Vida en familia
Cómo ser más paciente con el largo y el corto plazo y cómo combatir la frustración
La meditación resulta de gran ayuda para adoptar una actitud relajada y reflexiva que evite los impulsos. La vida rápida que llevamos hace que cada vez queramos las cosas con más inmediatez y esto nos hace perder los nervios. La frustración puede afectar tanto física como psicológicamente
La paciencia es una virtud, tal y como suele decirse. Una cualidad presente en algunas personas de forma innata, pero que puede resultar mucho más difícil de gestionar para otras. Sin embargo, como en muchos otros casos, no se trata de algo que no pueda trabajarse y en lo que mejorar. Porque sí, se puede aprender a ser una persona más paciente, un rasgo que trae consigo numerosos beneficios en todos los aspectos de la vida de uno. Al fin y al cabo, la paciencia representa una herramienta que ayuda a las personas a enfrentar los desafíos del día a día. Además de hacerlo de una manera más calmada y eficiente, ya que permite reducir el estrés y tolerar mejor sentimientos como la frustración.
Lo ideal sería trabajar la paciencia desde la infancia, de una manera progresiva y que forme parte del proceso de desarrollo y crecimiento personal. Sin embargo, no todo está perdido para un adulto impaciente, aunque no será un proceso rápido, se puede mejorar esta actitud por medio de la dedicación y la constancia. Así como valiéndose de una serie de estrategias que ayuden a este tipo de personas a ser más pacientes y serenas.
¿Qué hacer para ser una persona más paciente?
Ser paciente puede resultar complicado, sobre todo si no es una virtud que se posea, sino algo en lo que se esté trabajando por alcanzar. No obstante, los beneficios bien merecen la pena por ese esfuerzo. Las personas pacientes son capaces de controlar sus emociones e impulsos, lo que las lleva a tener menos conflictos, tomar mejores decisiones y ser constantes para alcanzar sus objetivos, entre otros aspectos. “Cultivar la paciencia no solo mejora nuestras interacciones diarias”, explica la psicóloga Celia Nevado Ramos. A lo que añade: “(…)sino que también contribuye significativamente a nuestro bienestar emocional y mental”.
Esforzarse por desarrollar la paciencia resulta tan beneficioso para que los problemas del día a día duren menos y sus consecuencias sean más controlables, según explica la especialista. Así como permite ejercer un mayor control sobre el estado emocional. En definitiva, se trata de una cualidad clave para las personas. Celia Nevado Ramos comparte una serie de recomendaciones para trabajarla.
¿Cómo ser una persona más paciente?
· Mindfulness. Mediante esta técnica de meditación se consigue alcanzar un estado de relajación y concentración que permite a la persona conectarse con su entorno y favorecer el desarrollo de su paciencia.
· Re-enmarcar la situación. Es decir, adoptar una visión más flexible y reflexiva sobre el mundo, para así evitar la impulsividad.
· Desarrollo de la empatía. Algo clave para el autoconocimiento y para no caer en juicios acerca de los demás.
· Respiración profunda. De gran ayuda para relajarse y, de nuevo, prevenir las respuestas y las reacciones impulsivas.
· Expectativas realistas, desde un punto de vista objetivo.
Tomarse la vida con calma
Cada vez vivimos más deprisa y tenemos menos paciencia. Y la poca que tenemos se nos agota todavía más deprisa. A veces no sabemos cómo hacerlo para no perder los nervios ni el autocontrol y nos gustaría tener el manual de instrucciones de cómo tomarse las cosas para no acabar atacados.
Roser Claramunt Oliva es psicóloga coach y formadora de habilidades, especializada en bienestar laboral. La experta pone en el punto de mira los adelantos tecnológicos como responsables del ritmo acelerado que nos gobierna actualmente. “Ahora abres una web y si tarda más de medio minuto en cargarse ya no te esperas”, ejemplifica, “porque ya estás pensando en lo que harás después”.
Por eso nos proporciona las 8 claves para conseguir ganar paciencia en la vida:
1. Conectar con la respiración
Una cosa tan sencilla como respirar de manera consciente te puede ayudar a responder en lugar de reaccionar, a gestionar mejor los impulsos, una situación de estrés, delicada o conflictiva.
