Libélula mensajera
Cuando una libélula se posa cerca de ti sin razón… no es casualidad. Es alguien que te ama desde el otro lado.
Los pueblos ancestrales sabían leer el lenguaje del mundo natural. Sabían que el Gran Espíritu no habla solo a través del trueno o del viento. A veces habla a través de las criaturas más pequeñas.
La libélula ha sido reconocida por culturas de todos los rincones de la tierra como un portal entre dos mundos. Vive en el agua y vuela en el aire. Habita lo visible y lo invisible al mismo tiempo. Y por eso, desde tiempos inmemoriales, se le ha confiado una misión sagrada: llevar los mensajes de quienes ya no caminan en este plano.
Cuando una libélula llega en un momento inesperado y se posa cerca de ti, la tradición ancestral dice que no es un insecto que descansa. Es un espíritu que te visita. Es ese ser querido que partió antes que tú, diciéndote sin palabras: aquí estoy. Estoy bien. Sigo contigo.
No tienes que entenderlo con la mente. Solamente siéntelo con el corazón.
Los ancianos enseñaban que las almas en paz buscan la luz para comunicarse. Y la libélula, con sus alas que capturan y reflejan el sol como ningún otro ser, se convierte en esa luz.
En el mensajero luminoso que cruza el umbral entre el mundo de los vivos y el mundo del espíritu para traerte una sola verdad: el amor no muere con el cuerpo.
La próxima vez que ella aparezca, no la espantes. Recíbela. Agradece. Porque alguien que amaste mucho acaba de recordarte que nunca te ha abandonado.





