Las tareas que la coyuntura nos impone
La realidad nos arrojará a un escenario de acuerdos y consensos como única condición para evitar la confrontación. Como todo proceso en el que los actores tendrán que ceder para llegar a una solución colectiva, vendrá la sensación de alivio cuando se abra la pacificación. La lista será larga y tomará en cuenta las circunstancias que nos han incomodado durante tanto tiempo.
Sumadas a ellas, que tendrán que ver con la reforma constitucional, las condiciones para empezar el tránsito al federalismo y el pacto por la economía, el desarrollo sostenible, la producción y el trabajo, quiero sugerir cuatro que no están en los discursos y sin embargo pueden ayudarnos a superar los intríngulis de nuestra desazón. Dos son conceptuales y los otros dos, son operativos.
El primero conceptual es reconstruir el instrumento de Cohesión Social, para volver a encontrarnos y aceptarnos con respeto. “La unidad en la diversidad”, como propuso el alcalde Julio Mantilla, debe convertirse en un objetivo que facilite lo que necesitamos. Le sigue el reconocer que somos una sociedad violenta que debe sosegar su energía destructiva y encaminarla a la creación. Estos objetivos filosóficos son trabajo para los artistas en todas sus manifestaciones y el resultado material de ambos, se expresará en la suspensión del bloqueo como forma de solución de conflictos; sin descalificar la justicia del pedido, debemos encontrar modos democráticos que los enfrenten y superen.
La dificultad aquí se encuentra que estas tareas tienen que ver con el ajayu, el duende de nuestra gente, y la certeza que sólo con el tinku que derrama sangre a la tierra, garantiza la buena cosecha. ¡Y no es así!
Los dos operativos se expresan en evidencias que están demostrando su nivel de eficacia para enfrentar nuestras dificultades llevadas a procesos prácticos; convertir el Turismo en política pública que se ejecute en todo el territorio nacional, y aceptar la migración y el abandono de las zonas rurales, construyendo una consciencia urbana que cultive la vecindad y ocupe el territorio con un Plan que fortalezca las Ciudades Intermedias, las regiones metropolitanas y los centros poblados que se articulen entre sí. Estas dos acciones son mucho más que simples medidas administrativas y expresan la capacidad constructiva de la sociedad boliviana para enfrentar el futuro.
Aceptemos el reto de reconocernos humanos y falibles, y volvamos nuestros ojos y nuestra energía a la superación consciente de este lamento boliviano que ya está de buen tamaño.
En un momento como este en el que algunos expertos hacen sonar los tambores y hay otros desenterrando machetes, estas propuestas están más allá de la ingenuidad y la inocencia y tienen que ver con gente decente que quiere trabajar dignamente y para que sus hijos no se vayan despavoridos. Y los que ya se fueron, vuelvan.





