Cita en Nueva York: Información urgente para el señor Presidente

¿Por qué Rodrigo Paz Pereira se reúne con Benjamín Netanyahu? Esta es la pregunta que inquieta al cronista de ocasión.

Es posible que el señor Presidente no esté bien informado.

Es probable también que su cita con el primer ministro israelí en Nueva York (jueves 24 de septiembre, 2026) haya sido la ocurrencia de algún funcionario de la Cancillería boliviana que quiso sumar méritos a su carrera diplomática.

Y hasta es probable que otro funcionario, uno de la Embajada de Israel en Estados Unidos, no haya encontrado cómo engrosar la agenda de Netanyahu —dada la soledad universal de un acusado de genocidio—y haya tropezado, en suerte, y en los pasillos de Naciones Unidas, con un señor bien dispuesto —y encima Presidente— que quisiera estrechar las manos de su jefe.

Probabilidades, estas dos, poco serias.

Aquí, lo importante está en otro rumbo, y tiene forma de pregunta: ¿Por qué el presidente de las y los bolivianos se reúne con Benjamín Netanyahu? ¿Por qué?

Rodrigo Paz Pereira tiene que saber (¿o no?) que la Corte Penal Internacional (CPI), hace casi dos años, el jueves 21 de noviembre de 2024, emitió una orden de arresto contra el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Los jueces de la Corte Penal Internacional encontraron “motivos razonables” para creer que Benjamín Netanyahu es “responsable penalmente de los siguientes crímenes: el crimen de guerra de hacer morir de hambre como método de guerra; y los crímenes de lesa humanidad de asesinato, persecución y otros actos inhumanos”.

La Corte también halló razones suficientes para pensar que Netanyahu tiene responsabilidad penal por el crimen de guerra de dirigir intencionalmente un ataque contra la población civil.

“Atrocidades”.  Así se nombran, en la Organización de Naciones Unidas, los actos del primer ministro israelí, perpetrados “al menos” desde el 8 de octubre de 2023 hasta “al menos” el 20 de mayo de 2024.

“La presunta conducta de Netanyahu —apuntó la Corte— se refiere a las actividades de los órganos gubernamentales israelíes y las fuerzas armadas contra la población civil en Palestina, más específicamente contra los civiles en Gaza”.

“Por estas razones, y en lo que respecta a los crímenes de guerra, la Sala [de Cuestiones Preliminares de la Corte Penal Internacional] consideró apropiado emitir las órdenes de arresto de conformidad con el derecho de los conflictos armados internacionales. La Sala también concluyó que los presuntos crímenes contra la humanidad formaban parte de un ataque generalizado y sistemático contra la población civil de Gaza”.

Toda esta información se encuentra aquí.

¿Por qué el presidente de las y los bolivianos decidió reunirse con Netanyahu?

La prensa nacional, hasta donde este cronista puede y quiere conocer, no se pregunta ni pregunta este tipo de preguntas. Brújula Digital, sin embargo, publicó —el viernes 25 de septiembre– lo que podría entenderse como una respuesta de Paz Pereira a la pregunta.

Ese día, el Presidente escribió lo siguiente en las redes digitales: “Mantuvimos un encuentro regional con los mandatarios de Panamá, Paraguay e Israel en el que abordamos temas de tecnología de riego, gestión eficiente del agua, desarrollo agroindustrial y fortalecimiento productivo para el desarrollo y bienestar de nuestras naciones”. El texto venía acompañado de fotografías.

“Tecnología de riego, gestión eficiente del agua, desarrollo agroindustrial…”. Esto es lo que buscaba Rodrigo Paz Pereira en la cita con Netanyahu en Nueva York… esto es lo más próximo a una respuesta del Presidente boliviano a la pregunta que aquí se formula.

Es una respuesta frívola, ruin y ominosa.

