En este mundo nada te pertenece

Hay una gran paz cuando entiendes esto: nada de lo externo te pertenece para siempre. Ni las personas, ni los momentos, ni las etapas, ni siquiera aquello que hoy sientes tan seguro. Todo cambia, todo se mueve, todo sigue su curso. Y ahí empieza la libertad.

Sufrimos más cuando queremos retener lo que por naturaleza es pasajero. Queremos controlar, asegurar, detener el tiempo… pero la vida no funciona así. La paz llega cuando aprendes a agradecer, a cuidar y a amar, sin convertir nada en posesión.

No viniste a este mundo a adueñarte de todo. Viniste a vivir, a aprender, a soltar, a confiar y a recordar que lo más valioso no se puede encerrar ni perder de verdad.

Cuando dejas de aferrarte, descansas.

Cuando dejas de controlar, respiras.

Cuando dejas de temer perder, empiezas a vivir.


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