Hermanos Arancibia: “El muralismo puede transformar”
La mirada de los viandantes que transitan por el barrio El Carmen de la ciudad de Tarija no puede rehuir a los murales que envuelven cada recodo del lugar.
La mirada de los viandantes que transitan por el barrio El Carmen de la ciudad de Tarija no puede rehuir a los murales que envuelven cada recodo del lugar. No son solo piezas decorativas, son elementos que buscan transmitir y hacer hablar a las paredes para promover factores de comprensión y de cambio. “Desde lo cultural, trabajamos con cada problemática social que exista”, dice Armando Arancibia.
Así como en los muros de este barrio, las brochas y pinceles de los hermanos Arancibia han recorrido toda la ciudad, pero ante todo han llevado el arte a la periferia, en una misión de democratizarlo, de llevar la mirada artística a quienes no pueden consumirlo.
Amílcar Sadid (24) y Silvio Armando Arancibia Sánchez (31) son dos hermanos, cuyas vidas han sido atravesadas por el arte desde su más tierna infancia y llegada su juventud ambos se formaron en la escuela de Artes Pláticas ‘José Santos Mujica Mier’, donde fueron estudiantes destacados. Desafortunadamente, ellos confiesan que, pese a haber concluido la malla curricular, hasta la fecha la institución no ha realizado la entrega de los certificados a la promoción de aquel año, en una espera que se ha hecho eterna, en medio de reclamos por parte de los exalumnos.
“Nosotros venimos siendo críticos con la escuela. Algo que nos ha marcado fue cuando un docente dijo: tienen que estudiar otra cosa aparte de esto, porque en Tarija no se vive del arte”, cuenta Sadid. “Desde la mirada que tienen los mismos docentes hacia la escuela, es que se necesita un cambio y más por el desarrollo de los artistas. Cuando salen de la escuela, son muy pocos los que ejecutan su trabajo porque no lo ven como un trabajo”.
Muralismo con conciencia social
“Nosotros venimos de un barrio que es un asentamiento, fue el primer asentamiento en Bolivia que trabajaba con el lema de ‘Techo, justicia y trabajo’. Eran migrantes del campo de Tarija que buscaban terrenos y se agregaron migrantes de otros departamentos también”, relata Armando, para él y su hermano, ese arte de dialogar con el pueblo a través de muros recubiertos de imágenes, tiene necesariamente una postura política, más no partidaria.
El muralismo no es simplemente grandes pinturas adheridas a un muro, para ellos es un poderoso instrumento de concientización colectiva. “Donde exista algo que se tenga que decir nosotros buscamos que se refleje esa realidad en los muros”, afirma Sadid.
El muralista no piensa fundamentalmente en sí mismo cuando realiza su obra, sino en los demás, en las multitudes a las cuales está destinado su mensaje. Crea y recrea la realidad histórica y social, empleando imágenes y símbolos accesibles al público, al transeúnte.
Los hermanos cuentan que cuando iniciaron en la pintura mural, solo conocían una en la ciudad de Tarija, la del artista Lorgio Vaca.
“Vivir con el arte y no del arte”
Armando cuenta que cuando él y su hermano decidieron adoptar el arte como medio de vida y sustento, fue difícil en un inicio. Hoy, llevan ya seis años, en los que han irrumpido en los muros tarijeños para llevar mensajes de conciencia social, buscando reflejar las distintas luchas por las que atraviesa cada colectivo o sector en el departamento. “Nos gusta decir que vivimos con el arte más que del arte. El arte te da libertad”, sentencia Armando. “Queremos mantener un sentido de coherencia con nuestro pensamiento. Nosotros no podemos proponer desde nuestro trabajo una reivindicación social y mostrar otra cosa. Vivimos con esto, no de esto. Hemos rechazado trabajo porque no van con nuestra postura”, concluye Sadid.
“Nos gusta decir que vivimos con el arte más que del arte. El arte te da libertad”,dice Armando Arancibia.