Y es que, en medio de la sistemática demolición del derecho internacional y de los derechos humanos en el mundo que vivimos, en medio de una probable tercera guerra mundial y de un probable intercambio nuclear —con Netanyahu como protagonista principal— la respuesta de Paz Pereira no puede ser sino eso: una manera frívola, ruin y ominosa de ver el país y el mundo.

Sí, y éste apenas parece ser el punto de partida de mucho más. Ahí, en la 81a Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, escenario en el que el presidente boliviano se reunió con Netanyahu, el jefe de la manada, Donald Trump, ordenó a su rebaño abandonar la Corte Penal Internacional, la CPI.  ¿Será éste el próximo paso del presidente boliviano?

Ya se verá.

Entretanto, y para dar cumplimiento al título de esta nota, va la información (apenas un puñado) que ese título anuncia:

— Genocidio en Palestina, cifras (a septiembre de 2026): 77.263 asesinados (21.490 niños y niñas) / al menos 1.257 víctimas desde el alto el fuego.

— “Tres años de guerra han destruido casi todos los parques infantiles de Gaza. Para Hala, una niña huérfana, un club de natación en la playa ofrece una rara oportunidad de escapar de la cruda realidad de la guerra. El club fue fundado por Amjed Tantesh, quien en su día soñaba con entrenar nadadores para el equipo olímpico palestino. Ahora, en una piscina construida con escombros, ofrece clases gratuitas a niños afectados por la guerra. The Guardian sigue a Hala y a su hermano Amir en su primera clase, mientras superan su miedo al mar y encuentran un lugar donde pueden volver a ser simplemente niños”. 

The Guardian (miércoles 30 de septiembre, 2026)

— “Israel ha labrado su propia ruina, ha adoptado políticas genocidas, ha dado lugar a políticos que presumen de su sadismo, ha creado un ejército que no es el más noble y ni el más moral del mundo, sino el más innoble y sádico del planeta.  Y el sentimiento europeo de culpa por el Holocausto está recibiendo ahora como respuesta un holocausto israelí contra los palestinos, y esto nos plantea una pregunta: ¿Que querían decir los israelíes cuando decían nunca más? Creo que querían decir nunca más para los judíos, no nunca más para el resto de nosotros. Y no creo que esa sea una posición moral sostenible en un mundo de redes multimodales”. 

Chas Freeman, ex Secretario de Defensa de Estados Unidos (viernes 25 de septiembre, 2026)

— “El 13 de septiembre de 1993, Yasser Arafat e Yitzhak Rabin se estrecharon la mano ante el mundo en los jardines de la Casa Blanca.

Para los palestinos, aquella imagen encerraba una esperanza mucho mayor: que un proceso transitorio condujera al fin de la ocupación y al establecimiento de un Estado palestino.

Pasaron los cinco años que debían ser transitorios. Luego diez. Después veinte. Hoy han pasado treinta y tres años.

Quizá no necesitemos las miles de páginas escritas sobre Oslo para comprender hasta dónde hemos llegado. Basta con mirar el mapa.

Los asentamientos israelíes se han expandido. Los puestos de avanzada se han extendido por las colinas. Carreteras conectan muchos de ellos entre sí y con Israel. Tierras palestinas han sido confiscadas o se han vuelto cada vez más difíciles de alcanzar

(…)

En septiembre de 2025, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas concluyó que las autoridades y fuerzas de seguridad israelíes habían cometido y seguían cometiendo genocidio contra los palestinos de Gaza. En junio de 2026, publicó nuevas conclusiones sobre violaciones contra niños palestinos y determinó que el ataque deliberado contra niños había dado lugar a actos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. Israel rechazó esas conclusiones y niega estar cometiendo genocidio.

Pero Gaza no necesita únicamente lenguaje jurídico ni estadísticas para contar su historia. Hagamos a una familia una pregunta más sencilla: ¿Queda todavía una casa a la que regresar? Y en Cisjordania, hagamos otra: ¿Podrán los palestinos seguir permaneciendo en su propia tierra?”.

Mohammed Altaj, escritor, investigador y analista político palestino (martes 22 de septiembre, 2026)


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