Mal-tratado
Quisiéramos decir siempre la palabra “bienvenido” a nuestros visitantes, pero ahora que hemos invitado, después de 71 años, a un mandatario con el rango de la más alta categoría, prometiéndole nuestros máximos honores y atenciones, nos encontramos con que no estábamos preparados para rendirle lo ofrecido: un nuevo trato.
Un nuevo trato, una nueva relación, un nuevo empezar. La ilusión de haber ganado un amigo de la otrora relación de distancia y desconfianza; de haber superado y vencido el pasado, en procura de algo nuevo…de proponerle una Nueva Política Exterior, ahora no pasa de ser un “laundry list” (listado de lavandería) de nuestros asuntos administrativos pendientes.
Nuestro invitado llega, pero en el peor momento. Llega en medio de la duda y la desconfianza que nos impone el maldito destino: nuestra condición de país capturado por el crimen organizado, exportador de droga por “casa ajena”, violando la ley, la suya y la nuestra.
Pero esta vez sería el colmo. Más de mil toneladas de madera boliviana contaminada, dice el fiscal de la aduana chilena, con hasta 8 a 10% de droga, más de 100 toneladas de droga cuyo valor de mercado en destino pudiera superar los 8.000 millones de dólares. ¡En un solo embarque!
“No puede ser, es imposible”, reclamaron los exportadores. Un viceministro de nuestra Cancillería acompañó a su esposa, representante de la agencia exportadora de la madera ‘contaminada’, al puerto de Arica, aduciendo ambos, que la ‘suya’, para la que esa agencia aduanera tramitó los papeles de exportación, ¡no estaba contaminada! ¿Cómo se sabe? Se supone.
Suponen lo mismo, las autoridades bolivianas del más alto nivel, incluidos expresidentes y, finalmente, la mayoría de la opinión pública.Han pasado meses y meses y ni Chile ni Bolivia han podido llevar este contencioso a un arbitraje técnico y jurídico, imparcial y confiable, para resolver este diferendo. Aunque solo fuese porque estaba en vista la visita presidencial chilena en la máxima categoría “de Estado”.
Ambos países clavaron sus talones sosteniendo posiciones contrarias porque, en el fondo, el fiscal que hizo la denuncia es el mismo que ve a diario “subir” hacia Bolivia miles de toneladas de precursores, además de mercurio, para retornar convertidos en contrabando de cocaína y otras drogas ilegales, a vista y paciencia de las autoridades aduaneras bolivianas alojadas y habilitadas permanentemente in situ por el Tratado de 1904 en el mismísimo puerto de Arica, y que nunca ven nada “ni de subida ni de retorno” que les llame la mínima atención, sobre la esencia de sus responsabilidades oficiales.
Porque, sencillamente, si se descarta la presunción de que ese contenido de droga estaba, en su totalidad, en un solo e inmenso cargamento de exportación de madera y más bien extendemos el fenómeno, a través del tiempo, es absolutamente posible que mucha de la madera y varios otros productos exportados desde Bolivia, incluso piedras, estén contaminados principalmente con cocaína y otras drogas ilegales no detectadas en los puertos chilenos, principalmente en Arica.
El valor de mercado en destino de aquellas exportaciones ilegales sería fácilmente equivalente o superior al atribuido a aquel único lote de exportación actualmente retenido en Arica: ¡Más de 8.000 millones de dólares anuales de rédito estimado para los falsos ‘exportadores’, que de alguna manera logran camuflar la droga en productos legítimos!
¿Quiénes son los exportadores de la droga boliviana que llega, vía múltiples puertos de destino, en cantidades y valores que han sido constantemente reportados y confirmados por las autoridades aduaneras de países consumidores/receptores en todo el mundo?
¿Cuán capturadas están las instituciones gubernamentales, en los países, para facilitar esta macabra actividad?
Volviendo al hecho de la “visita de Estado” ofrecida por el gobierno de Bolivia al presidente de Chile, no se puede estar en peor momento para que esta se efectúe.
La llegada del presidente José Antonio Kast no hace sino poner en evidencia una realidad lacerante para Bolivia y Chile, que no ha podido ser superada, mediante la construcción diplomática de un gran proyecto de integración y complementación chileno-boliviano.
Se necesita un “nuevo trato”, expresado en grandes propósitos y proyectos comunes que superen, de forma distinta y práctica, los efectos de una guerra que no pueden ser revindicados, pero sí compensados mediante acciones de beneficio futuro mutuo. Por ejemplo, la integración ferroviaria de Mejillones/Antofagasta, en el océano Pacífico, con el puerto brasileño de Sao Paulo/Santos, en el océano Atlántico.
Cruzando Bolivia y rompiendo el monumental aislamiento que sufre nuestro país, circunvalado y esquivado por nuestros países vecinos mediante sus proyectos de comunicación e integración física transcontinental y transoceánica, que nos dejan aislados cual hoyo negro terrenal.
La superación de esa condición de paria debiera ser tarea prioritaria de la diplomacia boliviana. Y aun, claramente, no lo es.
En lo protocolar, la visita de Estado ha sido degradada a un solo día de actividades en La Paz, con una agenda algo prosaica de diversas quejas nuestras, mayormente administrativas, muchas que no requieren necesariamente atención presidencial.
Una visita sin acompañamiento de grandes empresarios ni de autoridades subregionales, como las del norte de Chile; tampoco ningún encuentro entre políticos y artistas. Todo ello difícilmente califica como visita de Estado.
Y, finalmente, en lo formal, ninguna cena de gala, como corresponde; nada de la tradicional declaratoria de “Huésped Ilustre” por el Gobierno Municipal de La Paz ni del pensado homenaje a la figura y símbolo de Don Eduardo Abaroa Hidalgo.
“Otra vez será” –como dice la canción– cuando podamos de verdad bien traer, bien recibir y bien venir a un huésped de tan alta investidura como Kast, acompañado de su digna esposa, autoridades regionales y políticas, y una importante delegación de empresarios y posibles inversionistas en una Bolivia libre de narcotráfico y llena de oportunidades postergadas.
*Es catedrático; fue alcalde de La Paz, Canciller de la República y ministro de otras cuatro carteras de Estado.