“La respiración nos ayuda a autorregularnos. Cuando vamos muy rápidamente, respiramos muy rápidamente”, explica. “Si quieres evitar responder de una manera impulsiva ante una situación incómoda e inesperada, respirando profunda y conscientemente coges distancia, perspectiva, ganas tiempo y experimentas cambios internos: te oxigenas y piensas mejor”.
Si quieres evitar responder de una manera impulsiva ante una situación incómoda e inesperada, respirando profundamente y consciente coges distancia, perspectiva, ganas tiempo y experimentas cambios internos: te oxigenas y piensas mejor
2. Dedícate tiempo a conocerte interiormente
Este es un trabajo que se tiene que hacer previamente, de cara a las próximas veces que se den situaciones tensas, para conocer cuáles son tus procesos mentales en estos casos, cómo te relacionas, cómo te sientes después de decisiones impulsivas, cómo actúas ante situaciones inesperadas, etc.
“El autoconocimiento es una herramienta muy potente, un estándar que puede resolver muchas cosas”, asegura. “Si yo ya conozco que ante ciertas situaciones voy demasiado rápida o no tengo paciencia, esto se puede trabajar. O, como mínimo, ya tener detectadas estas situaciones.”
3. Identificar elementos que habitualmente te generan más impaciencia
Cuando tú ya sabes cuáles son las situaciones que te generan más impaciencia, las puedes prevenir o puedes decidir previamente qué harás si te encuentras en un escenario determinado. Aprender de una experiencia anterior también puede darte las herramientas y los recursos para decidir cambiar o hacer una actuación diferente en caso de que se repita.
4. Identificar tus objetivos y priorizar
Este punto está muy relacionado con la gestión del tiempo. “A veces me encuentro con personas que me dicen que no tienen tiempo y que el día no tiene suficientes horas para hacer todo aquello que quieren”, explica Claramunt. “Y cuando analizan la lista de cosas que hacen se dan cuenta que lo querrían todo, pero priorizar también quiere decir renunciar. Querer hacerlo todo genera mucha frustración porque a veces llega el final del día y no has tenido tiempo de hacerlo”.
Hay que planificarse los días y tener claro cuáles son nuestras prioridades, porque a veces nos llenamos los días de manera automática y descuidamos la gestión del tiempo. Y en estos casos, la paciencia se ve resentida. “Hay que hacerse una lista de las cosas que tienes que hacer y ver si están ligadas con tus objetivos o no”.
5. Preguntarte en qué es útil lo que haces
“Tienes que tener muy claro cuáles son tus objetivos y si hay alguna tarea que no está relacionada, aquello va fuera”, comenta la psicóloga. “A veces adquirimos muchos compromisos a nivel personal, vamos diciendo a todo el mundo que sí, y esto hace que no nos quede tiempo. Y entonces viene cuando alguien nos dice algo y contestamos mal”.
Tenemos que aprender a renunciar a las cosas que no nos aportan nada a aquello que nos encamine hacia nuestros objetivos. Dentro de esta lista de cosas que tenemos para hacer, tenemos que mirar qué podríamos dejar de hacer o delegar.
6. No quieras controlarlo todo
Los humanos nos creemos seres superpoderosos que lo podemos tener todo bajo control, cuando no es cierto. “Nos hacemos expectativas de muchas cosas y después hay circunstancias que no dependen de nosotros”, dice Claramunt. “Quererlo tener todo controlado va en detrimento de la paciencia, porque habrá cosas que no saldrán como nos esperábamos.”
Cuando las cosas no salen como esperábamos, acostumbramos a perder la paciencia, a pesar de saber que no podíamos hacer nada más de lo que hemos hecho.
7. Tomar decisiones en momentos de calma
Esta es clave. “Hay personas que vienen y dicen que quieren dejar el trabajo porque han tenido un problema y han tomado la decisión en caliente, cuando, en estos momentos, el cerebro no está para tomar decisiones”, explica. “Es en estos momentos cuando más tenemos que tener paciencia: ‘Primero me calmo y dejo enfriar la situación. Al día siguiente, cuando hayamos vuelto a nuestro punto de equilibrio emocional, podremos valorar las cosas de manera más objetiva y hacer un análisis con más perspectiva, que nos permitirá tomar la mejor decisión’.”
