Vale “La Sin Apellido”: “Aún existen prejuicios sobre las mujeres tatuadoras”
Valeria Vargas es más conocida en el mundo de la tinta como “La Sin Apellido”
Valeria Vargas, más conocida en el mundo de la tinta como “La Sin Apellido” es una de las grandes exponentes bolivianas del tatuaje.
Durante los tres últimos años las técnicas del dotwork, el fineline y el blackwork han caracterizado el estilo de los diseños que Valeria Vargas plasma en su libreta para más tarde llevarlos a la piel de sus clientes, “el propósito en cada una de mis piezas es que sea limpio y preciso”, dice la tatuadora.
En la comunidad de artistas y amantes de la tinta, la conocen como “La Sin Apellido”, “vengo de Trinidad, una ciudad donde el apellido te distingue mucho del resto y yo no buscaba eso. Quería empezar de cero, dejar atrás todo lo que era Valeria Vargas, la estudiante de Marketing y Publicidad, y ser una artista tatuadora” cuenta Valeria. En su camino por forjar su carrera e identidad, se mudó a la ciudad de La Paz. “Llegué a pensar en trabajar de forma anónima”, sentencia.
Con siete años de trayectoria en distintos estudios de Bolivia, la artista aún recuerda aquellos duros inicios en los que sus dibujos hallaron su destino en un estudio de tatuaje. Su camino de aprendiz inició en el año 2011 con amigos suyos que se desenvolvían en este campo, “un día les mostré mi cuaderno de dibujos, les gustó mucho y vieron mi interés en aprender” recuerda Valeria. Aquella oportunidad cambió su vida.
Por aquel entonces, ella era una estudiante universitaria de Marketing y Publicidad, pero al poco tiempo de empezar como aprendiz, decidió dejar definitivamente su carrera para dedicarse “en cuerpo y alma a este hermoso arte”, afirma.
Fue una decisión difícil de aceptar para su familia que en un principio lo tomaron como un interés pasajero, pero su padre apostó por ella desde el primer momento, “me regalo mi primera máquina para tatuar, recuerda con nostalgia. Pronto, su interés genuino por forjar una carrera en el tatuaje, fue evidente para su familia y ahora “casi todos ellos se tatuaron conmigo”, cuenta con gracia la artista.
Desde el día que empecé en el tatuaje, tengo diseños propios hechos en papel. Me fue muy útil dibujar bastante para ir desarrollando un estilo propio, ayudándome también al momento de tatuar
“La Sin Apellido” viene trabajando en sus propios diseños desde que inició y los comparte a través de sus redes sociales. Ya son cinco años en los que sus clientes han optado por llevarse en la piel aquellos dibujos que nacen en el imaginario de Valeria. “También tengo clientes que idean sus dibujos y solicitan que yo intervenga con estilo que distingue a “La Sin Apellido”. Eso es algo que soñé como artista desde un principio”.
Durante cinco años consecutivos ha estado presente en todas las convenciones de tatuaje del país llevando su arte y nutriendo sus conocimientos en workshops dictados por grandes artistas del entorno. También ha participado en eventos en países como Perú, Argentina y Costa Rica.
En septiembre del año 2017 nace “Santa Sangre Tattoo”, su propio estudio de tatuaje en la ciudad de La Paz, donde actualmente radica. “Con la ayuda de Rhina, mi pareja, desarrollamos el concepto y toda la idea del estudio perfecto para nosotras”, cuenta.
Valeria pertenece a la comunidad de tatuadoras bolivianas, que aún es reducida, pero es un foco emergente de talento y tiene grandes exponentes como Mequetrefe, Natalia Sodade, Rat Mad, Ivanova, cada una con un estilo propio y único.
Esta comunidad lucha por hacer frente a un rubro históricamente dominado por los hombres, y en el que las mujeres encuentran ciertas barreras y dificultades.
“En Bolivia, el mundo de los artistas del tatuaje en su mayoría es masculino. Sin embargo, desde hace algunos años las cosas para nosotras han ido cambiando y ahora hay más acceso a herramientas para la formación en el tatuaje. A pesar de todo esto, no negaré que algunos clientes y colegas, aún tienen prejuicios acerca de las mujeres tatuadoras”, declara la artista.
Junto a otras colegas del medio, busca abrir espacios de formación e incentivar a aquellas chicas que deseen aprender a tatuar para darles la oportunidad que en su momento ella recibió. Otro de los grandes proyectos de la tatuadora es organizar pequeñas convenciones para mostrar el trabajo de artistas bolivianas. Con la llegada de la pandemia estos proyectos han quedado postergados temporalmente.
La artista lleva más de 60 tatuajes en todo su cuerpo, “empecé con algo pequeño a los 19 años y no pare más, realmente no llevo la cuenta. Aún tengo varios diseños por realizar
La pandemia también repercutió hondamente en el rubro del tatuaje, elevando el costo de los materiales e insumos e incluso ocasionando una escasez de los mismos. Para Valeria fue inevitable cerrar uno de sus estudios, que estaba ubicado en la ciudad de Santa Cruz y establecerse de manera definitiva en La Paz.
Por otro lado, la cuarentena fue una etapa de crecimiento para la artista que está ansiosa por llevar adelante sus nuevos planes, “me gustaría abrir nuevamente mi estudio en Santa Cruz, participar de todas las convenciones que se realicen, viajar mucho ya que personalmente pienso que es la mejor manera de aprender y seguir tatuando todos los días de mi vida”, concluye con entusiasmo.





