El Hombre y el Sátiro
Fábulas de Esopo
Se cuenta que un hombre hizo un pacto de amistad con un sátiro y ambos comenzaron a tratarse con confianza. Un día llegó el invierno y el frío se hizo intenso. El hombre, para calentarse, acercaba las manos a la boca y soplaba sobre ellas. El sátiro, sorprendido, le preguntó qué hacía. El hombre respondió que soplaba para darles calor. Poco después se sentaron a comer y les sirvieron alimentos recién preparados, todavía muy calientes. Entonces el hombre tomó la comida en pequeños trozos y volvió a soplar sobre ellos. El sátiro, intrigado, le preguntó nuevamente por qué lo hacía, y el hombre respondió que esta vez soplaba para enfriarlos.
Al escuchar aquello, el sátiro quedó desconcertado. No entendía cómo la misma boca podía servir para calentar una cosa y, al mismo tiempo, enfriar otra. Finalmente, decidió apartarse de aquel hombre y le dijo: «Renuncio a tu amistad, porque veo que con la misma boca soplas sobre lo frío para calentarlo y sobre lo caliente para enfriarlo». Para el sátiro, aquella conducta era una señal de que no podía confiar en alguien cuyos actos parecían cambiar según la conveniencia del momento.
La fábula advierte sobre las personas que muestran comportamientos contradictorios y cambian fácilmente de parecer según las circunstancias. Quien actúa de una manera ante una situación y de la contraria ante otra puede despertar desconfianza en quienes lo rodean. Es mejor mantener firmeza y coherencia en nuestras palabras y acciones que aparentar una incertidumbre que termine haciendo dudar a los demás de nuestras verdaderas intenciones.





