Rosillas, un ejemplo de que la educación es el pilar del progreso de la sociedad

Dos personas destacaron en la comunidad, José Terrazas, profesor interino, quien llegó a la comunidad por el año de 1930; y José Quiroga, quien fue reconocido por el Gobierno con uno de los más altos honores, por su aporte a la educación boliviana, el Cóndor de los Andes.

Rosillas es una comunidad de la provincia Arce que se ha destacado por ser una comunidad progresista desde la década de los 30 del siglo pasado y que a la fecha ha logrado un desarrollo inusitado pese a la poca población que la compone.

Repasando un poco de su historia nos encontramos con que estas particularidades de Rosillas, se deben a dos personajes singulares que inculcaron una serie de valores morales así como de ideas progresistas a sus pobladores, el primero fue José Terrazas, profesor interino, quien llegó a la comunidad en la década de los años 30 del siglo pasado, cuando para las comunidades rurales era muy difícil acceder a la educación. Los vecinos recuerdan que Terrazas implementó un modelo educativo muy rígido, muy estricto e implantó una enseñanza de calidad, con tan buenos resultados en lo educativo que llegó a trabajar con unos 150 alumnos en poco tiempo.

El segundo fue José Quiroga, quien fue alumno de Terrazas, y asimiló las enseñanzas de su maestro llegando a adquirir una verdadera pasión por la lectura y el aprendizaje, lo que lo llevó a formar ideas innovadoras desde muy pequeño, y a conocer el mundo a través de los libros, algo muy difícil en esa época, debido a la falta de caminos que dificultaba las idas a la ciudad.

“Se leyó toda la biblioteca del núcleo de Rosillas, que para su época contaba con una de las bibliotecas más completas -recuerda el hijo de Quiroga- él se daba modos, sus padres lo mandaban a misa los domingos, y mi padre se gastaba el dinero que le daban para comer, en libros y velas, para poder leer también en la noche”.

A la edad de 15 años ingresó a la normal de Canasmoro y allí tuvo que soportar todo tipo de discriminaciones por su segundo apellido y su condición de campesino, al provenir del área rural, condición que para él no era motivo de vergüenza sino de orgullo. De ese modo dispuesto a demostrar que no hay diferencias entre citadinos y campesinos, egresó de la normal con honores, siendo uno de los alumnos más destacados que paso por esa normal y perfilándose ya como un líder a la corta edad de 19 años.

“José era un verdadero estratega, el planeaba muy bien las cosas que quería lograr y luego se enfocaba en ellas, de modo que siempre conseguía lo que se proponía –cuenta Orlando Gonzáles ex director del colegio y sobrino de Quiroga- de ese modo escribió verdaderas obras de teatro, juguetes, sketch cómicos los que presentaba en el núcleo de Rosillas y lograba que los alumnos actúen. El los impulsaba siempre a ser mejores y lograr sus objetivos”.

Eso sucedía a nivel educativo pero también deportivo. Quiroga creo las olimpiadas campesinas que desde esa época se siguen celebrando y que hasta la fecha no han perdido el carácter unificador para las comunidades, ya que los comunarios suelen llegar desde los lugares más lejanos para participar y confraternizar en los campeonatos.

“En una oportunidad en un juego entre núcleos educativos, los jugadores de su equipo no sabían jugar básquet, él era el único que sabía, así que formo una estrategia donde pidió a sus compañeros meter un cesto y él, a la defensa, les dijo: ‘ustedes metan un solo cesto, yo jugaré a la defensa y no dejaré que conviertan ni un aro’ –recuerda su hijo José- y así fue, así fue en lo pequeño como en lo grande, con una firme voluntad para luchar por sus ideales lo que lo llevó a conseguir grandes logros para mejorar la vida del campesino y mejorar la educación”.

