Antes de hablar pasa tus palabras por tres puertas

Existe un ritual ancestral que muy pocos practican hoy, y podría cambiar cada conversación que tengas de aquí en adelante.

Los antiguos sabían que la palabra es fuego: puede calentar un hogar o incendiar un bosque entero. Por eso, antes de hablar, la hacían pasar por tres puertas sagradas.

La primera puerta pregunta si es verdad. La segunda pregunta si es necesaria. La tercera es la más difícil...

La tercera puerta pregunta: ¿es bondadosa? El fuego que cocina el alimento y el fuego que destruye la casa nacen de la misma chispa. La diferencia está en la intención con la que lo encendemos.

Cuando una palabra logra cruzar las tres puertas, ya no es solo sonido: se convierte en medicina. Sana en lugar de herir. Une en lugar de separar. Siembra en lugar de talar.

Practiquemos este ritual silencioso cada vez que estemos por hablar, sobre todo cuando el corazón está caliente y la lengua quiere adelantarse a la sabiduría. Un instante de pausa vale más que mil palabras dichas con prisa.

El Gran Espíritu nos dio la voz no para llenar el silencio, sino para honrarlo cuando decidimos romperlo. Que cada palabra que pronunciemos sea semilla, no cuchillo. Que cada palabra sea puente, no muro.

Todos somos uno, y lo que decimos a otro, nos lo decimos a nosotros mismos.


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