido.
Un lindo ejercicio es proyectarte al futuro y pensar dónde quieres llegar de aquí a 10 o 20 años. Y luego, desde esa posición aventajada, mirar atrás y revisar qué es lo que tienes que lograr para llegar ahí. Es bueno tener un norte claro para saber hacia dónde caminar. Somos una potencialidad irrealizada como sociedad. Solo nosotros podemos convertirnos en lo que queremos llegar a ser.