Petroquímica para el 2019, Yacuiba y la vieja promesa

La resaca del informe de gestión del Ministerio de Hidrocarburos en Yacuiba tardará en pasar. La información fue abundante y las promesas también, pero falta ponerle fecha y las autoridades de Yacuiba lo saben, aunque no lo quieran decir por aquello de no enmendarle la plana a su compañero de partido, líder del sector más importante del país, el ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez.
Ayer el Ministro volvió a insistir en que la planta petroquímica de Yacuiba está en marcha y ahondó en la idea del “importante año 2019”, pero los plazos concretos siguen ausentes. “El 2019 es un año de retos en petroquímica con la Planta Propileno – Polipropileno, que permitirá a Bolivia ser fabricante de polipropileno y crear un complejo industrial de plásticos”, dijo citado en la Agencia Boliviana de Información (ABI).

Por su lado, el ejecutivo Regional Transitorio del Chaco, José Quecaña; el alcalde de Yacuiba Ramiro Vallejos y el resto de autoridades saludaron la continuidad de la noticia. En enero, durante la visita de Evo Morales a la capital del Chaco para inaugurar un Mercado, el Presidente retomó el tema e indicó que el mismo sería una realidad “pronto”. No hay más información salvo “que avanza con el cuidado que se debe tener, tomando en cuenta que demandará un inversión de 2.200 millones de dólares” según el Ministro y un compromiso vago: “En la próxima rendición queremos poder asegurar que este reto ha sido cumplido”, aunque no ha especificado si se refiere a la licitación, al inicio de la construcción o a la puesta a punto de un proyecto que se retiró plagado de sospechas.
Un proyecto demorado
Han pasado cinco años desde que el Presidente Evo Morales y el entonces ministro de Hidrocarburos Juan José Sosa aterrizaron en Tarija y convocaron de urgencia una conferencia en el hall de donde entonces se ubicaban las oficinas del Ministerio de Hidrocarburos, al lado del Tribunal Electoral, para anunciar que la planta de Propileno se construiría en Yacuiba, despejando así las dudas de ubicación que se habían generado, pues desde varios frentes se presionaba para llevar la instalación a Santa Cruz.
Desde entonces ha pasado una legislatura entera y el país se encuentra en la misma posición: en un año electoral con una campaña larga.
Han pasado más cosas, por ejemplo dos estudios de identificación y diseño de tecnologías y licencias que fueron adjudicados a la empresa italiana Tecnimont, que entregó sus trabajos en plazo y forma. También una licitación en 2016 a la que se presentaron las principales empresas especializadas del mundo y cuyo informe de adjudicación contenía el nombre de la vieja conocida Tecnimont, esta vez en asociación con Técnicas Reunidas, la española que ha construido la Separadora que debe alimentar la petroquímica. Después pasó el escándalo en YPFB que le costó el cargo a Guillermo Achá y doce altos cargos, aun en proceso judicial por el intento irregular de compra de tres taladros. Después, claro, se anuló la licitación y el proyecto pasó a la congeladora. Era mayo de 2017.
En enero de 2018 el presupuesto de la planta – 2.200 millones de dólares con crédito garantizado por el Banco Central de Bolivia – desapareció de las cuentas de YPFB. En ese entonces y ante el revuelo organizado, Sánchez manifestó lo obvio, que no confiaba en los estudios realizados por Tecnimont, pues perfectamente podía haberlos orientado para su propia adjudicación, y que se licitarían estudios complementarios para retomar el tema.
Después lo llamaron de Yacuiba y tuvo que ir a rendir cuentas. Allí puso fechas el año pasado: hasta agosto los estudios, después la licitación. La planta no llegaría hasta 2023 o 2024. Por el momento la situación es similar a la del año pasado, salvo que ahora no siquiera fechas tentativas de estudios, peor de finalización de contrato.

RESERVAS Y MERCADOS GENERAN INCERTIDUMBRE

Viabilidad
La planta petroquímica debía funcionar con el propano que se procesa en la Separadora de Líquidos y que actualmente suma al GLP que a duras penas se logra comercializar. El tamaño estimado en la planta exige sostener un nivel alto de producción y venta de gas para hacerla viable.

Comercialización
En el cono sur han aparecido diferentes plantas que generan resinas de plástico, todas ellas a orillas del mar. Bolivia tiene mercado en el corazón del continente y se preveía la transformación en productos finales en el mismo lugar, sin embargo, hay dudas sobre el mercado disponible.

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