Un feriado a la boliviana
Esta columna se publicará cuando se hayan cumplido cinco semanas de bloqueo. Parecía que Paz había enmudecido pero apareció con el rostro demacrado, cómo no, anunciando el envío del proyecto de ley para reglamentar el estado de excepción “humanitario” . Ya se ha aprobado en senadores y espera que los diputados hagan lo mismo. Parecemos suizos.
Simultáneamente, varios municipios y grupos de la sociedad civil han logrado desbloquear carreteras. Primero las topadoras, luego los militares y la gente cuidando a ambos grupos. Mientras tanto los irreductibles dicen: “no siempre” y el innombrable se pasea impune en el trópico. Eso es Bolivia.
El gobierno ha decidido ampliar el feriado de Corpus Christi para “fomentar el turismo”. Bajo el azul cielo azul, el sol quema y la sombra te congela. En esa espiral del clima paceño decidí ir a vacacionar al mercado. Son mas de diez personas muertas debido a la imposibilidad de llegar a los centros de salud y muchos más los incidentes derivados del bloqueo. Hay alerta sanitaria en varios departamentos.
Muchas mandarinas y kilos de plátanos verdes esperan a las compradoras, que como yo, los llevarán a casa hasta que maduren. Mientras hacía fila para comprar lentejas, una mujer conversaba con su hija: “no te preocupes mamita, yo no me quedaré quieta, mis jefes están pensando llevar la empresa a Santa Cruz. Nos vamos allá y estaremos bien”. Más allá la frutera se pintaba las uñas y conversaba con un joven que lucía un lindo tatuaje “andate joven, qué vas a hacer aquí” . Me quedé con ganas de decirles que en el vecindario, no serán bienvenidos porque la mayoría de los países están cerrando sus fronteras mientras abren sus bancos. Aquí no hay dólar.
Un día me embarga la tristeza y al día siguiente también pero logro gracias a mi entorno recuperar el optimismo y recordar que la democracia es en primer lugar aceptar las reglas del juego y que Rodrigo Paz ganó las elecciones y debe terminar su mandato. Han proliferado los creativos que quieren solucionar la crisis, pero ya no los escucho.
Mientras tanto estos días han ocurrido dos hechos que nos muestran una sociedad hecha pedazos gracias al despilfarro consumista y la política de abrazos del MAS con el crimen organizado. Un taxista apareció muerto en Viacha, la policía detuvo a tres muchachos quienes fueron sacados de las celdas policiales por pobladores luego, arrastrados hasta la plaza principal. Allí los golpearon, los dejaron semidesnudos mientras una multitud exigía quemarlos vivos. En medio de la tensión, obligaron al padre de uno de los menores a castigar a su hijo con chicotazos. Los jóvenes de entre 15 y 18 años fueron rescatados por la policía. Noticia en desarrollo le dicen; ¿ pagarán, o los liberarán como al dirigente Argollo de la COB que encabeza la sedición? Dos días antes en Pocoata tres hombres no tuvieron la misma suerte. Acusados del robo de un vehículo, los presuntos autores fueron sacados también de “dependencias policiales” se los llevaron y los quemaron. El único policía a cargo no llegó a tiempo debido a los bloqueos. Estos se cuentan por decenas en estos días. No los ajusticiamientos por mano propia. El proyecto LAPOP ha situado a Bolivia y Guatemala como los países con mayor incidencia de linchamientos en la región. Lo que es más dramático es que esta es una práctica aceptada por una parte significativa de la población. Es de todas conocido el hecho de que uno de los mayores desastres institucionales en Bolivia está en la justicia sometida al poder político y aquejada por la corrupción. La constitución reconoce el ejercicio de la jurisdicción indígena originaria campesina a través de normas y procedimientos propios. Esta justicia ha tenido un derrotero similar al de la justicia ordinaria. No funciona. Mientras la justicia ordinaria está muriendo, la indígena no llegó a nacer. La primera ha llenado los bolsillos de muchos operadores y la otra ha sido sustituida con frecuencia por actos delincuenciales que los propios medios de comunicación confunden. Como se ha visto en el caso de los bloqueos algunos dirigentes operan en dos carriles: cuando les sirve claman justicia y cuando quieren cierran los ojos. Casi siempre ignoran las reglas.