Probablemente la mejor decisión también sea la que habríamos tomado en caliente, pero no es el mismo tomarla con impulsividad (con riesgo de arrepentirte después), que hacerlo de manera reposada y consciente. Desde la serenidad, el peligro de tomar una mala decisión es mucho menos.
8. Dejar de juzgar. Esperar y escuchar antes de hablar
Esta habilidad se puede entrenar. Se trata, sobre todo, de esperar un poco a que la otra persona acabe de hablar. A menudo tendemos a querer decir lo nuestra, pero las cosas salen mejor si hablamos sin interrumpir y escuchando al otro.
Todos conocemos la típica situación en la que una persona le está diciendo una cosa a la otra y, antes de que acabe, su interlocutor ya le está respondiendo sin ni siquiera saber qué le estaba diciendo. Y aquí es donde se originan gran parte de los malentendidos. “Si dejamos de juzgar podremos aceptar la otra persona tal y como es y nos ayudará a tener más serenidad ante cosas que nos pueda decir.”
Claramunt aconseja que cuando alguien hable, que lo explique todo, aunque nos m
¿Baja tolerancia a la frustración? Combátela
Todo el mundo la ha experimentado en algún momento de su vida y, para muchas personas, incluso supone una emoción con la que deben lidiar incluso durante largos periodos. Se trata de la frustración, un sentimiento que se manifiesta cuando no se es capaz de obtener aquello que se desea y, en su lugar, surge una reacción adversa. Esta puede conllevar un impacto considerable tanto a nivel físico como psicológico, por ello resulta tan importante saber controlarla. De hecho, enseñar a un niño a tolerar la frustración representa una de las principales tareas de sus cuidadores, ya que marcará su vida adulta y cómo de preparado o no estará para afrontar situaciones que pongan a prueba su autocontrol.
Se dice que las personas tienen una baja tolerancia a la frustración cuando experimentan dificultades a la hora de soportar esas situaciones que les resultan desagradables o molestas, porque no han logrado conseguir lo que querían o se topan con obstáculos. Entre las consecuencias que se pueden desencadenar se encuentran los sentimientos de estrés y ansiedad, la ira y la irritabilidad o el desánimo a la hora de perseguir sus metas. Lo que incluso podría llevarlos a abandonarlas. Sin embargo, afortunadamente se puede mejorar la tolerancia a la frustración.
Nadie está libre de experimentar la frustración, no obstante, todo dependerá de cómo se reaccione ante este sentimiento. Una persona con una alta tolerancia a la frustración asume que esto forma parte de todo proceso o camino, es decir, es consciente de que puede salir mal o, al menos, no como uno esperaba. Y lo acepta. En cambio, esto no sucede así con las personas que presentan una baja tolerancia a la frustración.
En estos casos, las personas sin tolerancia a la frustración suelen sufrir ansiedad cuando algo se tuerce o no obtienen su objeto de deseo. Además, tienden a abandonar, desmotivarse constantemente y, a veces, evitar situaciones para no tomar ese riesgo que implica fracasar. Pero es algo en lo que se puede trabajar y mejorar. El equipo de psicólogos de Mentes Abiertas apunta algunas claves para ello.
¿Cómo mejorar la tolerancia a la frustración?
· Aceptación. Es decir, tomarlo como una parte natural del proceso.
· Manejar el estrés. Con el objetivo de controlar la frustración, existen algunas técnicas recomendadas por los expertos que se pueden poner en práctica en situaciones estresantes. Por ejemplo, los ejercicios de respiración o la meditación.
· Desarrollar habilidades de afrontamiento. Esto permitirá ser más eficientes a la hora de resolver conflictos y afrontar situaciones que generen frustración.
· Fomentar la paciencia. Uno de los puntos clave y que se puede estimular por medio de la celebración de logros pequeños en base a metas realistas.
uramos de ganas de interrumpir. Esta espera es un buen entrenamiento para la paciencia y para saber escuchar mejor a los demás.