El pasado viernes, en Rosillas, se restituyó el nombre de Francisco José Quiroga Laime al colegio de nivel secundario, a pedido de la comunidad, luego de que hace más de 10 años se observara que llevaba el nombre de una persona que estaba viva, pese a que muchos colegios llevan el nombre del presidente Evo Morales.

“¿Quién es ese señor?¿Por qué le pondrán ese nombre a nuestro colegio?”, fue la pregunta de uno de los alumnos del colegio, pues ellos al ser tan jóvenes desconocen que el autor del himno a Rosillas que cantan todos los lunes es José Quiroga, así como el promotor de las olimpiadas deportivas entre núcleos escolares.

Las nuevas generaciones desconocen también que José Quiroga fue reconocido por el Gobierno de Bolivia con el más alto grado a ciudadanos notables, obteniendo por dos veces el Cóndor de los Andes, en grado de Comendador, por su aporte a la educación boliviana.

“Francisco José Quiroga Laime fue un auténtico campesino, maestro egresado de la normal de Canasmoro que además realizó varios estudios y llegó a licenciarse en Ciencias de la Educación de Jóvenes y Adultos de la UNED de España, a la edad de 72 años, edad en la que también obtuvo su título de bachiller para poder obtener la licenciatura debido a que en su época no había nivel secundario y solo cumplió con el nivel primario”, menciona uno de sus alumnos, Jordán Segovia.

Desconocen también que ejerció diferentes cargos desde maestro de escuela, director de núcleo, Supervisor, catedrático de la Escuela Normal, Director Nacional de Alfabetización y Educación de Adultos, Conferencista en la Universidad de La Plata, Catedrático de la Universidad Autónoma de Guerrero, Técnico de Supervisión y Evaluación de Educación Indígena -SEP- México. Fue Asesor Técnico de la Confederación de Maestros Rurales de Bolivia (CONMERB) y también de la Central Obrera Boliviana (COB). También fue un luchador sindical y llegó al cargo de Ejecutivo de la CONMERB. Fue perseguido por las dictaduras y refugiado en Argentina y México.

“Sus ideas innovadoras hicieron que fuera invitado a dar seminarios y cursos a profesores en México, donde vivió por dos años, fue invitado a la universidad de Chilpancingo pero a la vez le ofrecieron trabajar en educación indígena y él se decidió por lo segundo pues había trabajado como maestro rural aquí en Bolivia. Su trabajo fue muy apreciado por los profesores y autoridades mexicanas, y le ofrecieron un muy buen trabajo, con un buen sueldo pero rehusó esta invitación porque creía firmemente que la educación es el pilar del progreso de la sociedad y quería hacer ese trabajo en su país, Bolivia”, menciona Orlando Gonzales ex director del colegio de Rosillas.

Quiroga creía firmemente que la educación es el pilar del progreso de la sociedad y quería trabajar por Bolivia

Quiroga también propuso e impulsó la educación intercultural bilingüe en el país y fue parte principal del equipo intelectual que impulsó la reforma educativa con la Ley Elizardo Pérez-Avelino Siñani. Para Quiroga esto fue un logro, pero también una gran frustración. Hasta su fallecimiento defendió los conceptos incluidos en la reforma, pero advirtió que su implementación se había deformado por motivos políticos, de forma acelerada y sin gradualidad, lo que acabó perjudicando la propia implementación y dejando huérfana las partes esenciales, a su criterio, porque quienes implementaron no la entendían.

Al “profesor” como le llamaban no le alcanzó la vida para lograr transmitir el conocimiento a nuevos profesionales, pero según explicó en vida el objetivo de esta Ley educativa era formar al ser humano en todas las facetas de su vida, desde antes de su nacimiento incluso, porque contemplaba la educación a los futuros padres, esta ley buscaba la formación del ser humano en altos valores morales de modo de constituirse en un baluarte para la sociedad. En esa búsqueda de una formación completa la ley preveía que el bachiller salga del colegio con una formación técnica en alguna de las ramas en las que más destacara, aspectos que a la fecha no han sido logrados.

