Tarija: entre avances en cobertura y riesgos de automedicación

La nueva legislatura abre la oportunidad de redefinir el pacto autonómico en Bolivia.

Los datos del Censo de Población y Vivienda 2024 sobre hábitos de salud en Tarija dejan claras luces y sombras. Si bien es cierto que la cobertura del sistema de salud ha crecido de manera significativa –el 79,9% de la población cuenta con algún tipo de afiliación, especialmente en áreas rurales gracias al Sistema Único de Salud–, las cifras también revelan una realidad preocupante: la mitad de los tarijeños se automedica y un 65% recurre a remedios caseros ante problemas de salud.

Estos hábitos, reflejo de una combinación de tradición cultural, desconfianza hacia los profesionales y dificultades de acceso, no pueden ser vistos como simples costumbres. Automedicarse o depender de remedios caseros supone riesgos directos para la salud pública, desde complicaciones por diagnósticos incorrectos hasta retrasos en el tratamiento de enfermedades graves. La brecha entre cobertura y confianza efectiva en la atención formal es un llamado de alerta para las autoridades departamentales y nacionales.

Ordenar competencias y distribuir recursos con criterios objetivos es clave para que las autonomías respondan de verdad a la gente.

La situación se complejiza si se observa el acceso desigual a servicios especializados. Aunque la mayoría de los partos ahora son atendidos por personal calificado –un avance notable, especialmente en zonas rurales donde la atención pasó de 50,5% en 2001 a 93,1% en 2024–, la dependencia de la medicina tradicional ancestral y de la atención domiciliaria sigue siendo alta. Este patrón evidencia que, más allá de la cobertura estadística, muchos habitantes siguen sin encontrar en los centros de salud una solución accesible, confiable y oportuna.

La automedicación y el uso de remedios caseros no solo afectan a los adultos: la salud materna y la infancia están en juego. Si bien la mortalidad por parto ha disminuido y la natalidad media se reduce –de 5,37 hijos por mujer en 2001 a 2,97 en 2024–, la prevención, el diagnóstico temprano y la atención de calidad son esenciales para consolidar estos avances. La falta de seguros privados, que apenas alcanza al 1% de la población, deja en evidencia que la seguridad social formal sigue siendo el único pilar, con sus fortalezas y limitaciones.

Tarija ha dado pasos importantes hacia la universalización de la salud, pero los desafíos son claros: aumentar la confianza en el sistema formal, reducir la automedicación, mejorar la calidad de los servicios y garantizar que la atención profesional llegue de manera efectiva a toda la población, sin importar si vive en la ciudad o en el área rural. Solo así los avances estadísticos podrán traducirse en mejoras reales de la salud y en menor riesgo de prácticas peligrosas que hoy aún predominan.

En este contexto, fortalecer la educación en salud, impulsar la supervisión de farmacias y reforzar la presencia de profesionales en zonas de difícil acceso no es una opción, sino una urgencia. La salud de Tarija depende de cerrar la brecha entre cobertura formal y prácticas efectivas, para que el cuidado no sea un lujo ni una improvisación, sino un derecho cumplido para todos.


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