Actualmente Rosillas cuenta con centros educativos de primaria y secundaria, un internado para los alumnos de las comunidades más lejanas, un módulo productivo “Tierra Viva”, en el que se elaboran yogurt y queso, además de contar con un Instituto Tecnológico donde los jóvenes estudiantes pueden seguir la carrera de veterinaria y zootecnia en un grado técnico.

 Rosillas se constituyó en el núcleo decano de Tarija

Los principales edificios de Rosillas están vinculados al ámbito educativo. Esto se debe sin duda a que Rosillas es una comunidad que siempre se caracterizó porque en una época de la historia en que la educación tenía poca o ninguna importancia para los campesinos, su gente siempre mostró deseos de superación.

La comunidad contaba con una escuela, pero esa educación de calidad brindada por un solo y dedicado maestro no contaba con la infraestructura y los medios necesarios para desarrollarse adecuadamente.

La oportunidad vino a comienzos de 1941 cuando por disposición del Ministerio de Educación se decidió trasladar el Núcleo Educativo de Canasmoro de la provincia Méndez a la provincia Arce. Entonces comenzó la búsqueda de una comunidad que reúna las condiciones para albergarlo.

La comisión del Ministerio se dirigía hacia Cañas y no pasaría por Rosillas, de modo que cuando los rosillanos supieron que dicha comisión pasaría a otras comunidades y no ingresaría a Rosillas decidieron ponerse en el camino que ésta seguía. Los padres de familia, los alumnos que ya eran más de 200, y el maestro; toda la comunidad se reunió y definieron la acción. Allí esperaron y cuando llegaron los llevaron a la precaria escuela.

“Al ver a los alumnos de todas las edades, jóvenes, adolescentes y niños, en perfecta formación, y al percibir el entusiasmo que existía por aprender, el director que venía de La Paz no dudó en formar allí el primer núcleo escolar de Tarija”, cuenta el profesor y comunario, Orlando Gonzales.

De este modo, el de Rosillas se constituyó en el núcleo decano de Tarija, siendo el más antiguo, fundado el 17 de abril de 1942 como Núcleo Escolar Campesino “Aniceto Arce”.

Para la época, convertirse en Núcleo Escolar implicaba muchos avances y ventajas educativas. Significaba tener un director y un maestro para cada curso, tener equipamiento y mobiliario, además de herramientas de trabajo para materias como Agropecuaria y Hogar.

Con todos estos avances Rosillas se puso a la cabeza de las comunidades en el aspecto educativo, tanto que llegaba gente de todas las regiones del cantón Rosillas (Calderillas, El Cabildo, La Torre, El Saire), anoticiada del buen nivel educativo e inclusive de otros cantones más alejados como San Francisco y Río Grande.

La fama de “Rosillas como tierra de educadores” proviene de que se volvió tradición, que los alumnos que salían de la escuela, en su mayoría ingresaban a la Normal de Canasmoro y volvían a la comunidad como maestros rurales.

Traían consigo además de sus conocimientos en pedagogía y la especialidad, todo un bagaje de otros conocimientos necesarios para trabajar con los niños del campo y promover actividades como el teatro, la danza y el deporte. No sólo se formaban como maestros sino que se destacaban del resto de educadores por su dedicación al Magisterio e influían en el desarrollo de las comunidades vecinas, donde llegaron a fundar nuevos núcleos y promovieron el deseo de superación del campesinado tarijeño.

En 1985 se creó el colegio de nivel secundario que cuenta con una mayor cantidad de estudiantes, debido a que en él estudian jóvenes no sólo de Rosillas sino también de otras comunidades que cuentan con la posibilidad de vivir en la comunidad gracias a otro importante centro de formación, el centro “Tierra Viva”. Éste se avoca a la educación de jóvenes y adultos, cuenta con un internado donde estudian y viven los que vienen de comunidades alejadas.